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Sentir la humedad, uñas blandas y perros guía. Llega el consultorio 203º a Maldita Ciencia

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¡YEPA! (siglas de “ya estamos por aquí”). Bienvenidas y bienvenidos al consultorio de Maldita Ciencia número 203. Para esta semana tenemos un tema muy interesante —y seguro que para alguno, sorprendente— sobre cómo perciben la humedad los humanos, por qué en ocasiones tenemos las uñas algo más blandas, cómo se entrenan los perros guía y si hay alguna manera de eliminar el olor a tabaco y sus compuestos tóxicos para la salud humana.

Si al terminar de leer este consultorio te quedas con alguna duda que podamos resolver con conocimiento científico, te recordamos que aquí estamos nosotros para ayudarte. Puedes enviárnoslas por Twitter, Facebook, correo electrónico ([email protected]) o a través de nuestro chatbot de WhatsApp (¡guárdate el número! +34 644 22 93 19).

¿Es cierto que las personas no podemos "sentir" la humedad?

En España, ahora mismo (enero 2023), estamos en un momento del año en el que solemos tender la ropa lavada dentro de casa, para evitar que se moje por la lluvia o que no esté expuesta a la humedad y frío de esta época. Esto conlleva que a veces, como se refleja en esta ilustración de la cuenta de Instagram Freeda, no sabremos si una prenda está húmeda —y necesita más tiempo de secado— o simplemente está fría.

En respuesta a esta ilustración, la propia cuenta Freeda ha publicado otro vídeo donde explica que esta pregunta tiene “trampa” ya que, según apunta el clip, “los seres humanos no pueden sentir la humedad” y que cuando existe esta percepción de humedad, lo que se nota realmente es “un cambio de temperatura”. ¿Es cierto esto? En gran parte, sí, pero necesita una explicación en profundidad.

La capacidad de detectar la humedad en el ambiente o los cambios en presencia o ausencia de agua (en estado líquido o vapor) se llama higrorrecepción. Existen algunos animales que cuentan con unas estructuras dedicadas a captar esta sensación, los higrorreceptores, como es el caso de las cucarachas (Periplaneta americana), la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) o la araña errante (Cupiennius salei).

Pero aquí está la clave de la pregunta: a diferencia de estos otros animales, los humanos no contamos con higrorreceptores,. Ahora bien, que no contemos con higrorreceptores no indica, directamente, que no percibamos la humedad.

Un experimento realizado en el año 1900 puso a prueba la percepción humana de la humedad. Para ello, pidió a voluntarios que tenían los ojos vendados que colocaran sus dedos en una especie de guante de goma y que los metieran en un cuenco con agua fría o caliente. A pesar de que los voluntarios no tenían contacto “real” con el agua, decían sentir una percepción “fuerte” de humedad, que era mayor cuando el agua estaba fría que cuando estaba caliente.

Este experimento planteó la hipótesis de que la percepción táctil de la humedad depende de una combinación de estímulos mecanosensoriales (tacto y presión) y termosensoriales (frío-calor). Esta idea se sigue investigando 100 años más tarde, con trabajos científicos que abordan cómo es el mecanismo neurofisiológico detrás de la sensación de humedad.

El ThermosenseLab, unidad de investigación sobre la sensibilidad táctil de la Universidad de Southampton (Reino Unido), es el equipo científico que más ha publicado sobre cómo es la sensación humana de humedad y el más citado en la literatura científica actual. La hipótesis más desarrollada a día de hoy es que contamos con varios mecanismos corporales ‘entrenados’ para generar la sensación de humedad: la percepción térmica y táctil trabajan en conjunto, implicando también la transpiración corporal y la textura percibida de la ropa que viste cada uno.

Según el equipo del ThermosenseLab, en línea con el experimento de 1900, la sensación de humedad es más intensa cuando el agua con la que estamos en contacto es fría. Un trabajo científico publicado en 2019 en la revista The Journal of Physiology refleja que las mujeres tienen una mayor sensibilidad a esta sensación de humedad, algo que se corresponde con que también tienen una mayor sensibilidad al frío.

Como curiosidad, los humanos compartimos esta estrategia de detección de la humedad con los gusanos nematodos C. elegans, como explica esta ilustración empleada para distinguir entre especies que cuentan con higrorreceptores y que carecen de ellos.

¿Por qué, en ocasiones, tenemos las uñas más ‘blandas’ y se rompen con mayor facilidad?

Hay quienes prefieren llevar las uñas cortas, a ras de yema, y quienes se decantan por llevarlas largas y, más o menos, cuidadas. Para gustos, como siempre, los colores. Imaginamos que la persona que nos ha planteado la siguiente pregunta es del segundo grupo: ¿Por qué hay rachas en las que notamos las uñas más ‘blanditas’ y se rompen con mayor facilidad? Es decir, ¿qué interfiere en la salud de nuestras uñas? Lo cierto es que existen dos tipos de factores que tienen algo que decir en el asunto: tanto la velocidad de crecimiento como las variables externas a las que las expongamos (humedad, diferentes productos…).

Lo primero de todo, un inciso: “Hablar de uñas ‘blanditas’ o ‘duras’ no sería la forma correcta de referirnos a estas condiciones. Nosotros, los dermatólogos, diríamos que existen uñas frágiles, en las que se producen roturas o alteraciones de la superficie ungueal con mayor facilidad, y uñas que no lo son tanto, que están más engrosadas”, explica a Maldita.es Inés Escandell, dermatóloga estética y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. “Dentro de las uñas frágiles, podemos percibir las que están más ‘blandas’, pero también las induradas (las que se fracturan aunque estén duras).

En esta fragilidad tiene gran importancia la velocidad de crecimiento de la uña, que va a condicionar sus características: cuanto más rápido crezcan, más engrosadas y resistentes serán. Ahora bien, la velocidad no es estanca, sino que hay situaciones que pueden modificarla, como sufrir anemia o hipotiroidismo u otras enfermedades o el consumo de determinados fármacos. “Estas van a hacer que las uñas crezcan más despacio y, por lo tanto, sean más frágiles (que no ‘blanditas’). Es decir, se van a romper más”, matiza la experta.

Sobre la velocidad de crecimiento, generalmente los jóvenes tendrán una tasa mucho más rápida, al igual que los niños y las embarazadas. Por el contrario, en personas mayores, crecerán más despacio.

Pero además de este, hay otros factores externos que pueden condicionar la mayor o menor fragilidad de nuestras uñas. Por ejemplo, la humedad de la lámina ungueal (de la uña). “Normalmente tiene un porcentaje de agua bajo (de un 18% de agua, aproximadamente). Si aumentamos esta cantidad de agua, la uña se vuelve más ‘blandita’, pero también más frágil”, señala Escandell y añade que “lo que ocurre cuando se utilizan productos químicos o se sumerge mucho las manos en agua es que esa uña se hidrata y se deshidrata varias veces al día, a la par que va perdiendo cierta cantidad de lípidos (las grasas que tiene la lámina de forma normal) que la protegen para que no pierda el porcentaje de humedad que debe tener”.

Un ejemplo típico de personas a quienes suele sucederles esto es a quienes llevan manicuras de forma más o menos constante y habitual, que pueden sufrir de onicosquisis (uñas quebradizas), una especie de descamación del final de la uña. “Digamos que es como si te pudieras pelar. El final de la uña se rompe por la punta, como si se tratase de una capa, a causa del quitaesmalte. Esto va deshidratando la lámina ungueal y, por tanto, haciéndola más frágil”. También es común en personas que, por su trabajo, sumergen habitualmente las manos en agua muy caliente o se ven obligadas a utilizar disolventes o detergentes.

“En las épocas en las que estamos sanos, no consumimos fármacos, comemos bien, no tenemos ningún déficit… nuestras uñas estarán normales”, aclara Escandell. Porque, como sugiere, los aportes que consigue nuestro cuerpo a través de la alimentación también interfiere en la salud ungueal.

Entonces, ¿sería útil algún tipo de suplemento para conseguir unas uñas menos frágiles? Existen evidencias de que vitaminas como la biotina pueden relacionarse con un mejor crecimiento de la uña, aunque los estudios al respecto son escasos y de baja calidad. Ahora bien, el consumo de biotina también tiene contras, especialmente que puede alterar los resultados analíticos de ciertas pruebas, sobre todo las que incluyen estudios tiroideos.

“El mensaje es que sí que hay ciertos suplementos vitamínicos que podrían tener efecto en las uñas muy frágiles, pero que lo ideal es tomarlos si lo ha recomendado un dermatólogo y avisando siempre sobre su consumo antes de someterse a cualquier prueba médica”, incide Escandell. Además, la biotina suele estar presente en alimentos como el huevo, los frutos secos, la leche, algunas verduras y legumbres… Por lo tanto, “lo realmente aconsejable es una dieta sana y rica en este tipo de alimentos”.

¿Cómo se adiestran a los perros guía?

Los perretes son adorables. No hay discusión posible. Este animal es un tema habitual en nuestra web y en las consultas que nos hacéis. Encima, son capaces de ayudar a personas con escasa o nula visión. Nos habéis consultado sobre cómo se adiestran para guiar a personas ciegas o con discapacidad visual.

Primero aclaremos que los perros guía ayudan a viajar de forma independiente y segura, con menos estrés, más independencia y libertad. También facilitan el uso del transporte público, encontrar puertas y pasos de cebra, por ejemplo. Además dan compañía y promueven la inclusión social y hace más fácil hacer amigos a las personas ciegas o con escasa visión, indica la Federación Internacional del Perro Guía en su web.

Pero no cualquier perro se selecciona como guía. Los labradores y los golden retrievers son las variedades más usadas, aunque también se usan algunos pastores alemanes, señala la organización. Son escogidos por su carácter, con una enorme predisposición al aprendizaje, indica a Maldita.es Mar Puig, auxiliar veterinaria, educadora canina y maldita que nos ha prestado sus superpoderes.

Antes de educar al perro, hay que enseñar al instructor del perro. Es un proceso de casi tres años para que el perro pueda aprender a circular por las calles en línea recta, evitar obstáculos o marcar puertas, escaleras o bordillos, señala en su web la Asociación de Usuarios de Perros Guía de Murcia.

Para domar los instintos del perro, se inicia su socialización a los dos meses de edad. Como indican los usuarios murcianos, durante el proceso el animal se acostumbra a entrar en las tiendas y transportes públicos. A partir de los 14 meses es cuando comienza realmente el adiestramiento, señala en su web la Fundación ONCE del Perro Guía, la única que aparece como proveedora de perros guía en España en la Federación Internacional del Perro Guía.

No obstante, “no hay mucha información sobre las técnicas de educación o adiestramiento. Ese terreno lo tiene acaparado la Fundación ONCE. Son los únicos que les acreditan a los perros. Parece ser confidencial en lo que a metodología de educación se refiere”, concluye la experta.

Quién sí cuenta cómo se hace para que aprendan lo que deben hacer cuando tienen puesto el arnés de perro guía es la Asociación de Usuarios de Perros Guía de Murcia: se refuerza su labor con premios como caricias, palabras cariñosas o comidas. Ocasionalmente, se le castiga pero sin violencia física, como un tirón de correa acompañado por un “no”, seguido con un premio cuando logra hacer bien el ejercicio.

Se utilizan perros castrados de ambos sexos "para evitar la aparición de ciertas conductas como pueden ser las disputas entre machos, o escapar detrás de una hembra en celo", indica a Maldita.es Elena Molina, entrenadora de perros guía en la Fundación ONCE del Perro Guía. Con el adiestramiento se intenta minimizar sus instintos naturales de caza, guarda y protección y se le enseña al perro que no puede realizar ciertas conductas "canalizando su energía y ganas de trabajar hacia la actividad encomendada y reforzando al finalizar ésta, para que así el perro con su infinita voluntad de agradar, desarrolle el trabajo de la mejor manera posible", aclara Molina. *

El usuario final del perro necesita unas tres semanas de formación para cuidar y conducir adecuadamente al perro. “La educación es en ambos sentidos, es decir, no sólo se entrena al perro, si no que una vez se va con su nueva responsable, este también tiene que pasar un periodo de formación para aprender a ‘manejar’ y entender al perro”, añade Mar Puig.

¿Qué métodos son realmente eficaces para eliminar el olor a tabaco y cuáles pueden reducir los distintos tóxicos de este producto?

Una maldita que sigue nuestro consultorio muy de cerca y que tiene un vecino que fuma mucho nos ha preguntado si hay algún método para eliminar el olor a tabaco y para reducir o quitar los residuos tóxicos para la salud que este humo deja en el ambiente. En primer lugar, nos compadecemos con el sufrimiento de esta maldita, que sufre de manera directa —y por qué no decirlo, injusta— los efectos del tabaquismo pasivo en su casa. En segundo lugar, debemos introducir un concepto relativamente nuevo en la evidencia científica llamado “humo de tercera mano” que ayuda a plantear esta consulta.

El humo de tercera mano es el residuo generado por el humo del tabaco ajeno. Este se adhiere al polvo y a las superficies interiores y se vuelve a emitir hacia el aire, con el consiguiente problema para la salud que conlleva.

Este concepto es un campo de investigación relativamente nuevo —en comparación con los estudios sobre el tabaquismo de primera o segunda mano—, por lo que la evidencia sobre él es menor y el conocimiento de remedios para combatirlo, limitado. En este trabajo científico publicado en Public Health Reports se ofrece una amplia revisión de la literatura científica sobre el humo de tercera mano, actualizada hasta 2016.

Por suerte, existe una página web, la del Centro de Recursos sobre el Humo de Tercera Mano, una organización estadounidense que depende de un programa de investigación de la Universidad de California que divulga sobre esta contaminación generada por el tabaco y aporta información basada en la evidencia. Su web incluye una sección dedicada, precisamente, a remedios para eliminar el humo de tercera mano del hogar, pero ya advertimos que muchos de estos tratamientos no son sencillos ni baratos y no todos han sido plenamente comprobados científicamente, aunque han demostrado algo de evidencia a su favor.

En primer lugar, para limpiar superficies domésticas (suelo, muebles), una limpieza exhaustiva y con frecuencia puede reducir el humo residual acumulado en el polvo y estas zonas, pero no de cualquier manera: “El proceso requiere aspirar con frecuencia con aspiradoras con filtro HEPA (limpiadores del aire que filtran sus partículas de manera eficiente, High-Efficiency Particulate Air) y limpiar superficies con soluciones ácidas (vinagre blanco) y desengrasantes, siempre siguiendo las instrucciones del fabricante sobre dilución y uso correcto del producto”.

Sobre los tejidos (textiles, ropa de cama, almohadas, cojines y demás), que también se ven muy afectados por este humo de tercera mano, no queda otra que lavarlos en la lavadora. Si están muy contaminados, quizá requieran de varios lavados. Lo mismo pasa con la cubertería, platos y juguetes, que también pueden exigir pasar varias veces por el estropajo y jabón o el lavavajillas.

El Centro de Recursos incide en que hay muchas superficies ‘ocultas’ en casa que pueden contaminarse por el tabaco y requieren también de lavado, como los conductos de ventilación, debajo de las mesas, el interior de los armarios, la parte trasera de las estanterías, la tapicería, los colchones, etcétera. Obviamente, limpiar estos recovecos —siempre que se pueda— ayuda a reducir los contaminantes del humo del tabaco. En caso de que estos estén muy contaminados, recomiendan directamente tirar los antiguos y cambiarlos por un producto nuevo.

Para lograr que las partículas del aire estén lo más libres posible de sustancias químicas dañinas, recomiendan emplear purificadores de aire “bien mantenidos y con filtros HEPA”. Sin embargo, estos filtros no son eficaces para eliminar compuestos químicos volátiles y semivolátiles. “Esto requiere de purificadores de aire con filtros de carbón”, precisan. Tampoco los elimina del todo del polvo de interior o de superficies, para lo que hace falta la limpieza exhaustiva.

El ‘problema’ de esta limpieza exhaustiva es que igual podemos conseguir devolver a la casa un olor agradable —o al menos, quitar el ‘pestazo’ del tabaco—, pero eso no quiere decir que los elementos tóxicos de este humo hayan desaparecido. “Algunas sustancias químicas peligrosas del tabaco son inodoras o incluso tienen un olor agradable, mientras que otras, que no son nocivas, a veces tienen olores desagradables”, precisa el Centro de Recursos.

En los casos que es posible —nuevos inquilinos, rehabilitaciones, mudanzas—, hay técnicas para repintar paredes, techos y suelos con fosfato trisódico, un compuesto químico que debe aplicar personal especializado y con medidas de protección. Aún así, no hay evidencias si este método de limpieza es efectivo a largo plazo, depende de cuan contaminadas estén estas superficies y no funciona en materiales madera, tableros de partículas y paneles de yeso.

Lamentablemente, hay casos en los que limpiar mucho y en profundidad no es suficiente para asegurarse de que el aire y las superficies quedan descontaminadas del humo de tercera mano. Como en otras ocasiones que hemos explicado en Maldita.es, el riesgo cero no existe y eliminar por completo todo rastro de tabaco no parece posible. Sí que se puede, no obstante, reducir la exposición a este, impidiendo a la gente que fuma dentro o cerca del hogar.

Un trabajo científico publicado en Tobacco Control, que estudió la exposición de inquilinos no fumadores cuando se mudaban a casas en las que antes había fumadores, observó que el humo de tercera mano acumulado en estas viviendas existía y era una exposición no deseada y no controlable, pero relativamente baja a los dos meses de la mudanza.

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En este artículo han colaborado con sus superpoderes las malditas Inés Escandell y Mar Puig.

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* Actualizado el 24 de enero de 2023 con declaraciones de Elena Molina.


Primera fecha de publicación de este artículo: 20/01/2022

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