Maldita Ciencia
29/06/2020

Las afirmaciones falsas del vídeo que asegura que no hay estudios independientes que demuestren que el 5G no es peligroso para la salud

Se ha viralizado un vídeo en el que una persona afirma que que no hay estudios independientes que demuestren la inocuidad de las radiaciones 5G. Esto es falso: hay multitud de estudios que han concluido que no se aprecian efectos nocivos para la salud causados por este tipo de radiaciones.

En el vídeo se muestran también una lista de supuestos estudios que demostrarían lo contrario, pero se trata de una serie "interesada y no sistemática" de documentos de escasa calidad científica, según los expertos a los que hemos consultado. Como ya os hemos contado, no hay evidencias de que la radiación de las redes 5G tenga ninguna relación con la salud.

Sí hay estudios científicos independientes sobre los efectos de las radiaciones (y afirman que no son dañinas)

Al contrario de lo que afirma el protagonista de este vídeo, sí existen estudios científicos sólidos e independientes que confirman que las radiaciones utilizadas por el 5G son inocuas, al menos por debajo del umbral al que estamos expuestos nosotros.

La maldita María de los Ángeles "Llanlle" Millán Callado, física nuclear y tecnóloga de radiaciones del departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla y del Centro Nacional de Aceleradores, que nos ha prestado sus superpoderes para este artículo, asegura que “las ondas a esas frecuencias se conocen y se llevan estudiando desde hace tres décadas.”

Este documento de ICNIRP (Comisión Internacional de Protección Radiológica No Ionizante) de 2020 recopila decenas de estudios sobre los efectos de las radiofrecuencias, y en particular la Appendix B de este documento contiene 39 estudios independientes sobre los efectos de las radiofrecuencias en la salud. Basándose en este conjunto de evidencias, concluye que “no hay evidencia de efectos de salud desfavorables con exposiciones inferiores a las restricciones indicadas en las líneas guía de ICNIRP, ni hay evidencia de mecanismos de interacción que prevean que podrían ocurrir efectos de salud desfavorables debidos a campos electromagnéticos de radiofrecuencias por debajo de esos niveles de restricción”.

En el mes de junio 2020, la revista especializada en salud y radiaciones, Health Physics, ha publicado un nuevo artículo de revisión sobre la exposición a las frecuencias del 5G, donde confirma que: 1) las frecuencias de la banda del 5G no penetran más allá de la piel; 2) la exposición a radiofrecuencias general de la población no se ve alterada por el 5G; y 3) los niveles de exposición están por debajo de los indicados en las líneas guía internacionales, y que por debajo de estos niveles los resultados de la investigación internacional no encuentran ningún efecto negativo para la salud.

Además, existe un largo listado de artículos de revisión sobre los efectos de las radiofrecuencias, considerando las que llegan hasta los cientos de gigahercios, que también incluye el rango de 5G, y todos excluyen efectos dañinos para la salud a los niveles de exposición actuales. Aquí por ejemplo, en el boletín de la OMS, una profunda revisión de todos los papers disponibles hasta el 2010.

En este otro artículo publicado en Environmental Research en 2018, además de afirmarse que “los resultados no apoyan una relación entre la exposición a la radiofrecuencia y síntomas”, sí se apunta a que, en cambio, “la creencia de que se está expuesto, y no la misma exposición, es suficiente para desencadenar síntomas”, un efecto de auto convencimiento conocido con el nombre de efecto nocebo (contrapartida del efecto placebo, hablamos de ambos efectos aquí) y que los autores atribuyen a “reportajes sensacionalistas en los medios”.

En el último informe de 2018 sobre los campos electromagnéticos de la Autoridad Sueca sobre la Seguridad de las Radiaciones y que considera estudios biológicos, humanos y epidemiológicos confirma que una vez más “no se han identificado nuevos riesgos para la salud”.

Tampoco en esta revisión científica publicada en un libro de 2019 sobre el 5G en Italia, donde se analizan las maneras como el 5G podría causar daños a la salud se encuentra ninguna evidencia sólida: “revisando la documentación científica relevante, no hemos podido encontrar evidencias de carcinogenicidad asociada a una exposición a campos electromagnéticos por debajo de los límites fijados por la ley italiana,” afirman los investigadores. Tampoco, dicen, “se espera una enorme proliferación de nuevas estaciones radio” (es decir, antenas), con la implantación masiva del 5G.

El listado de publicaciones del vídeo es “una selección interesada” proviene de una web “no fiable”

En el vídeo se explica que habría un listado muy largo de publicaciones científicas, este, que explicarían por qué el 5G no es seguro. Está extraído de una web llamada Environmental Health Trust. Sin embargo, Alberto Nájera, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) asegura que “esa web no es una fuente fiable de información científica” y que “el listado es una selección interesada, no sistemática de estudios”.

Manuel Vilches, vocal responsable de comunicación de la Sociedad Española de Física Médica (SEFM), explica a Maldita Ciencia cree que “la investigación sobre los efectos biológicos de estas radiaciones debe sin duda continuar”, porque la tecnología continuará extendiéndose debido a sus beneficios. Sin embargo, añade, “invertir la carga de la prueba argumentando el principio de prudencia, ignorando o despreciando esos beneficios, y enarbolando, sin una lectura crítica, una lista de publicaciones en la que se mezclan artículos sin revisión de pares y artículos de opinión, es poco científico y podría considerase incluso demagógico”.

Las del 5G son radiaciones no ionizantes, es decir que tienen poca energía

Llanlle Millán explica que “no toda la radiación electromagnética va en el mismo saco”. De un lado está la radiación ionizante, “que tiene capacidad para interaccionar con los electrones del cuerpo humano, y eso hace que pueda romper enlaces moleculares y provocar una cascada de efectos biológicos como las alteraciones del ADN que potencialmente generan cáncer, y otros efectos como necrosis en algunos tejidos, etc.”, explica.

“Estas radiaciones”, añade, “están causadas por la parte de alta frecuencia de las radiaciones electromagnéticas: radiación ultravioleta, radiación gamma y rayos X. Las antenas de telefonía, WIFI, radares, ondas de radio y televisión no pertenecen a esta clasificación y no producen este tipo de efectos”, enfatiza esta científica.

En cambio, el tipo de onda que usa el 5G son ondas de baja frecuencia, y “forman parte de las radiaciones no-ionizantes, como la luz visible, los infrarrojos, las ondas de radio y televisión, la telefonía, Internet, etc.,” es decir radiaciones con energía no suficiente para arrancar átomos de los electrones.

Su interacción con el cuerpo humano es muy superficial. “Una fracción de la onda que nos llega rebota y se refleja”, explica. “Otra fracción es absorbida por las capas más superficiales del cuerpo, ya que no tienen suficiente energía para penetrar más. El único tipo de interacción a tener en cuenta que este tipo de ondas puede tener con nuestro organismo es un blando efecto térmico superficial”.

Las frecuencias del 5G no son “altísimas; al contrario, son de las más bajas que hay

Es importante tener en cuenta, remarca Millán, que en el espectro electromagnético, las ondas radio y las microondas, de las que son parte las ondas utilizadas para el 5G, tienen una frecuencia mucho más baja que, por ejemplo, el infrarrojo (que cualquier cuerpo emite por estar a una determinada temperatura) o la luz visible, que también son radiaciones no ionizantes.

Decir, como hace este señor en el vídeo, que son ‘una frecuencia altísima, enorme’ no tiene ningún sentido. ¿Enorme respecto a qué?”, se pregunta la científica.

En este esquema se ve que, en el espectro electromagnético, cuando la longitud de onda crece, la frecuencia disminuye y viceversa. Por lo tanto, las ondas radios (que tienen la longitud de onda máxima, de los metros arriba) tienen la frecuencia mínima. La energía de una onda es directamente proporcional a su frecuencia: a más frecuencia, más energía.

La frecuencia de una onda es inversamente proporcional a la longitud de onda, y directamente proporcional a su energía, como se ve bien en este vídeo:

Los organismos internacionales que hacen recomendaciones las revisan constantemente en base a la evidencia científica

“El organismo internacional encargado de hacer recomendaciones es la ICNIRP, la Comisión Internacional de Protección Radiológica No Ionizante, un organismo internacional reconocido por la OMS y completamente independiente que se dedica a recoger todos los estudios científicos asociados al tema, evaluarlos y ponerlos en conjunto para establecer límites a la exposición y uso de las radiofrecuencias de forma que sean inocuas para la población”, explica Millán. “Estos límites no son fijos, si no que se actualizan y revisan constantemente en base a las nuevas evidencias científicas que se vayan produciendo, y también en base a la evolución de las sociedades”.

“Los estándares se establecen en base a metaestudios muy minuciosos que recogen y analizan en conjunto los resultados de múltiples experimentos, ensayos clínicos, etc, en relación con el tema”, añade Millán. “Evidentemente, para formar parte de un metaestudio, los trabajos que se recogen tienen que cumplir con el método científico y con los criterios de calidad científica como reproducibilidad, ausencia de conflictos de intereses, revisión por pares, correcto tratamiento de datos, etc”.

Los límites que se establecen internacionalmente ya son muy conservadores

¿Cómo funcionan estas recomendaciones internacionales? “Se recogen todas las evidencias científicas y se establece un umbral de exposición y dosis mínima para la cual potencialmente podrían empezar a producirse efectos adversos”, dice Millán.

Una vez se ha establecido ese umbral mínimo, la ICNIRP divide por 10 ese valor y lo establece como exposición máxima para los trabajadores profesionalmente expuestos y lo divide por 50 para establecer el límite máximo para el público general. Por poner un ejemplo sencillo, si una amplia colección de trabajos científicos coincidiera en que comerse a partir de 100 caramelos al día produce dolor de estómago, la ICNIRP establecería que el máximo número de caramelos a los que puede exponerse una persona al día es de 2.”

Y recuerda: “Estas pautas se extraen de la revisión de rigurosos trabajos científicos en medicina, biología, epidemiología y dosimetría, y tienen en cuenta que en la población general se producen distintas sensibilidades, así como las incertidumbres asociadas a los datos, por lo que siempre serán límites conservadores”. 

Un ejemplo de este tipo de estudios es el documento de ICNIRP del que hemos hablado al inicio.

Aquí encontramos otro ejemplo de un documento (de 2019) que fija los estándares de exposición conservadores de los que hablamos. Es preparado por el comité internacional sobre la seguridad electromagnética de la IEEE, el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, una asociación mundial de ingenieros con más de 400.000 mil miembros de 160 países del mundo dedicada a las nuevas tecnologías.

“Estos dos documentos son las normas por las que se rigen los países de todo el mundo a la hora de desarrollar sus normativas en cuanto a la implantación y uso de estas tecnologías,” aclara Millán. “La bibliografía de ambos es una colección enorme, revisada y contrastada, de estudios científicos independientes que garantizan lo inocuo del uso del 5G en el rango de exposición que tenemos en nuestro día a día”.

"Si hubiera algún mecanismo dañino ya se habría detectado"

“Más allá de que no ha podido probarse un mecanismo de acción conocido a través del cual las ondas electromagnéticas de frecuencias intermedias pudieran provocar un efecto biológico, la seguridad de estas ondas, utilizadas en las comunicaciones telefónicas móviles y la conexión inalámbrica de redes (WIFI), se sustenta, principalmente, en la evidencia epidemiológica, la cual nos permite concluir que, dado el uso globalizado y ubicuo de tales sistemas de comunicación en todas las poblaciones y rangos de edad, la gravedad e intensidad de los efectos para la salud de tal hipotético mecanismo de acción serían extremadamente pequeños, pues resultan indetectables epidemiológicamente,” dice Vilches.

“Con las ondas electromagnéticas convivimos desde el origen de la vida, y hoy día tras decenios de uso de la tecnología de comunicación inalámbrica. Los móviles son posiblemente el agente físico al que más estamos expuestos. Si hubiera algún mecanismo significativo dañino para la salud ya se habría detectado epidemiológicamente”.

Para este artículo nos ha prestado sus superpoderes la maldita física María Ángeles Millán Callado.

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Primera fecha de publicación de este artículo: 29/06/2020.

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