Desde pequeñitos nos han dicho que tenemos que leer, que es bueno para nuestro cerebro, que entrena nuestra memoria y que, en definitiva, es un hábito saludable. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto? Nos habéis preguntado si hay evidencias que avalen este consejo de madre y padre (o quien sea) y si, en efecto, la lectura está relacionada con un mejor funcionamiento cerebral en niños, adultos y mayores.

"Es una pregunta muy general que nos hacemos todos. De pequeños tiene sentido: tienes que ir cogiendo práctica, soltándote y ser capaz de hablar en público, por ejemplo, y la lectura te sirve para ello", comenta a Maldita Ciencia Sandra Jurado, neurocientífica.

Pero, ¿y en los adultos? Según Jurado, cualquier tipo de actividad intelectual en la que pongamos el cerebro a trabajar con pausa y atención tendrá una repercusión positiva en nuestro sistema de memoria o de plasticidad sináptica. Sin embargo, la experta incide en que llevar a cabo experimentos que lo comprueben y demuestren es complicado.

En 2017, un equipo alemán de investigadores tuvo la oportunidad de comprobar en una población de la India, cuyos habitantes no sabían leer ni escribir, cómo su cerebro cambiaba por y durante el proceso de aprendizaje de lectura y escritura. Para ello, les enseñaron a realizar ambas cosas y compararon sus conexiones cerebrales a través de imágenes por resonancia magnética previa y posteriormente al proceso.

"Es bastante curioso ver cómo en algunas de las regiones, sobre todo de la corteza cerebral, aumenta la conectividad con otras zonas de la corteza visual. Algo que en un principio es, lo menos, sorprendente", explica Jurado. "Pero esa coordinación visual y motora era real en aquellos que habían aprendido a leer y escribir", añade.

Según Jurado, el cerebro de los niños cambia continuamente ya que tienen que aprenderlo todo y luego mejorarlo. "Pero, gracias a este estudio, también se ha demostrado que el cerebro de personas de 30 o 40 años cambia al aprender a leer, lo que les permitía aprender y progresar más rápidamente".

Es cierto que, en la sociedad occidental, este tipo de experimentos son imposibles de llevar a cabo y es mucho más complicado determinar cómo afecta la lectura al cerebro de una persona. "Habría que medir la situación cerebral antes y después de leer y, aun así, serían cambios muy pequeños y difíciles de detectar", incide la neurocientífica.

Jurado explica que hay indicios y evidencias bastante sugerentes de que la lectura como hábito sí podría cambiar la estructura, la conectividad o la funcionalidad del cerebro. "Este estudio es un ejemplo de plasticidad también en gente adulta, en una población que es capaz de aprender".

Según Jurado, para los que ya sabemos leer, la lectura supone ese mantenimiento de actividad cerebral. "Es algo que, en el fondo, siempre decimos sobre el cerebro: úsalo o piérdelo".