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MALDITA CIENCIA

En el Día de la Bisexualidad, algunos mitos sobre esta identidad sexual que la ciencia ha desmentido

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El 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bisexualidad en un intento por reivindicar esta identidad dentro del conjunto del colectivo LGTBI+. Se trata, en palabras de Raül Torán, divulgador científico y codirector científico de PRISMA (Asociación para la Diversidad Afectivo-Sexual y de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación), de dar un espacio propio a una identidad sexual que a veces es obviada y discriminada tanto por la sociedad en su conjunto como dentro del propio colectivo LGTBI.

Parte de esa discriminación surge a partir de mitos que califican la bisexualidad como una mera fase por la que pasan las personas homosexuales (mientras se están, digamos, aclarando), o que consideran a las personas bisexuales más promiscuas que el resto, debido a su atracción por personas de ambos sexos.

No es cierto que las personas bisexuales sean más promiscuas

Empecemos por este segundo mito. Puesto que, sobre todo hace décadas, una inclinación sexual fuera de la heterosexualidad vivida públicamente suponía vivir fuera de la norma, uno de los primeros estereotipos que la comunidad LGTBI tuvo que sufrir fue el de la promiscuidad, especialmente asociado a la bisexualidad basándose como decíamos en la idea de que, al sentir atracción por hombres y mujeres, sus potenciales parejas sexuales se multiplican.

Pero esto no es verdad: la identidad sexual no tiene que ver con el comportamiento sexual. Un estudio realizado en 2007 con más de 200.000 personas demostró que los impulsos sexuales de las personas bisexuales son más o menos los mismos que los de los demás.

En concreto, puntuando el deseo sexual en una escala del 1 al 7, los hombres heterosexuales obtuvieron un 5,47, los homosexuales un 5,26 y los bisexuales un 5,28, mientras que las mujeres heterosexuales puntuaron un 4,51, las homosexuales 4,60 y las bisexuales un 4,91. Los autores del estudio concluyeron que dentro de un mismo género, la orientación sexual no supone una gran diferencia en cuanto al impulso sexual y tiene en la práctica un impacto pequeño o nulo.

No es cierto que la bisexualidad sea "una fase"

Es habitual que las personas que se consideran bisexuales y se declaran públicamente como tal reciban un tratamiento algo despectivo y su orientación sexual se considere solo "una fase" producto de la confusión. El hecho de que muchas de ellas mantengan relaciones monógamas estables, añade Torán, con una persona de uno u otro género "contribuye a invisibilizar su condición bisexual" y a apuntalar el mito de que, en realidad, la bisexualidad no existe.

"Pero la condición sexual va más allá de con quién te acuestas, tiene que ver con tu identidad", recuerda Torán, es decir que tú puedes considerarte bisexual si sientes atracción sexual por ambos géneros, o por personas que no se identifican con ninguno de ellos (no binarias), aunque tus relaciones sexuales sean con una sola persona o con personas de un solo sexo.

Existen estudios desde hace décadas que documentan la existencia de la bisexualidad como una orientación sexual tan real como la heterosexualidad o la homosexualidad. Uno de ellos se publicó en 2020 en la revista PNAS y recogía los datos de 500 hombres y de sus niveles de excitación sexual ante estímulos de ambos géneros. Los autores concluían que las evidencias sobre la atracción sexual hacia ambos géneros de los hombres que se declaran bisexuales son robustas y que la atracción sexual masculina se manifiesta en un espectro continuo y no de una forma binaria (exclusivamente hacia mujeres o hacia hombres).

Pero este tipo de estudios no son nuevos. Ya a finales de los años 40 el investigador Alfred Kinsey publicó dos grandes estudios sobre sexualidad masculina y femenina, basados en entrevistas a más de 11.000 personas, en los que recogía que un alto porcentaje de la población adulta sentía algún tipo de atracción sexual que se salía del estándar heterosexual socialmente aceptado, y muchos de ellos sentían atracción sexual por ambos sexos en una u otra medida.

La utilidad de este tipo de estudios

Los estudios científicos que buscan demostrar la existencia de la bisexualidad son, para Torán, un poco absurdos desde el punto de vista de que "las personas bisexuales existen y han existido siempre. No hace falta que la ciencia lo demuestre". Que sean más o menos visibles depende de las condiciones sociales e históricas en las que les haya tocado vivir, "pero no estamos inventando nada nuevo".

Pero por otro lado, Torán reconoce su utilidad en el sentido de que "pueden dar seguridad y argumentos" a personas que estén descubriendo su propia bisexualidad o que tengan que hacer frente a argumentos discriminatorios de este tipo. "Lo importante es entender que la diferencia es lo normal. Hay comportamientos que se salen de la heterosexualidad en el mundo animal y durante toda la historia. La homogeneidad sí que no es normal".

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