Nos lo habéis preguntado y la respuesta no es simplemente "sí" o "no". Vamos a ello.

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos explica que los tintes para el pelo que se comercializaban en los años 70 cuando teñirse comenzó a ser algo generalizado contenían algunas sustancias químicas, como las llamadas aminas aromáticas, que se clasificaron como cancerígenas para animales y como posibles cancerígenos para los humanos, especialmente en casos de cáncer de vejiga y linfoma entre otros. Desde mediados hasta finales de los años 70, los fabricantes de esos tintes fueron sustituyendo esos componentes por otros y no hay evidencias para asegurar que estos nuevos ingredientes también aumenten el riesgo de cáncer.

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Las investigaciones al respecto siguen desarrollándose y de momento los resultados son contradictorios: algunos han encontrado una relación entre el uso personal de tintes para el pelo y el riesgo de leucemia, linfoma, cáncer de mama, de vejiga y otros cánceres, y otros no. Por eso la IARC, la agencia internacional de investigación sobre el cáncer, ha concluido que no se puede clasificar ese uso personal en cuanto a su acción cancerígena para el ser humano.

Lo que sí considera la IARC como un probable cancerígeno es el trabajo en una peluquería o barbería, por la constante exposición a tintes y otros productos similares.