El material de estas capas, explica el experto, busca retener el calor corporal dentro del traje y reflejar la temperatura fría del exterior: “La idea es que, para la cámara del dron, el soldado tenga la misma temperatura que la nieve y se vuelva invisible”. Para que sea eficaz, “la capa debe ser holgada y cubrir desde la cabeza hasta los tobillos, ocultando la forma de los hombros, la cabeza y las extremidades”, dice Estévez. De este modo, “al eliminar la forma humana reconocible, se busca confundir a los algoritmos de detección y al ojo del operador del dron”, añade. Esto hace, dice, que la forma se asemeje a la de un pingüino.

Estévez explica que es muy difícil ocultar por completo el calor durante mucho tiempo. “Si el soldado se mueve rápido, genera más calor que acaba escapando por los bordes; o si la capa no es de máxima calidad, el contraste térmico, aunque menor, sigue siendo visible para un dron moderno de alta resolución”, asegura.
En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Julián Estévez, profesor de ingeniería de la Universidad del País Vasco e investigador en inteligencia artificial,robótica y drones.
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*Este texto se actualizó el 30 de enero de 2026 para incluir las declaraciones del experto sobre la vestimenta.