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MALDITA TECNOLOGÍA

¿Cómo funciona la conexión a Internet por satélite?

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A raíz del anuncio de que Starlink comienza a operar en España, nos habéis preguntado sobre cómo funciona la conexión a Internet a través de satélite, que es la tecnología empleada por esta empresa de Elon Musk.

Lo primero es que esto no es nada nuevo. Con una búsqueda rápida con las palabras “internet por satélite”, la primera página de resultados está llena de empresas que ya ofrecen este servicio en nuestro país, principalmente enfocadas a las zonas rurales. Este es el principal uso de la conexión por satélite: llegar a aquellos lugares en los que es difícil de acceder a través del cableado de ADSL o fibra óptica

Como nos explica nuestro maldito Julián Seseña, experto en comunicaciones por satélite y presidente de Holistic Innovations, “cuando llegó la conectividad a Internet a mediados de los 90, se pusieron en marcha varios sistemas de satélites conocidos como no geoestacionarios, es decir, que circulan alrededor de la Tierra en órbitas de entre 1.000 y 2.000 km de altura, varias veces al día”. Estos satélites luego se conectan a estaciones terrestres, que pueden ubicarse en cualquier punto del territorio, como una casa o un negocio. 

La conexión mediante satélite comenzó en los 90, sin mucho éxito

A pesar de esto, Seseña apunta que “estas primeras constelaciones de satélites, que fueron Teledesic (impulsada, entre otros, por Motorola o Bill Gates) y Skybridge (promovida por Thales Alenia, una corporación francesa), quebraron a los pocos años porque la demanda de banda ancha no era muy amplia ni masiva”. 

Pero desde entonces, la cosa ha cambiado: Internet ya es una parte importante de nuestras vidas y ha cobrado mayor importancia a raíz de la pandemia, con el teletrabajo y la educación a distancia. Aún así, según el Plan para la Conectividad y las Infraestructuras Digitales de la sociedad, la economía y los territorios, del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, en 2020 el 83,6% de la población tenía acceso a banda ancha y la previsión era que en 2021 se alcanzase el 91,25%. Por el momento, no tenemos datos definitivos sobre ese período que avalen la predicción. 

El problema que impide que este porcentaje sea mayor es la orografía española, como refleja este reportaje de RTVE, en el que se refleja que las zonas más rurales de difícil acceso o con montañas cerca son las más perjudicadas en el acceso a Internet. Según datos del Instituto Geográfico Nacional, son más de 440 mil hogares los que ahora mismo se sitúan en las zonas “blancas” y “grises”. ¿Qué son estas áreas? Las blancas son zonas en las que no existe cobertura ni se espera que la tengan en tres años, mientras que las grises representan áreas en las que hay previsión de tener cobertura en tres años o en las que sí que hay conexión pero por parte de un sólo operador.

Permite llegar a lugares en los que por la orografía es muy difícil cablear

Para paliar esta dificultad, el propio plan del Gobierno contempla la “extensión de cobertura de banda ancha por medios inalámbricos como 4G o el satélite”, para alcanzar el “100% de cobertura a 30Mb/s en el territorio nacional”. En otros países de Latinoamérica, por ejemplo, también se ha explorado esta vía para cubrir las zonas de más difícil acceso, como reflejan estas dos investigaciones mexicanas.

Pero, ¿cómo logran llevar la conexión a Internet a estos lugares a través de satélites? Nuestro maldito Julián Seseña recuerda que “los sistemas de satélites se han utilizado desde sus inicios para comunicar dos o más puntos de la Tierra”: “Los primeros sistemas permitieron las comunicaciones interoceánicas mediante grandes estaciones de parabólicas, y posteriormente se explotó y mejoró su uso con la difusión de las señales de televisión”. 

Cada usuario (u hogar) tiene su propia antena para conectarse, lo que reduce costes

En el caso de Internet, la filosofía es la misma, pero en vez de señales de televisión o comunicaciones, se usa la conexión por banda ancha. Para hacerlo, explica el experto que se necesitan “pequeñas estaciones terrenas por cada usuario, en este caso una antena parabólica, que se conecta directamente al satélite (que a su vez está conectado a otra estación en la Tierra que es la que le suministra la señal) y permiten que desde cualquier punto remoto donde se instale, se pueda disponer de conectividad al mismo precio, nos encontremos donde nos encontremos”. 

De esta manera, no se necesita cablear kilómetros y construir estaciones que repartan estas conexiones, uno de los grandes impedimentos de la fibra óptica o el ADSL, sino que con la antena que tenga cada hogar o usuario es suficiente. 

Eso sí, nuestro maldito advierte de que “una de las desventajas de este sistema es que se requieren numerosos satélites girando alrededor de la Tierra constantemente para que ningún punto se quede sin cobertura”. Por ejemplo, el sistema de Starlink tiene activos 1826 satélites a fecha de 17 de enero de 2022, según el portal especializado CelesTrak, mientras que OneWeb, el segundo sistema proveedor de Internet por satélite con más aparatos en órbita, tiene 393.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Julián Seseña, experto en comunicaciones satelitales.

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