Maldita Ciencia
09/03/2020

Sí, existe el síndrome del bebé sacudido como consecuencia de jugar con un bebé a lanzarlo al aire

Evidentemente, nadie duda de que lanzar a un pequeño por los aires supone un riesgo para este. Podría caerse, golpearse, caer en una mala posición... Pero no solo eso. Esta semana nos habéis preguntado por otra de las posibles repercusiones que esta forma de "jugar" puede suponer para la salud de los más pequeños. En concreto, si el síndrome del bebé sacudido es real, en qué consiste y si este tipo de movimiento es una posible causa. La respuesta es sí: este existe y, de hecho, se estima que su incidencia es de 20-25 casos por cada 100.000 niños menores de dos años.

En efecto, según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS, por sus siglas en inglés), el síndrome del bebé sacudido (también conocido como traumatismo craneal por maltrato, síndrome de impacto por sacudida o síndrome de hipertensión cervical) es un tipo de traumatismo cerebral que ocurre al sacudir violentamente al pequeño.

"El síndrome del niño sacudido se debe a que, proporcionalmente, la cabeza de los bebés, es mucho más grande respecto a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos", explica a Maldita Ciencia Matilde Zornoza, pediatra y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. Añade que, además, los músculos del cuello de los más pequeños son débiles y tienen menos fuerza para sujetar bien la cabeza.

"El cerebro del bebé es más blandito y con los vasos sanguíneos más frágiles. Este “baila” dentro del cráneo duro, golpeando contra las paredes. Se produce inflamación o sangrado en el cerebro y las membranas que lo recubren, las meninges", explica la pediatra.  

La peligrosidad de este síndrome es que destruye las células cerebrales del niño, impidiendo que reciba suficiente oxígeno. "Las sacudidas hacen que el frágil cerebro sufra contusiones, hinchazón y hemorragia", explica aquí el NINDS. "Las lesiones suelen presentarse en niños menores de 2 años de edad, pero pueden verse en niños hasta de 5 años", añaden.

La repercusión que esto puede tener en los niños, según indica Zornoza, depende de la gravedad de los casos. Si los zarandeos son leves pero repetidos, pueden influir en el retraso en el inicio del lenguaje, problemas de aprendizaje o problemas motores. Si estos son más intensos, el niño puede llegar a fallecer a causa del mismo. "De aquellos que sobreviven, la mitad quedan con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, retraso mental, ceguera o epilepsia", advierte la experta. 

El motivo más frecuente por el que se suele agitar al pequeño, según explica la Asociación Española de Pediatría (AEP) es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador y que, finalmente, zarandea al niño. También puede ocurrir al tratar de 'reanimarlo' ante una situación que el cuidador entiende como amenazante para su vida (un espasmo del sollozo, un atragantamiento o un ataque de tos).

Con respecto al hecho de lanzar al bebé al aire jugando, la AEP, indica que no conlleva riesgo de daño cerebral especialmente alto siempre y cuando el juego no sea muy violento, como sería hacerlo de manera repetida a alturas mayores de 20 centímetros. Sin embargo, advierte de que, a pesar de ello, lo recomendable es evitar este tipo de juegos, ya que el niño podría caer y lesionarse.

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