La idea de que las ondas de nuestros teléfonos móviles, el wifi o los cables de alta tensión tienen un efecto negativo en nuestra salud (principalmente, que producen cáncer) lleva décadas conviviendo con nosotros. Vuelve periódicamente como el turrón, la última vez en forma de un artículo de opinión en Público que aseguraba que igual que hicieron las tabacaleras antes, los fabricantes de teléfonos presionan ahora para ocultar los perjuicios que causas sus productos a los usuarios.

Miedo a un objeto cotidiano sumado a tufillo conspiranoico… y ya tenemos el bulo perfecto. Bulo, sí, porque no es verdad: no hay ni una sola evidencia científica que permita asegurar que las ondas de los móviles o el wifi causen cáncer.

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Ondas que solo calientan (y poco)

Es que además la base física de esta tecnología es incompatible con esos supuestos efectos. Las ondas que utilizan los móviles (y también el wifi) son lo que se llama radiación electromagnética no ionizante y, al contrario que la ionizante, como los rayos X o los ultravioletas, no tienen efecto sobre la materia que la absorbe, más allá de calentarla. Así es como funcionan, de hecho, los microondas. En el caso del móvil la radiación es mucho más débil, así que más allá de calentarnos ligeramente las manos o la oreja, no se ha podido probar ningún otro efecto sobre las moléculas que componen nuestros tejidos.

Y eso que se ha buscado. Existen muchos estudios que han tratado de revelar si efectivamente existe a largo plazo una relación causal entre el uso del teléfono móvil y el cáncer, y los resultados siempre apuntan en la misma dirección. Teniendo en cuenta que el riesgo cero no existe (ni para el móvil, ni para conducir, ni para caminar por la calle, ni para beber agua, ni para nada), no existen evidencias de que tengamos motivos para alarmarnos por esto. Algunos estudios que han llegado a esa conclusión:

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– El estudio Interphone, realizado por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, perteneciente a la OMS. 50 científicos entrevistaron a 5.000 personas en 13 países sobre su uso del móvil y la incidencia de cuatro tipos de cáncer especialmente sensibles por su ubicación: dos cerebrales, uno de la glándula parótida y otro del nervio acústico. Los resultados desvelaron que no existía un aumento estadísticamente relevante de casos de cáncer relacionados con el uso del móvil.

– En 2011 se publicaba en el British Medical Journal un estudio realizado por el Instituto de Epidemiología del Cáncer de Copenhague en el que se analizaba si existía un aumento del riesgo de cáncer con el uso del móvil durante periodos de tiempo prolongados. Para sacar conclusiones, analizaron los datos nacionales de incidencia de cáncer durante 30 años, separando a los daneses entre los que tenían móvil antes de 1995 y los que no (gracias a los datos de titulares de líneas móviles de las operadoras del país). Los resultados a largo plazo mostraron que no había un aumento significativo de los ratios de cáncer entre los usuarios de móviles en comparación con los no usuarios o los usuarios más recientes.

– El Million Women Study es un estudio llevado a cabo en Reino Unido analizando a más de un millón de mujeres de 50 años o más para responder a cuestiones sobre su salud para las que no había respuestas. Una de ellas es el riesgo que padecen de sufrir cáncer a partir del uso continuado del móvil. De nuevo los resultados mostraron que no había una relación estadística entre ambos factores. Sí que se sugirió una mayor incidencia de neuroma acústico (tumor benigno poco común en el nervio acústico) entre las usuarias que habían utilizado un móvil durante más de 5 años, pero los investigadores tomaron esta conclusión con cautela porque el tumor es tan poco común que podía tratarse de una mera casualidad, y que las mujeres que más utilizan el móvil también se hagan revisiones más a menudo y por tanto se les diagnostique este tumor más a menudo.

Estos son solo tres ejemplos, pero hay más: el Imperial College de Londres lleva años investigando los efectos a largo plazo que tienen los móviles sobre la salud (no solo el cáncer, también enfermedades cardíacas y otras dolencias) en un gran estudio llamado COSMOS: la UE ha llevado a cabo un estudio internacional, llamado MOBI-KIDS, para analizar los efectos del uso prolongado de teléfonos móviles en niños y adolescentes; el National Cancer Institute estadounidense también ha llevado a cabo su estudio para analizar esta cuestión utilizando datos de entre 1987 y 2008 para analizar si la expansión de los móviles se corresponde con una mayor incidencia de cáncer.

Todos esos estudios han llegado a la misma conclusión: basándose en los datos estadísticos no se observa una relación entre el uso del móvil, su uso prematuro, su uso durante más o menos horas o su forma de uso y una mayor incidencia de casos de cáncer. Algunos estudios se apresuran a añadir que hacen falta más observaciones y que si efectivamente el uso del móvil aumenta el riesgo de padecer cáncer, ese aumento es tan pequeño que hay otros factores (respirar aire contaminado, una alimentación poco saludable, el consumo de alcohol o tabaco) mucho más perjudiciales que le pasan por encima.

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Así que ya lo sabes. La próxima vez que oigas o leas a alguien insinuando que el móvil (o el wifi) nos enferma y los poderosos quieren ocultarlo, piensa que hay miles de científicos en todo el mundo preguntándose “A ver, ¿dónde está la relación entre móviles y cáncer? ¿Dónde está, que yo la vea?“.  

Si quieres saber más sobre todo lo que tiene que ver con radiaciones y salud, échale un vistazo a Radiandando, el blog de Alberto Nájera. Nájera es físico, doctor en Neurociencia y profesor de Radiología y Medicina Física, y explica de forma clara y sencilla todo lo que tiene que ver con las antenas, el wifi, los móviles… y cómo afectan (o no) a nuestra salud.

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