Nos habéis preguntado varias veces si es cierto que cuando hace aire los rayos del sol queman más la piel que cuando no corre brisa ni viento. Aunque las quemaduras por el viento son algo de lo que se habla a menudo (en inglés existe el término windburn para denominarlas) parece haber consenso científico en que, de hecho, el viento no quema ni intensifica la radiación solar como tal, pero sí que hay una explicación a por qué podemos tener esta sensación.

El motivo es que si corre algo de viento, y más si este es fresco y húmedo, como el que corre junto al mar, la sensación de calor que la radiación solar causa sobre nuestra piel se atenúa y eso hace que tardemos más en notar que nos estamos quemando. Ocurre lo mismo cuando nos metemos en el agua.

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El resultado pueden ser quemaduras más graves antes de que nos demos cuenta de que es hora de volver aplicar el protector solar adecuado o de que directamente es hora de buscar una sombra para terminar de pasar el día.