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Qué es el concepto ‘One Health’ y por qué proteger la salud animal también puede ayudar a la salud humana

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Cada 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, cuyo objetivo en 2022 es llamar la atención del mundo sobre las medidas urgentes que se necesitan para mantener la salud de los seres humanos y del planeta e incentivar un cambio para que las sociedades se preocupen del bienestar, como señala en su página web la Organización Mundial de la Salud (OMS).  

En este contexto, también debe mencionarse la salud animal. De hecho, la aproximación a los animales como un elemento vital del planeta no se da únicamente en las organizaciones ecologistas o de conservación de la naturaleza: los sistemas de salud públicos y las sociedades científicas reclaman con cada vez más insistencia tener en cuenta a los animales como parte indivisible de la salud global y que, por supuesto, repercute en la salud humana

Los próximos retos de la salud pública y del planeta en sí, como las enfermedades de transmisión animal, las pandemias (la actual de COVID-19 y las próximas), la resistencia a los antimicrobianos, la seguridad alimentaria y el cambio climático; pasan en parte por reconocer que la salud animal, humana y medioambiental no están separadas, sino que “necesitan ser evaluadas de forma integrada y holística para proporcionar una comprensión más completa del problema y de las posibles soluciones de lo que sería posible con enfoques aislados”, como explica este comentario científico publicado en 2017.

Esto es lo que se conoce como el concepto One Health (una salud, en inglés), un abordaje o aproximación a la salud desde múltiples frentes en el que investigadoras, médicos y profesionales veterinarios trabajan codo con codo.

Cómo ayuda la protección de la salud animal a la salud de los humanos

El problema más próximo que aborda el enfoque One Health son las zoonosis: aquellos patógenos y enfermedades que se transmiten de animales a humanos y viceversa. El ébola, las infecciones de salmonela, el virus del Nilo Occidental, la rabia y el ántrax maligno son ejemplos de patógenos que causan graves problemas de salud pública y tienen su origen en un contacto directo o indirecto con animales. Según las estimaciones de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), un 60% de los patógenos que causan enfermedades humanas proceden de animales domésticos o salvajes.

Las pistas más contundentes y completas sobre el origen del SARS-CoV-2 apuntan a que tiene un origen animal, por su similaridad con otros coronavirus que residen de manera natural en los murciélagos y por el parecido con otras enfermedades zoonóticas generadas por un coronavirus que se sabe que se originaron por contacto animal, como el MERS.

Según explica Sara Soto, directora del Programa de Infecciones Víricas y Bacterianas del Instituto de Salud Global (ISGlobal) en su artículo dedicado a One Health, el crecimiento de la población humana obliga a que se expandan a nuevas áreas geográficas, lo que fuerza a que muchas personas “vivan en estrecho contacto con animales salvajes y domésticos”. Este contacto “hace que las posibilidades de que las enfermedades pasen de animales a personas sean mayores”.

Pero One Health no solo se enfoca a las zoonosis. La resistencia a los antimicrobianos (que incluye antibióticos, antivirales, antifúngicos, etc.), una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) también pasa por cuidar la salud animal. 

Así, la mayoría de antimicrobianos usados en veterinaria y salud humana “pertenecen a las mismas familias y comparten similares mecanismos de acción, lo que incrementa los riesgos de transmisión de bacterias resistentes entre humanos y animales”, detalla Soto. Esto quiere decir que los antibióticos (u otros fármacos) que se emplean para proteger a los animales con los que estamos en contacto o nos alimentamos tienen un impacto en la salud humana. Si los patógenos desarrollan resistencia a los fármacos usados en animales, podrán desarrollar una resistencia similar en las personas.

El Plan Nacional de Resistencias a Antibióticos cifra que unas 3.000 personas mueren al año en España por infecciones por bacterias resistentes a estos fármacos, según datos del Registro de Actividad de Atención Especializada (CMBD).

Las enfermedades zoonóticas y la resistencia a los antimicrobianos son algunos de los retos que el One Health abarca y que afectan de manera directa a la salud humana. Pero no quedan ahí: seguridad alimentaria, salud ambiental, ganadería, contaminación del agua y aire, pérdida de biodiversidad o enfermedades transmitidas por vectores son algunos de los problemas que tiene en cuenta este enfoque.

Algunos de los problemas y factores a los que se asocia el enfoque One Health. Fuente: Instituto de Salud Global (ISGlobal).

¿Y la salud ambiental? Los cambios en el clima y el uso de la tierra también tienen su efecto en la salud humana

La deforestación, la ganadería y agricultura intensivas y otras prácticas disruptivas con el medio ambiente tienen un impacto evidente en la salud animal que se traslada en futuros de problemas humanos, tanto de salud (contaminación del suelo, del agua o de organismos que consumimos los animales, como peces, además de más riesgo de transmisión zoonótica) como socioeconómicos (falta de materias primas, desabastecimiento de agua, carencia de alimentos). Todo esto sin contar con los impactos que tiene en el cambio climático.

Para la propia OMS, la crisis climática es una crisis sanitaria: más muertes por contaminación del aire, fenómenos meteorológicos extremos y malnutrición más grave. Además, el organismo sanitario internacional recalca que las emisiones que provocan el calentamiento global, como las procedentes del transporte o de la industria alimentaria, “son responsables de más de una cuarta parte de las defunciones por infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, cáncer de pulmón y neumopatías crónicas”.

Las profesiones que abarca: desde veterinarias a epidemiólogos pasando por ganaderas y economistas

La salud humana siempre se ha relacionado con profesiones de la sanidad pública: médicos de familia, enfermeros, especialistas y técnicos de centros de salud y hospitales. Un abordaje One Health pasa por incluir, además de estos trabajos, muchos otros más de ámbitos diversos que no están ligados directamente con curar a los pacientes.

Alberto Fernández, responsable de comunicación de MSD Animal Health en España y Portugal (una empresa que investiga, fabrica y comercializa fármacos para animales), destaca a Maldita.es que la clave de la eficacia de One Health es la colaboración interdisciplinar. Enumera algunas de las profesiones que a día de hoy ya colaboran en este enfoque de salud: “Los profesionales de la salud humana (enfermeras, epidemiólogos), la salud animal (veterinarios, ganaderos y granjeros), las ciencias ambientales (ecólogos, expertos en vida silvestre) y otras áreas que analicen el impacto social y económico de las crisis sanitarias (sociólogos y economistas)”.

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