Maldita Ciencia
02/10/2020

¿Por qué se nos pega una canción y qué podemos hacer para quitárnosla de la cabeza?

¿Cuántas veces te has dado cuenta de que no puedes parar de canturrear mentalmente una melodía aleatoria? Seguro que sabes a lo que nos referimos y lo mucho que cuesta deshacerse de ese fragmento de canción que no para de sonar y sonar en lo más profundo de nuestro subconsciente. Esta semana nos habéis preguntado a qué se debe este fenómeno, si hay alguna manera de evitarlo o pararlo en el momento que ocurre y si tiene alguna relación con el efecto Zeigarnik, que afirma que tendemos a recordar mejor las tareas (en este caso las canciones) incompletas. Conviene señalar que no hay evidencias científicas que avalen este supuesto efecto. Vayamos por partes. 

Los earworms, como se conoce a esta situación en inglés (gusanos de oreja), pueden comenzar por diferentes motivos. “Por ejemplo, al vernos expuestos repetidamente a una determinada canción o melodía. Si, además, esta es simple o intuitiva y podemos adivinar fácilmente su estructura melódica o anticipar los siguientes pasos de la composición, más papeletas tenemos para caer en earworms”, explica a Maldita Ciencia el psicólogo Marc Ruiz.

"A la corteza auditiva le gustan las letras sencillas y fáciles de recordar, por este motivo se nos suele 'pegar' algún tipo de canciones y no otras", explica a Maldita Ciencia Laura Morán, psicóloga.

Según Ruiz, el estado emocional en el que nos encontremos también parece ser un factor determinante: si nos sentimos nostálgicos, cansados o con cierta ansiedad, es más probable que nuestro cerebro se vea tarareando la canción en cuestión. “Todos experimentamos emociones provocadas por la música. De hecho, podemos decir que un simple acorde mayor suena alegre y, uno menor, triste”, apunta Ruiz. En palabras del psicólogo, la región del cerebro que se activa cuando escuchamos una determinada canción, también lo hará cuando la recordemos.

Ahora bien, ¿qué hacemos para que deje de sonar? Según Morán, las obsesiones pueden combatirse de dos maneras: con distracción o con saturación. "Podemos encontrar otra actividad cognitiva que nos secuestre la atención, de forma que no podamos hacer caso a la dichosa cancioncilla (por ejemplo, hacer un sudoku o escuchar otras canciones)", propone. La alternativa, continúa, es 'saturarnos' siguiendo el refrán de '¿no quieres taza? Toma taza y media'. "Es decir, ponte la canción e intenta escucharla varias veces. Paradójicamente, la cancioncilla huirá", señala.

Según Ruiz, la intención de poner fin a esta situación ya esconde una paradoja en sí misma: le estamos dando a esa experiencia una importancia mayor. "Desde el deseo de que desaparezca le concedo más presencia", continúa, y añade que el mejor sistema es no oponer resistencia: vencer sin combatir. 

Por otra parte, según postula el efecto Zeigarnik por el que nos habéis preguntado, quedarnos a medias en una tarea nos motiva a querer completarla y despierta nuestra curiosidad sobre la información que falta. Es por eso por lo que sugiere que recordamos mejor las tareas incompletas.

"Esta tendencia recibe su nombre en honor de la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik quien, en la década de 1920, observó que los camareros de los restaurantes recordaban con más facilidad las comandas de las mesas que aún no habían sido servidas, que aquellas que ya habían sido colocadas a cada comensal", explica Morán y añade que, en este sentido, "que una canción concreta nos ronde, podría explicarse en parte por este fenómeno: la necesidad de nuestro cerebro de “escuchar” la canción completa".

“Es posible que la motivación por continuar con la canción (si no la hemos escuchado entera), pudiese hacer que caigamos en repetir una fracción de esta con la intención de completarla y que por tanto, al escucharla entera, desvelemos el misterio, dejando así de necesitar repetirla en busca de la inspiración para encontrar la siguiente nota”, señala Ruiz.  

Eso sí, el experto apunta que este efecto no tiene evidencia sólida y que el fenómeno podría explicarse mejor a través de áreas como la motivación y la memoria. En definitiva, que "el peor sistema para deshacernos de 'la cancioncita del demonio', es intentar librarnos de ella compulsivamente". 

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