Aunque hay variantes en cómo plantear esta dieta, su principal condición es no comer al mismo tiempo alimentos o productos ricos en hidratos de carbono (como los cereales, las harinas, el arroz, las patatas, la pasta, los dulces o el chocolate) y con gran aporte de proteínas (como legumbres, frutos secos, carnes, pescados, y lácteos).
Sin embargo, no hay ninguna evidencia de que nuestro sistema digestivo responda a estas limitaciones: es perfectamente capaz de digerir distintos nutrientes al mismo tiempo.
Este dispone de diferentes enzimas, encargadas de digerir y procesar cada uno de los nutrientes presentes en lo que comemos, y que actúan a la vez, sin necesidad de “turnarse”. Además, es imposible separar completamente los nutrientes: ningún alimento contiene un solo tipo: las legumbres, por ejemplo, son ricas en proteínas, pero también en hidratos de carbono.
La evidencia científica disponible es clara al respecto: la alimentación disociada no supone una ventaja ni en la pérdida de peso ni en la mejora del estado de salud. Separar la comida por nutrientes no aporta ningún beneficio a nuestro cuerpo.
Aun así, es cierto que seguir este patrón, dependiendo de la elección de los alimentos, puede asociarse con cierta pérdida de peso o mejora del estado de salud, pero no como consecuencia de los principios que plantea.
¿Cuál es, entonces, la explicación? Para empezar, esta dieta, como casi todas, comienza eliminando productos ricos en azúcares y grasas poco saludables (bebidas azucaradas, bollería, etc.), lo que en muchas ocasiones supone una reducción de la ingesta calórica y la correspondiente pérdida de peso.
Para seguir, para disociar los alimentos hay que controlar mucho lo que uno come. Además, esta dieta fomenta el consumo de frutas y verduras, que son alimentos que llenan mucho por su alto contenido en fibra y tienen muchos nutrientes y son una buena opción para quienes quieren perder peso y estar más sanos.
Aun así, el planteamiento sigue siendo erróneo: hacer “dietas” para perder peso y modelar el cuerpo aumenta el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria. Frente a cualquier dieta, lo que muestra la evidencia científica es que lo realmente beneficioso es tener una alimentación saludable basada en alimentos de origen vegetal, proteínas y grasas de calidad y granos enteros.