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Maldito Bulo
07/11/2019

5 consejos para que tu cerebro no te la cuele

¿Sabías que tu cerebro a veces te engaña y hace más fácil que te la cuelen con la desinformación? Le hemos pedido a Cristina López Tarrida, que es experta en ingeniería social y psicohacking, que nos ayude a entender mejor cómo funciona nuestro cerebro y en qué nos debemos fijar para intentar aprender a protegernos.

¿Cómo nos la juega nuestro cerebro? Pues nos tenemos que fijar en los sesgos y las emociones. Por un lado, nuestro cerebro utiliza atajos mentales para simplificarnos la vida diaria, porque a veces tenemos que tomar decisiones muy rápido. Estos atajos, que se llaman heurísticos, responden a la necesidad evolutiva de realizar un filtrado selectivo de los estímulos que nos llegan para así liberarnos de la cantidad de procesos mentales que tendríamos que realizar si procesáramos toda la información sensorial que recibimos. El problema es que esos atajos nos puede llevar a juicios incorrectos o interpretaciones erróneas: esto son los sesgos cognitivos. Somos víctimas de muchos sesgos y algunos de ellos nos hacen caer en los bulos.

Por otro lado, somos seres emocionales. Aunque creamos que todo lo razonamos, en realidad tomamos decisiones en función de nuestras emociones y luego las justificamos racionalmente. A veces, esa decisión puede ser la de compartir una noticia falsa por el simple hecho de que nos ha ocasionado alguna emoción que ha secuestrado nuestra capacidad de racionalizar y reflexionar sobre ella.

Ser consciente de la existencia de estos sesgos y emociones que influyen en nuestros razonamientos puede ayudarnos, pero aviso a navegantes, es muy complicado corregir los propios sesgos. ¿Por qué? Pues porque uno de los principales sesgos es el de punto ciego: somos capaces de ver los sesgos de los demás pero nos cuesta mucho reconocer los propios. ¡La paja en el ojo ajeno! Dicho lo cual, vamos a por los consejos:

1. Tener en cuenta nuestro propio sesgo

Debemos tener mucho cuidado frente al sesgo de confirmación, que nos lleva a sobreestimar el valor de la información que encaja con nuestras propias ideas y creencias, desechando de forma inconsciente aquella que no lo hace. Es decir, estamos diseñados para ser inamovibles en nuestras creencias. Así es que, cuanto más coincida una información con lo que pensamos, más deberíamos cuestionarla. 
Si nos llega algo poco creíble pero que confirma lo que pensamos de ese tema en concreto tenemos que cuestionarlo mucho más.

2. Tenemos más tendencia a creernos los bulos que hemos visto muchas veces

Es el sesgo o efecto contraproducente de familiaridad que implica que cuanto mayor es la frecuencia con la que somos expuestos a una determinada información, con independencia de su veracidad, mayor es la probabilidad de que la aceptemos como cierta. Es decir, que si nos bombardean con diferentes noticias falsas sobre un mismo hecho (una información en un periódico, que luego vemos en RRSS y que, además, nos llega por Whatsapp) es muy probable que la demos por cierta como consecuencia de este efecto.

Una mentira repetida mil veces sigue siendo igual de mentira.

3. Que un bulo se lo crean y lo compartan tus amigos y familiares no lo convierte en verdad

Este es el sesgo de validación de interacción social, que nos lleva a hacer lo que pensamos que otros hacen. Si vemos que una información ha sido compartida muchas veces, nos veremos impulsados inconscientemente a compartirla también, porque de esta manera reforzamos nuestro sentido de pertenencia al grupo. En nuestra mano está poner freno a este comportamiento que busca, de forma inconsciente, fortalecer nuestra cohesión con el resto de individuos.

No necesitamos compartir desinformación para ser aceptados por el grupo.

4. Los malos usan las imágenes para colárnosla porque saben que a nuestro cerebro le encantan

Diversos experimentos han demostrado que el cerebro puede llegar a procesar una imagen hasta 60.000 veces más rápido que un texto. Se ha demostrado también que tenemos mayor capacidad para retener el contenido visual frente a cualquier otro: recordamos el 80% de lo que vemos, frente al 20% de lo que leemos o el 10% de lo que oímos. Con todo esto, no nos costará entender que los contenidos que son acompañados por imágenes consigan hasta un 84% más de visitas y se compartan hasta 40 veces más que los que no lo tienen. 

Quienes pretenden influirnos utilizan imágenes retocadas, falsas o fuera de contexto para acaparar nuestra atención y conseguir la propagación de la desinformación. Siempre debemos ser muy críticos con las imágenes.

5. Muy alerta con los contenidos que apelan a nuestros sentimientos

Hay una serie de emociones que nos cuesta mantener bajo control y, en consecuencia, nos convierten en potenciales víctimas de la desinformación:

  • Enfado
  • Miedo
  • Morbo
  • Curiosidad
  • Compasión
  • Urgencia

No olvidemos tener presente esto la próxima vez que nos enfrentemos a un titular o a una determinada pieza de información: si apela a alguna de estas emociones la pondremos en cuarentena. Es muy probable que alguien esté tratando de manipularnos y secuestrar nuestra capacidad de razonar en favor de su propio discurso.

Y tú, ¿te ves capaz de protegerte de tu propio cerebro?

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