Nos habéis preguntado por este post de Facebook que expone los supuestos efectos y propiedades negativos de la parafina, uno de los componentes más habituales en los productos cosméticos de nuestro supermercado habitual.

Lo primero es aclarar que en cosmética se utiliza parafina líquida (paraffinum liquidum) y no parafina a secas, y es de esa sustancia de la que vamos a hablar en este artículo. Es un compuesto muy común y se puede encontrar en el etiquetado de geles, colonias y aceites corporales infantiles.

A pesar de las preocupaciones que despierta, es importante tener claro* que la parafina líquida es segura en cualquier cantidad. La legislación impone un límite al porcentaje de impurezas que puede poseer (menor de un 0,005% o del 3% del total, dependiendo de la sustancia) ya que esas posibles impurezas sí pueden suponer un riesgo para la salud.

¿De dónde procede el miedo a un compuesto tan utilizado en la composición de estos artículos? Parte de la preocupación surge de su procedencia: la parafina es un aceite mineral que se extrae del petróleo. Pero hay que tener claro que eso no determina su seguridad ni toxicidad.

“Químicamente da igual cuál sea el origen del compuesto, eso no va a hacerlo mejor ni peor”, explica a Maldita Ciencia Deborah García Bello, química y divulgadora científica.

La parafina es uno de los emolientes más económicos que existen. Estas sustancias reblandecen, suavizan o restauran el contenido graso de la capa más superficial de nuestra piel. Según García Bello, permite formular buenos productos a unos precios muy asequibles y que “no han dado problemas en más de 100 años”.

Ni deshidrata ni causa irritaciones

La parafina que se utiliza en cosmética funciona principalmente por oclusividad, es decir, permanece como una capa transparente en la parte superior de la piel y dificulta la pérdida de agua. Esta es la función principal de las cremas hidratantes: no aportan agua, sino que evitan que se pierda, algo que suele entenderse al revés. Así que no, los cosméticos con parafina no deshidratan.

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Además, es inerte y no atraviesa si quiera la epidermis, la primera capa de la piel. Por eso no hay evidencias de que sea capaz de causar ni alergias, ni irritaciones, ni mucho menos otros problemas como mareos, dolores de cabeza, tos, manchas oscuras o pérdida de concentración, como alerta el post de Facebook.

Estrictas pruebas de seguridad antes de llegar al mercado

Son muchas las pruebas de evaluación de seguridad y calidad que un producto de estas características debe superar para poder comercializarse en las estanterías de nuestro supermercado.

Su regulación se encuentra recogida en el Reglamento 1223/2009 del Parlamento y del Consejo del 30 de noviembre de 2009 sobre los productos cosméticos, que entró en vigor el 11 de julio de 2013.

El documento recopila las sustancias permitidas y prohibidas a nivel europeo en la composición de los artículos más comunes en nuestro cuarto de baño: cremas faciales, champús, geles, desodorantes, perfumes, maquillaje y productos para desmaquillar, etc. Cuánta cantidad usar, en qué concentración, con qué no se pueden mezclar y qué cosméticos pueden contenerlo son algunos de los datos que incluye.

Cumplir de este reglamento es obligatorio y no se puede vender un producto que no lo haga, ya sea por contener una sustancia no aprobada o por un mal etiquetado.

La parafina está entre los ingredientes que sí se pueden usar”, explica García Bello. “Incluso aparece en el reglamento con especificaciones sobre su pureza, por lo que tiene que cumplir estos parámetros para pasar estos controles”, concluye.

La parafina se encuentra dentro de los estándares legales siempre y cuando respete la cantidad máxima de impurezas* permitida por el Reglamento 1223/2009, que deben suponer menos de un 0,005% del total en el caso del benzo(a)pireno y menos del 3% en el caso del dimetilsulfóxido, que son las dos impurezas que pueden aparecer en la parafina.

La conclusión es clara: no vamos a encontrar cosméticos inseguros si están etiquetados correctamente, ya que esto nos asegura que han superado los controles de calidad. Si no fuese así, no habrían llegado a la tienda.

¿Mano de santo? Tampoco

Ahora bien, que los cosméticos sean seguros y cumplan la normativa no quiere decir necesariamente que el resultado de su composición haga del producto el más eficiente del mercado. Tampoco que sea beneficioso o inocuo para consumidores con necesidades especiales, como por ejemplo algún tipo de alergia o intolerancia.

*Actualización: Hemos modificado este artículo para corregir algunos errores. En la primera versión decíamos que la parafina puede utilizarse en un cosmético siempre que supusiese menos del 0,005% del total del producto, nivel por debajo del cual se considera seguro. En realidad, no hay un límite en la cantidad de parafina que puede contener un producto porque son seguros en cualquier cantidad. El límite del 0,005% se refiere a la cantidad de impurezas que puede contener el producto.