Maldita Tecnología
09/03/2020

Mi robot de cocina me pide que acepte una Política de Privacidad y mi tele una de cookies

Las televisiones de tubo, esas que tiene culo y necesitan muchísimo espacio, están por extinguirse. Si todavía tienes una, a la hora de cambiarla es más que probable que en la tienda quieran convencerte para que te compres una novísima Smart TV porque se puede controlar por la voz, recuerda tus programas favoritos, te hace recomendaciones personalizadas, puedes jugar en ella online, instalar apps… Suena todo genial, hasta que llegas a casa y al configurarla te pide aceptar una extensísima política de privacidad y otra de cookies. ¿Y esto?

Sencillamente es porque está conectada a Internet e igual que aceptamos ciertos requisitos cuando navegamos por una página web, una televisión inteligente también está obligada a avisarte de que lo que veas (y a veces lo que que digas cerca de ella) se puede grabar y almacenar.

Una Smart TV pide aceptar la Política de Cookies y Privacidad.

Y no sólo la tele: lavadoras, impresoras, webcams, frigoríficos, equipos de música, coches… Se conectan a la red y entre sí, por lo que adquieren nuevos usos que no habíamos experimentado antes y que, por tanto, no sabemos controlar al principio. La idea del hogar inteligente se vende con promesas de comodidad, eficiencia y experiencias nuevas y son numerosas estimaciones las que sitúan entre 20.000 y 50.000 millones los dispositivos conectados a una red de aquí al año 2025.

Las mil y una páginas de condiciones para usar mi robot de cocina

Resulta que el robot de cocina no es solo robot porque pica y guisa sin ayuda o porque guarda las recetas que yo quiera, sino porque se conecta a la misma red que se conecta el ordenador y transfiere datos. Un maldito nos ha mostrado lo que le pide que acepte su Monsieur Cuisine antes de empezar a usarla:

Política de protección de datos de la Monsieur Cuisine Connect.

Muchos de esos requisitos son necesarios para que el sistema del robot funcione y que los fabricantes obtengan información para mejorar el dispositivo o arreglarlo en caso de que sufra un fallo generalizado. Ahora bien, hay otras para las que no. Como en el caso de la tele (que guarda cuánto tiempo la tenemos encendida, si cambiamos de canal cuando hay anuncios, si tenemos Netflix, etc.), la Monsieur quiere saber cuánto tiempo la utilizamos, en qué función, qué ingredientes ponemos, a qué hora la enchufamos… Información que luego puede anonimizarse y venderse a terceros, como reflejan algunos estudios.

"Hay que ser conscientes pero que la privacidad viene a un coste, las otras potencias mundiales están avanzando en inteligencia artificial mucho más cuando son capaces de acceder a datos masivos de usuarios, eso inevitablemente redundará en ventajas estratégicas de todo tipo", explica a Maldita Tecnología Sergi Udina, que es un maldito que nos ha prestado sus superpoderes y es doctor en microelectrónica y profesor de Machine Learning en la Universidad de Barcelona.

Mi aspiradora inteligente puede hacerse con un plano de mi casa y eso debe importarme

Todo lo que recoge en casa un aparato inteligente se guarda en la nube (que definimos aquí). Pero no se queda ahí para los restos sin que nadie la use. Las aspiradoras inteligentes, por ejemplo, saben moverse por una casa porque tienen sensores que van registrando cómo esquivar el sofá o la mesa del comedor. Para ello, guarda un plano en su sistema de lo que va recolectando.

Imagina que ese plano se vendiese a otra empresa. Quizás no vaya acompañado de tu nombre, edad y tu dirección exacta (porque los datos se suelen anonimizar cuando se ceden a terceros), pero a una empresa de muebles sí que le puede interesar que en un barrio concreto las casas son de determinada manera y que el rango de edad de la gente que vive allí es de 24 a 30 años. Así pueden dirigir su publicidad de forma segmentada y masiva y decidir si abre una tienda en la zona, qué tamaño de sofás debería vender en ella y qué precios decide poner. Las empresas toman esta clase decisiones en base a datos agrupados que nosotros, los ciudadanos, a veces damos sin saberlo.

"Puede parecer difícil imaginar por qué información básica como qué comemos o cuándo encendemos las luces es tan valiosa, pero es el tipo de información que cuenta cuándo estás en casa y quién eres", dicen los autores de un estudio sobre el hogar inteligente de la Fundación Mozilla.

El hackeo en marcha: ¿se puede pasar a controlar una webcam?

“La gente tiene que ser consciente de que cualquier dispositivo doméstico conectado la red es susceptible de tener un problema de seguridad y de suponer un riesgo para la privacidad”, asegura Marta Beltrán, investigadora y directora del Grado de Ciberseguridad de la Universidad Rey Juan Carlos.

Beltrán defiende que la seguridad de los aparatos inteligentes que utilizamos en casa flaquea porque no suelen estar tan bien protegidos como otros dispositivos. “Cuando se descubre una vulnerabilidad en un sistema operativo de un móvil o un ordenador, se pone un parche. Si se descubre en una nevera, se queda sin parchear”, porque los diseñadores no son empresas tecnológicas acostumbradas a lidiar con esas inseguridades, sino fabricantes de electrodomésticos.

Nos explica un método por el cual se puede controlar la red a la que están controlados muchos dispositivos llamado “denegación de servicio”: consiste en controlar una red enorme de miles de dispositivos que ya están infectados con un malware. En un momento determinado, la persona que los controla los fuerza a comunicarse todos a la vez con la red que quieren hackear. Esa red recibe miles de millones de mensajes a la vez, no es capaz de gestionarlos y se cae. En ese momento es más vulnerable.

¿Qué ha pasado en los últimos años? Que las redes de aparatos infectados se hacen cada vez más grandes porque los dispositivos domésticos son más “tontos” que un ordenador o un móvil más sofisticado y son un blanco fácil, nos cuenta la académica.

Oficina de Seguridad del Internauta.

Los casos que hemos mencionado son reales y una brecha nos podría tocar a nosotros si empezaramos a estirar las capacidades de la domótica: una red WiFi personal comprometida a través de una simple bombilla, espionaje a integrantes de la casa por una webcam o asistentes de voz hackeados con un láser.

Al hogar inteligente le queda todavía tiempo para instalarse ampliamente en España

En España, un informe sobre el Internet of Things (IoT) conducido por Telefónica expone que “los consumidores de IoT residencial comienzan buscando ‘control de gastos’ y optimización del consumo energético”. En ese marco, los dispositivos más usados son las Smart TV, seguidos de los usados para controlar la electricidad. “Aunque el interés a medio plazo es creciente y constante, es prematuro todavía poder hablar de hogar conectado de un modo genérico”, continúa el estudio.

En otro informe de 2017 la Fundación Cotec dice que pese a que España se considera un país “líder” en la propuesta de iniciativas que tienen que ver con el IoT, en capacidades para aplicarla es un “seguidor”. Es decir, que no ha avanzado demasiado en su aplicación.

"Sobre todo es en Japón donde desde siempre han apostado fuerte por estas tecnologías, pero en general la Asia más desarrollada y con especial potencia China, ya que la (práctica ausencia de) ley de protección de datos permite que la apuesta estratégica por el IoT avance enormemente sus capacidades de desarrollo", asegura Udina.

Por el momento, no hay organismos públicos como el Instituto Nacional de Estadística que estén recopilando información sobre el uso de dispositivos inteligentes en los hogares españoles, más allá de la conectividad a Internet o los aparatos electrónicos que se usen en ellos.

Con estas expectativas, lo que nos queda es por decir que hay que ser prudentes con la manera en la que introducimos dispositivos conectados en casa. Cierto es que pueden traer comodidad a algunas tareas domésticas, pero es importante ser conscientes de lo que conlleva. Nos podemos ahorrar pequeños disgustos con gestos como cambiar la contraseña de acceso al dispositivo cuando lo compramos. Y, sobre todo, leyendo los términos y condiciones de lo que estamos poniendo a funcionar.


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