El trabajo se basa en otros que han sido puestos en duda, se han malinterpretado (confundiendo asociación con causalidad) y se encuentran en proceso de revisión. Además, más de la mitad de los estudios que “revisa” son estudios de caso y preclínicos (en ratones o laboratorio). Los propios autores señalan que “la literatura mundial actual sobre la infección o la vacunación contra la COVID-19 y el cáncer sigue siendo escasa, heterogénea y, en gran medida, limitada a informes de casos y pequeñas series de casos, insuficiente para sustentar conclusiones definitivas sobre la causalidad o la cuantificación del riesgo”.
En las investigaciones que el trabajo incluye como bibliografía al mencionar el aumento del reporte de casos de cáncer en jóvenes en los últimos años, no se incluye en ningún momento a las vacunas como posible factor de riesgo, sino que lo atribuye a cambios en los patrones de estilo de vida y exposiciones ambientales en generaciones más jóvenes.
Por otro lado, Oncotarget, la revista en la que se publica el texto, formó parte de la lista de potenciales revistas predatorias del biotecnólogo Jeffrey Beall y, a febrero de 2026, sigue apareciendo en otras listas similares [número 2270]. Además, la base de datos de investigación biomédica del gobierno de Estados Unidos, MEDLINE, dejó de incluirla en su repositorio entre los años 2017 y 2022. Según su política de publicación, esto puede ocurrir por “patrones de publicación extremadamente tardíos, cambios importantes en la calidad científica o el proceso editorial o cambios de propiedad o editoriales”.
Además, la cuenta de Instagram que publica originalmente el vídeo (de la que, posteriormente, se han hecho eco otras cuentas similares) comparte habitualmente contenido desinformador y que pone en duda la seguridad de las vacunas. La persona que aparece en la publicación no es un experto en vacunas, virus, oncología o medicina, en general. Según su biografía de Instagram, supuestamente se dedicaría a la nutrición clínica.