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No hay ninguna evidencia sobre la eficacia y utilidad de las dietas del grupo sanguíneo

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La dieta del grupo sanguíneo propone, como su nombre indica, que dependiendo del grupo sanguíneo de una persona (A, B, AB  y 0), el metabolismo de su cuerpo será diferente y, por tanto, tendrá que seguir unas u otras pautas de cara a una alimentación saludable. Sin embargo, no hay evidencia alguna de que el grupo sanguíneo se relacione con el metabolismo ni de que comer diferente en función de este suponga algún efecto sobre la salud, tampoco mayor facilidad para perder peso. De hecho, el simple gesto de cambiar el patrón de alimentación con el único objetivo de perder peso (salvo diagnóstico y tratamiento médico) es peligroso y aumenta el riesgo de crear una mala relación con la comida e incluso de trastornos de la conducta alimentaria. 
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1/16/26
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«Para perder peso y mejorar el estado de salud, hay que tener en cuenta el grupo sanguíneo, porque afecta al metabolismo y a lo que necesitamos comer»

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Esta dieta sostiene que, en teoría, cada uno de los grupos sanguíneos habría surgido en épocas diferentes, en las que los patrones de alimentación eran distintos. Supuestamente, los 0 descenderían de los cazadores y recolectores (hace 30.000 años); los A, de los agricultores sociales (hace 20.000 años); los B, de los nómadas ganaderos (10.000 años) y los AB serían una mezcla de los A y los B (hace 1.000 años).

A los cazadores, sostienen los adeptos a esta dieta, les correspondería seguir una alimentación basada en carnes y algunas frutas, con alto contenido en proteínas; a los agricultores, en alimentos vegetales y cereales; y a los ganaderos, una basada en lácteos, pescados y caza. Para los AB, lo ideal sería un patrón alimentario que mezclase los dos últimos: preferencia por los alimentos vegetales y dependencia de los lácteos para conseguir las proteínas necesarias.

Sin embargo, no hay ninguna evidencia sobre todo esto: ni sobre el hecho de que los grupos sanguíneos surgiesen en esos momentos, ni que estos tengan relación con el metabolismo, ni que comer diferente según el grupo sanguíneo tenga algún efecto sobre la salud (de hecho, un estudio publicado en la revista PLOS One sugiere más bien lo contrario, que no parece haber tal efecto).

Esta dieta puede dar resultado al principio porque, como todas, comienzan por limitar los alimentos menos saludables (bollería, dulces, fritos, aperitivos de patatas fritas y similares, bebidas azucaradas) y porque al eliminar grupos de alimentos hay que ser más selectivo con lo que se come, pero eso no tiene nada que ver con su supuesta base teórica. 

Aun así, el planteamiento sigue siendo erróneo: hacer “dietas” para perder peso y modelar el cuerpo aumenta el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria. Frente a cualquier dieta, lo que muestra la evidencia científica es que lo realmente beneficioso es tener una alimentación saludable basada en alimentos de origen vegetal, proteínas y grasas de calidad y granos enteros.