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Protector solar durante todo el año, llaves para curar orzuelos y crudiveganismo. Llega el consultorio 147º a Maldita Ciencia

Publicado viernes, 11 junio 2021
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Nos encantan los viernes. Y si vienen acompañados de nuestro consultorio científico, más aún todavía. Como cada día previo al fin de semana, venimos a dar respuesta a vuestras dudas. Esta semana os contamos si hay que echarse protector solar todos los días del año, qué hacen las lociones aftersun tras quemarnos, si una llave hueca puede curar orzuelos y en qué consiste el crudiveganismo y qué riesgos conlleva.

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¿Hay que echarse protector solar todos los días? 

Con la llegada de las estaciones más cálidas del año, vuelven las preguntas relacionadas con la protección solar al consultorio de Maldita Ciencia. Esta vez, la duda es si debemos o no aplicarnos factor de protección durante todo el año y si todo el mundo debe hacerlo por igual. La recomendación de las expertas consultadas por Maldita.es es proteger las zonas expuestas, como la cara o las manos, durante todo el año, para disminuir la posibilidad de carcinomas y fotoenvejecimiento a largo plazo. Además, recuerdan que la clave está en ser razonables y tener en cuenta tanto el índice de radiación como nuestro fototipo de piel y nuestra rutina.

Sobre si debemos utilizar crema para protegernos de las radiaciones ultravioleta A (UVA) y ultravioleta B (UVB) del sol durante todo el año, la dermatóloga y maldita que nos ha prestado sus superpoderes, Sara Gómez Armayones, indica a Maldita.es que la recomendación general es que sí (atendiendo especialmente a los meses primavera y verano). “Los cosméticos utilizados pueden ser los mismos. Actualmente, los fotoprotectores disponibles son cómodos, fáciles de aplicar y disponemos de una amplia variedad en el mercado”, explica. 

Es cierto que uno de los beneficios de usar diariamente protección solar en la cara (e incluso en el dorso de las manos) es el antienvejecimiento: evitar el desarrollo de manchas solares o de elastosis (aparición de arrugas), por ejemplo. “Pero el más importante es la prevención del cáncer cutáneo a largo plazo”, señala a Maldita.es la dermatóloga estética y maldita que nos ha prestado sus superpoderes, Inés Escandell. “En este caso, sobre todo, el no-melanoma: el carcinoma epidermoide (proliferación maligna de un tipo de células de la piel, los queratinocitos), totalmente relacionado con la exposición solar. De hecho, casi siempre aparece en la cara, en la cabeza, en las orejas, en las manos…”, aclara.

Ahora bien, como adelantaba Gómez, hay que prestar más atención a la fotoprotección en determinadas condiciones. Un factor a considerar es la intensidad del sol. “Si está lloviendo, no será tan necesario como en agosto, por ejemplo, en un día en que el sol pega con muchísima fuerza”, explica a Maldita.es la dermatóloga y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) Ángela Hernández.

¿Y cómo saber este dato? Para orientarnos a la hora de evitar sobreexposiciones al sol y posibles lesiones en la piel, el consejo de Hernández es consultar el índice de radiación ultravioleta, la medida de la intensidad de esta radiación procedente del sol al nivel de la superficie terrestre, en la Agencia Estatal de Meteorología antes de salir de casa. “Cuando el índice es alto, es imprescindible protegerse del sol. Si es bajo, no será tan necesario”. Aunque, repetimos, sí es recomendable.

También tendrá que ver nuestra rutina: no es lo mismo una persona que no se exponga prácticamente a la radiación solar a lo largo de la semana (por trabajar dentro de casa o de una oficina) que alguien que pase varias horas en un coche o trabaje y practique actividad física al aire libre diariamente, que deberá prestar más atención a la protección solar a lo largo de todo el año. 

Aparte, la necesidad de utilizar crema solar dependerá de la pigmentación de la piel, nuestro fototipo: cuanto menor sea, mayor protección necesitaremos. Como señala la Asociación Española Contra el Cáncer y la Fundación Piel Sana de la AEDV, en función de la protección necesaria, existen cuatro variantes: 

  • Fototipo I: no se suele broncear y tiene facilidad para quemarse. Normalmente presenta ojos azules, cabello pelirrojo y piel pecosa. 
  • Fototipo II: raramente se broncea, pero se sigue quemando con facilidad. Suele tener los ojos azules o verdes, cabellos rubios y la piel blanca en los meses de invierno. 
  • Fototipo III: siempre se broncea y raras veces se quema. Por norma general, tiene los ojos marrones, el pelo castaño y la piel morena (incluso en los meses de invierno).
  • Fototipo IV: se broncea siempre y nunca (o casi nunca) se quema. Tiende a los ojos marrones o negros, igual que el tono de pelo, tiene piel morena racial.

Y si te preocupan tus niveles de vitamina D, Gómez indica que, en condiciones reales, no hay evidencias de que se dé una disminución en sus niveles por aplicar factor de protección: "Ni utilizamos las cantidades recomendadas por el fabricante (2 miligramos por centímetro cuadrado), ni acostumbramos a reaplicar según se indica (cada dos horas, después de los baños...). Realizar actividades al aire libre con barreras físicas (gorras, gafas, camiseta) y fotoprotección suele ser suficiente para absorber la vitamina D que necesitamos", concluye la experta.

¿Qué hacen las lociones aftersun tras quemarnos? 

Y hablando de torrarnos al sol: si lo hemos hecho y nos hemos quemado, ¿es útil utilizar lociones aftersun? Depende de la gravedad de la quemadura. Sí que puede ayudarnos si la lesión es leve. Ahora bien, si son de mayor importancia (por ejemplo, si hay ampollas), probablemente sea insuficiente y tengamos que recurrir a otros tratamientos que debe recomendar un dermatólogo. Lo que está claro es que este producto no revierte ni evita el daño que la radiación ultravioleta B (UVB) del sol causa en el ADN de las células cutáneas: solo lo conseguiremos previniendo y no quemándonos de partida.

Las cremas aftersun convencionales casi siempre son simplemente hidratantes. Según explica Escandell, dermatóloga, “estas lociones normalmente tienen agentes humectantes (ingredientes que introducen agua en la piel) y emolientes (que suavizan la piel) que mantienen la humedad y evitan que la piel se deshidrate y, por lo tanto, moleste o pique”. 

Lo que consigue este tipo de cosméticos es crear una especie de película en la piel que evita la pérdida de agua a través de la capa más externa de la piel, alivia la zona y, en ocasiones, aportan ingredientes que crean una sensación refrescante. “También podemos utilizar crema hidratante, preferiblemente para pieles sensibles. Incluso podemos meterla en la nevera para que esté más fresca y aporte un alivio mayor”, indica la dermatóloga. “Digamos que son un alivio para la quemadura, para los síntomas, pero no revierten el daño solar que se ha producido”, añade.

En definitiva: “Si la quemadura es leve, el aftersun puede valer; pero si la lesión provoca muchos síntomas o hay ampollas, se debe consultar con el médico, por si es necesario tratamiento específico (como corticoides tópicos)”, señala Hernández.

En palabras de Escandell, cuando sufrimos la típica quemadura que aparece horas después de la exposición solar, que dura varios días y tras la que nos ‘pelamos’, probablemente esté relacionada con la radiación UVB, que produce un daño directo en el ADN, difícilmente reversible. Pero cuando nos exponemos al sol, además de a los UVB, también nos exponemos a los rayos ultravioleta A (UVA), que provocan estrés oxidativo y los consecuentes radicales libres que, de forma indirecta, incrementan el daño en el ADN.

Frente a esos radicales libres, los antioxidantes sí que ayudan y como señala Escandell, “sí que hay estudios dermatológicos prometedores sobre algunos compuestos y extractos de plantas que parece que tienen algunas funciones antioxidantes”. Sin embargo, por norma general, no suelen formar parte de los aftersun convencionales. 

En relación a los remedios caseros, como el yogurt, la clara de huevo o el vinagre, mejor que sigan en tu cocina. “No aportan más que una crema hidratante y los problemas de conservación y de posible contaminación son mucho mayores”, señala Escandell. En opinión de Hernández, “podrían incluso empeorar la lesión cutánea o desencadenar alergias”. 

¿Sirve una llave hueca para curar los orzuelos?

La 'sabiduría popular' recomienda usar una llave hueca, en general caliente tras frotarla, para curar un orzuelo, que es un bulto rojo y doloroso que sale debajo del párpado o en la base de las pestañas, generalmente por una infección producida por bacterias. La 'explicación' de la hipótesis de la llave hueca es que el calor del frote hace que el orzuelo se abra y salga el líquido que lleva en su interior. Pero no hay evidencias de que las llaves huecas sirvan para disminuir los orzuelos.

Como explica nuestro maldito Rubén H. Pulido García, oftalmólogo que nos presta sus superpoderes para clarificar el asunto, un orzuelo es una patología de los párpados que se produce por la obstrucción, infección e inflamación de una o más glándulas sebáceas de la piel de los mismos. El orzuelo no suele ser grave, "pero en algunos casos puede agravarse y extenderse al resto del párpado e incluso profundizarse y provocar una celulitis preseptal o una celulitis orbitaria, que son mucho más serias y pueden tener consecuencias más importantes". Por eso, Pulido indica que se debe acudir al médico si nos sale un orzuelo.

El tratamiento habitual "incluye la aplicación de calor local de manera periódica, con el fin de favorecer el drenaje de la glándula infectada, y de antibióticos y esteroides locales, en forma de gotas o ungüentos, con el doble fin de tratar la glándula afectada y de impedir la contaminación de las glándulas contiguas", explica el oftalmólogo. Estos son los únicos tratamientos probados y con respaldo científico, indica Pulido. Estas terapias son aprobadas también por la Asociación Estadounidense de Oftalmología, que no incluye el uso de llaves huecas entre los tratamientos médicos del orzuelo.

¿Qué es el crudiveganismo y qué ventajas o riesgos tiene?

En Maldita.es ya os hemos hablado de los mitos y bulos virales sobre las dietas sin carne y otros alimentos de origen animal. Ahora nos habéis preguntado por el crudiveganismo, una dieta que excluye todos los productos de origen animal y todos los alimentos que necesiten ser sometidos a cocción para consumirse. Se trata de una dieta difícil de seguir y que puede conllevar algunos riesgos.

La Federación Española de la Nutrición indica en una guía de alimentación que el crudiveganismo “es la mezcla entre una alimentación vegana y crudívora al mismo tiempo”. Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y nutricionista, explica a Maldita.es que se trata de “una rama del veganismo que consiste en consumir solo alimentos de origen vegetal que no hayan sido calentados por encima de los 47 o 48ºC, que es la temperatura máxima que se supone que pueden alcanzar en el medio ambiente”. 

Sus defensores sostienen que “consumir los alimentos en su estado natural mantiene toda su energía original y no se destruyen sus enzimas, lo que supuestamente tendría ventajas para la salud”.

El dietista-nutricionista Ramón de Cangas explica a Maldita.es que el crudiveganismo es una dieta rica en sustancias bioactivas (componentes de los alimentos que podrían tener efectos beneficiosos para la salud), fibra y antioxidantes y “eso supone una ventaja”. 

Pero, al incluir sólo alimentos crudos, “aporta antinutrientes que pueden interferir en la absorción de nutrientes”. “Además, cocinar no deja de ser una predigestión que facilita la masticación y obtención por tanto de algunos de sus nutrientes con más facilidad en la digestión”, señala De Cangas, que es doctor en Biología Molecular y Funcional y miembro del Comité Asesor del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas.

Robles asegura que “no hay evidencia que apoye el seguimiento de una dieta basada exclusivamente en alimentos crudos”. De hecho, según subraya, puede suponer algunos riesgos como la reducción de la disponibilidad de algunos nutrientes o un mayor riesgo de intoxicación alimentaria. Además, “hay que tener en cuenta que es una dieta muy restrictiva y difícil de seguir”.

En PENNutrition, un portal que evalúa la evidencia científica dirigido a profesionales sanitarios, se indica que las personas que siguen esta dieta tienen un IMC más bajo, mayores tasas de amenorrea (ausencia de los períodos menstruales mensuales) por bajo peso o baja densidad mineral ósea. 

El dietista-nutricionista Daniel Ursúa indica a Maldita.es que cocinar los alimentos es necesario en muchos casos, ya que haciéndolo eliminamos sustancias que pueden ser perjudiciales para la salud, como es el caso de las saponinas: “Se encuentran en las legumbres cuando se consumen crudas y pueden dar lugar a enfermedades como el latirismo (una intoxicación que se manifiesta principalmente por una parálisis crónica de las piernas)”.

Además, según cuenta Ursúa, el cocinado es una forma de garantizar la eliminación de muchos microorganismos patógenos que pueden encontrarse en los alimentos por contaminación cruzada. Es decir, cuando un microorganismo pasa de un alimento contaminado a otro que no lo está por contacto directo o a través de un utensilio. “No debemos pensar que por ser alimentos de origen vegetal están libres de toxiinfecciones”, señala. 

El tecnólogo de los alimentos Miguel Ángel Lurueña confirma en el portal Eroski Consumer que llevar una dieta de este tipo “no es fácil y se corren algunos riesgos”. Aun así, para quienes deciden seguirla, “sería imprescindible tomar suplementos de vitamina B12 para evitar las carencias asociadas a este tipo de dieta”.

Como indica el artículo, "la presencia de organismos patógenos en vegetales se puede evitar del modo en que lo hacemos habitualmente: lavando, pelando o incluso desinfectando, por ejemplo, con agua y lejía apta para uso alimentario en las dosis recomendadas”. Añade que, para mejorar la digestibilidad de algunos alimentos y reducir la presencia de compuestos indeseables, se pueden usar algunas técnicas relativamente sencillas. En el caso de las legumbres, por ejemplo, poniéndolas a remojo y germinándolas.

Antes de que os vayáis...

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En este artículo han colaborado con sus superpoderes las dermatólogas Inés Escandell y Sara Gómez Armayones y el oftalmólogo Rubén Pulido.

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