Es bastante común una cierta idea conspiranoica de que las grandes empresas farmacéuticas conocen desde hace tiempo la "cura del cáncer" (luego explicaremos las comillas) pero la mantienen oculta porque les resulta más rentable que esta enfermedad no se pueda curar. No vamos aquí a entrar en las intenciones o en la ética de esas empresas, pero sí vamos a intentar explicar por qué esta teoría no tiene ningún sentido ni pruebas que lo avalen.

El cáncer no es una enfermedad, sino muchas

Hablamos del cáncer, en singular (y de hecho así seguiremos haciéndolo en este artículo para facilitar su lectura), pero de hecho no es una sola enfermedad con una causa, un desarrollo y un tratamiento. Llamamos "cáncer" a lo que en realidad son más de 100 enfermedades diferentes caracterizadas por el crecimiento anormal de determinadas células de nuestro cuerpo que puede desencadenarse por distintos motivos, desde un exceso de radiación solar (una de las causas del cáncer de piel) hasta la acción de un virus (como ocurre con el cáncer de cuello de útero por acción del virus del papiloma humano o VPH).

Por lo tanto, es imposible hablar de "la cura del cáncer" (de ahí las comillas) o incluso de "la cura de muchos cánceres" porque cada tipo de cáncer necesitará su propia cura.

El cáncer no va a desaparecer próximamente

A menudo se utiliza como complemento a estos argumentos la idea de que ahora hay más casos de cáncer de los que ha habido nunca en la historia, insinuando que las mismas fuerzas ocultas que esconden la cura provocan o favorecen esta enfermedad, para así lucrarse de alguna forma.

Es verdad que el riesgo de padecer algún tipo de cáncer a lo largo de nuestra vida es muy alto: según datos la American Cancer Association, una de cada tres personas padecerá un cáncer en su vida (el 39,66 de los hombres y el 37, 65 de las mujeres), pero el motivo no es ningún misterio, sino que cada vez vivimos más tiempo y las probabilidades de desarrollar un cáncer aumentan a medida que envejecemos. Es decir, que si antes había menos casos de cáncer era porque la mayoría de la población moría antes, y cuanto más vivamos, potencialmente más casos de cáncer habrá.

Hay que tener en cuenta además que el cáncer, a diferencia de las infecciones, no está causado por un patógeno que se pueda matar y así hacer desaparecer la enfermedad. Curar a un paciente no quiere decir que no vaya a haber otros. Existen algunas vacunas preventivas, como la del VPH, y algunas medidas de protección, como echarse protector solar o dejar de fumar, que reducen el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer, pero eso no va a hacer desaparecer el cáncer en sí.

Así que teniendo en cuenta el argumento meramente económico, no parece lógico pensar que si alguien ha descubierto una cura del cáncer vaya a preferir mantenerla en secreto cuando los potenciales pacientes están asegurados.

Cientos de grupos de investigación compiten por el prestigio

Existen en todo el mundo miles de grupos científicos que investigan para avanzar en la lucha contra el cáncer. Unos investigan qué desencadena la enfermedad, otros cómo avanza para así poder impedirlo, otros cuáles son los mejores tratamientos, entendidos como los más eficaces o los que menos efectos secundarios tienen para el paciente, otros cómo evitar que se replique en otros órganos...

El caso es que estos grupos compiten entre sí y por tanto es muy, muy poco probable que si uno de ellos logra un avance significativo lo vaya a mantener en secreto cuando otro grupo podría adelantarse en poco tiempo. Además, gran parte de esa investigación es pública (una vez patentada), ya que debe validarse a través de la revisión por pares en revistas científicas, así que solo mantener ese secreto, aunque se intentase, sería tremendamente complicado.

Por último, el prestigio y reconocimiento al equipo que lograse esta cura sería inmediato y mundial. El premio Nobel estaría asegurado.

El papel de las patentes

Algunos de los defensores de este bulo conspiranoico aseguran que las empresas se aprovechan del sistema de patentes para blindar sus avances y mantenerlos ocultos. Aunque la propia comunidad científica ha criticado el sistema de patentes por sus implicaciones éticas en la libre circulación del conocimiento, hay algunos aspectos de su funcionamiento que de hecho hacen dudosa esta teoría.

Para empezar, como decíamos antes, la lucha contra el cáncer está compuesta de cientos de aspectos, avances y detalles diferentes. Una patente solo podría proteger los derechos sobre uno de esos avances. Mantenerlo después oculto en el ambiente de competitividad que antes describíamos no parece ser una ventaja.

Además, como explicaba el neurocientífico Pablo Berrecheguren (en un interesante hilo en el que habla de este tema), las patentes solo están vigentes durante un tiempo y después caducan.

Es durante el tiempo en que dura esa patente cuando la empresa que la posee puede explotar el producto o técnica patentados sin competencia por parte de otras empresas. Es verdad que algunas patentes nunca llegan a explotarse, pero si juntamos el ambiente competitivo con los potenciales beneficios económicos y el prestigio científico resultante de hallar un arma contra el cáncer, parece ilógico pensar que ese fuese a ser el caso.

El argumento humano

Hablamos de las farmacéuticas como empresas sin cara, pero los que consiguen los avances son equipos compuestos por personas. En un asunto como el cáncer en el que hay cientos de equipos, estamos hablando de miles de personas.

Si realmente existiese en algún lugar una cura del cáncer y se estuviese manteniendo en secreto, en esa conspiración habría implicada muchísima gente, y estar tan comprometida con ello que nunca se habría filtrado nada a los medios de comunicación, ni a organismos públicos, ni a autoridades sanitarias, lo cual parece altamente improbable por no decir casi imposible.

Teniendo todo esto en cuenta y sumando todos los argumentos, cada vez queda menos base lógica para pensar que de verdad exista una conspiración mundial para ocultar la cura del cáncer.