Maldita Ciencia
06/03/2020

Síndrome del bebé sacudido, bebida de soja e hipotiroidismo y aumento de peso por alcohol. Llega a Maldita el 81º consultorio científico

¡Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro consultorio, malditas y malditos! Un viernes más, aquí os traemos las respuestas a cuatro de las preguntas que nos habéis planteado estos días.

Además, os recordamos que podéis formar parte de nuestro podcast Maldita la Hora. ¿Cómo? Mandando vuestras consultas a través de un audio a nuestro WhatsApp (655 19 85 38). También podéis seguir haciéndolo por escrito utilizando cualquiera de nuestras redes sociales (tanto Twitter como Facebook) o por e-mail ([email protected]). ¡Nos ponemos a ello!

¿Existe el síndrome del bebé sacudido, la consecuencia de jugar con un niño lanzándole por los aires?

Evidentemente, nadie duda de que lanzar a un pequeño por los aires supone un riesgo para este. Podría caerse, golpearse, caer en una mala posición... Pero no solo eso. Esta semana nos habéis preguntado por otra de las posibles repercusiones que esta forma de "jugar" puede suponer para la salud de los más pequeños. En concreto, si el síndrome del bebé sacudido es real, en qué consiste y si este tipo de movimiento es una posible causa. La respuesta es sí: este existe y, de hecho, se estima que su incidencia es de 20-25 casos por cada 100.000 niños menores de dos años.

En efecto, según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS, por sus siglas en inglés), el síndrome del bebé sacudido (también conocido como traumatismo craneal por maltrato, síndrome de impacto por sacudida o síndrome de hipertensión cervical) es un tipo de traumatismo cerebral que ocurre al sacudir violentamente al pequeño.

"El síndrome del niño sacudido se debe a que, proporcionalmente, la cabeza de los bebés, es mucho más grande respecto a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos", explica a Maldita Ciencia Matilde Zornoza, pediatra y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. Añade que, además, los músculos del cuello de los más pequeños son débiles y tienen menos fuerza para sujetar bien la cabeza.

"El cerebro del bebé es más blandito y con los vasos sanguíneos más frágiles. Este “baila” dentro del cráneo duro, golpeando contra las paredes. Se produce inflamación o sangrado en el cerebro y las membranas que lo recubren, las meninges", explica la pediatra.  

La peligrosidad de este síndrome es que destruye las células cerebrales del niño, impidiendo que reciba suficiente oxígeno. "Las sacudidas hacen que el frágil cerebro sufra contusiones, hinchazón y hemorragia", explica aquí el NINDS. "Las lesiones suelen presentarse en niños menores de 2 años de edad, pero pueden verse en niños hasta de 5 años", añaden.

La repercusión que esto puede tener en los niños, según indica Zornoza, depende de la gravedad de los casos. Si los zarandeos son leves pero repetidos, pueden influir en el retraso en el inicio del lenguaje, problemas de aprendizaje o problemas motores. Si estos son más intensos, el niño puede llegar a fallecer a causa del mismo. "De aquellos que sobreviven, la mitad quedan con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, retraso mental, ceguera o epilepsia", advierte la experta. 

El motivo más frecuente por el que se suele agitar al pequeño, según explica la Asociación Española de Pediatría (AEP) es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador y que, finalmente, zarandea al niño. También puede ocurrir al tratar de 'reanimarlo' ante una situación que el cuidador entiende como amenazante para su vida (un espasmo del sollozo, un atragantamiento o un ataque de tos).

Con respecto al hecho de lanzar al bebé al aire jugando, la AEP, indica que no conlleva riesgo de daño cerebral especialmente alto siempre y cuando el juego no sea muy violento, como sería hacerlo de manera repetida a alturas mayores de 20 centímetros. Sin embargo, advierte de que, a pesar de ello, lo recomendable es evitar este tipo de juegos, ya que el niño podría caer y lesionarse.

¿Es cierto que el alcohol no engorda?

No es la primera vez que nos preguntáis si el alcohol puede ayudarnos a adelgazar o, por el contrario, contribuye a que ganemos algún que otro kilo. Vuestra duda viene de este texto que dice que, pese a la creencia popular de que la gran carga calórica del alcohol se relaciona con un incremento de peso, "el alcohol (exceptuando la cerveza) no engorda". De primeras, os recordamos que aquí y aquí ya explicamos que ni la cerveza ni el tequila son tus posibles aliados si lo que quieres es reducir la cifra que marca la báscula. ¿Y el resto?

"Como pasa muchas veces en este tipo de artículos, se parte de un razonamiento lógico y verdadero, pero la conclusión no lo es tanto", indica a Maldita Ciencia el dietista-nutricionista Daniel Ursúa, y admite que el sistema que tenemos para medir las calorías que aporta cada alimento no ha variado mucho desde sus inicios. "De hecho, es igual de 'malo' o 'bueno' para todas las variables (bien sean proteínas, grasas, hidratos de carbono o, en este caso alcohol)", añade.

Con respecto a las calorías presentes en el alcohol y su método de medición, Sevi González, dietista-nutricionista y maldito que nos ha prestado sus superpoderes explica que todo lo que sean calorías capaces de producir energía van a sumar en el cómputo dietético. Las procedentes del alcohol en concreto, unas 7 kcal por cada gramo.

Para poner en contexto esta cifra, ten en cuenta que las espinacas tienen unas 0,2 kcal por gramo y la leche alrededor de 0,6. El aceite, del que sabemos que tiene una alta carga calórica, presenta cerca de 9 por cada gramo, muy próximas a las 7 de las bebidas alcohólicas.

"Lo perjudicial de su consumo (en cuanto al aporte energético) no viene dado por la cantidad de calorías si no por lo 'gratuitas' que son las mismas: son calorías vacías", indica Ursúa. Primera conclusión: el alcohol no nos va a ayudar a adelgazar, ya que aporta energía y, además, no proporcionará nutrientes que nuestro organismo pueda aprovechar.

Independientemente de que este tuviese menos o incluso no tuviese calorías, la forma en la que se consume habitualmente tampoco nos libraría de un posible exceso calórico. "Los combinados seguirían tomándose con refrescos repletos de azúcar, el vino o la cerveza se seguirían acompañando de snacks, su consumo seguiría estando relacionado con otros hábitos poco saludables como el sedentarismo", enumera Ursúa. "Y, sobre todo, el alcohol seguiría siendo el mismo tóxico y tomarlo, seguiría estando relacionado con varios tipos de cáncer, entre otras patologías", afirma.

Centrar nuestra atención en contar calorías y, por consiguiente, en el peso, forma parte del origen de muchos de los problemas actuales de salud pública, según Ursúa. "Dietas milagro, trastornos de la conducta alimentaria, sobrepeso y obesidad… Todo ello tiene una fuerte relación con seguir manteniendo el peso como el eje de todo. La salud es muchísimo más amplia que el peso", concluye. Aún así, si nuestro objetivo es no engordar por culpa del alcohol, González sugiere una efectiva solución: no beberlo.

¿Existe relación entre la bebida de soja y el hipertiroidismo e hipotiroidismo?

Otra de las preguntas que nos habéis planteado esta semana es si existe alguna relación entre el los trastornos del tiroides y la bebida de soja. Aunque no hemos encontrado un nexo de unión entre esta y el hipertiroidismo, sí lo hay entre la soja y los productos derivados de esta y el hipotiroidismo, situación en la que esta glándula no produce la cantidad suficiente de ciertas hormonas indispensables.

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el hipotiroidismo puede manifestarse a través de un crecimiento deficiente, habla lenta, falta de energía, cansancio excesivo o aumento de peso, entre otros síntomas. Para revertir estos síntomas, se utiliza la levotiroxina, una forma sintética de la tiroxina (hormona tiroidea), usada como un reemplazo hormonal en pacientes con problemas de tiroides.

La relación que mantiene con la bebida de soja es que, según varios estudios (como este o este), los derivados de la leguminosa pueden interferir en la absorción de levotiroxina. En el prospecto de muchos de estos fármacos se advierte de que "los productos que contienen soja pueden reducir la absorción de levotiroxina desde el intestino" y recomiendan "informar a nuestro médico si tomamos productos que contienen soja, especialmente si modifica la cantidad que ingiere" ya que esto puede hacer que sea necesario "ajustar la dosis".

Otros estudios concluyen que la ingesta de bebida de soja en niños con hipotiroidismo congénito aumenta las necesidades de levotiroxina, igual que lo hacen los suplementos de soja en los adultos.

Según este artículo de la Clínica Mayo, "no hay evidencia que indique que las personas que tienen hipotiroidismo deban evitar por completo el consumo de soja". Sin embargo, recomienda "esperar cuatro horas después de tomar el medicamento para la tiroides antes de consumir productos que contengan soja".

¿Funciona la aromaterapia, una técnica que afirma mejorar la salud física o mental a través de aceites esenciales?

Cada vez más de vosotros os cuestionáis y os animáis a preguntarnos por la supuesta eficacia tanto de las 72 técnicas que el gobierno ya considera pseudoterapias, como de las 66 que aún están en investigación. Esta semana, la escogida ha sido la aromaterapia, que forma parte de la segunda de estas listas. A pesar de que los estudios disponibles sobre ella muestran resultados contradictorios, no hay evidencias científicas que demuestren los supuestos beneficios que se le atribuyen.

De hecho, las investigaciones que insinúan que sí los hay, tienen una metodología deficiente que incluso los autores admiten: baja calidad, tamaño de muestra insuficiente, no se pueden sacar conclusiones, se necesitan más estudios…

"Se ha demostrado que algunos aceites esenciales poseen propiedades bactericidas, sedantes, o antiinflamatorias", indica aquí el Grupo de Investigación en Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). "A pesar de esto no hay estudios clínicos que demuestren la total eficacia de la aromaterapia más allá del efecto placebo". Tampoco ha mostrado ser efectiva para tratar la ansiedad, según esta revisión; e incluso los autores de otras (como esta y esta) admiten las limitaciones de sus resultados en relación a los supuestos beneficios frente al dolor.

Según sus adeptos, las moléculas olorosas de los aceites esenciales utilizados para esta práctica "llegarían a la pituitaria a través del aire, y de allí al bulbo olfativo, directamente conectado con el sistema límbico" y que este "es el centro donde se gestionan todas las emociones, y se promueven respuestas somáticas en el organismo, respuestas fisiológicas, y diferentes estados de ánimo".

Según Fernando Cervera, biólogo y vocal de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), esto ocurre con cualquier estímulo que recibimos: no solo los olores, también los colores o los sonidos estimulan ciertas partes del cerebro. ¿Pueden por ello tener un efecto significativo sobre problemas de salud? "La respuesta, hasta donde llega la evidencia, es que no", afirma Cervera.

"En su concepción original, la aromaterapia hacía referencia al uso de aromas o aceites esenciales que, por vía olfativa, originarían una respuesta en el individuo con capacidad terapeútica", explica a Maldita Ciencia el farmacéutico Roi Cal Seijas. "Sin embargo, a día de hoy, el concepto es mucho más amplio y hace referencia al empleo de aceites esenciales con finalidades terapéuticas cuando estos se usan por cualquier vía de administración (tópica, inhalatoria o sistémica)", añade.

De aquí deriva uno de los posibles efectos perjudiciales que esta técnica puede suponer para el paciente. Los productos que utiliza, especialmente si se administran por vía oral, no están exentos de efectos secundarios, contraindicaciones e interacciones, según advierte Cal. Además, según los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), entre los efectos adversos relacionados con estos aceites y su aplicación directa sobre la piel, se han reportado casos de dermatitis, reacciones alérgicas y fototoxicidad (al aplicarlos antes de la exposición al sol) tras su uso.

Aun así, el peligro principal, como ocurre con el resto de terapias pseudocientíficas, es que puede conseguir que, de cierto modo, se dejen a un lado los tratamientos médicos reales (como antibióticos en caso de infecciones respiratorias, dentales o urinarias, por ejemplo), aun sin existir evidencias científicas que avalen su eficacia. "Esto puede causar un serio perjuicio para los pacientes, si retrasamos un diagnóstico o un tratamiento antibiótico necesario", advierte Cal.

Es cierto que, por norma general, la aromaterapia se propone como un complemento. Sin embargo, sí que puede ocurrir que se plantee como un sustitutivo en algunas ocasiones. "El mayor riesgo es que esta práctica sirve de trampolín hacia muchas otras pseudoterapias que sí se ofrecen como alternativa a tratamientos reales, que pueden suponer un retraso en la atención terapéutica o que directamente pueden tener efectos secundarios nocivos", explica Cervera.

Y por último...

Siempre os decimos que estamos encantados de ayudaros y responder a vuestras preguntas. Pero también os decimos que, para algunas preguntas, no nos necesitáis a nosotros sino a un médico especialista que conozca vuestro caso y pueda orientaros. ¡Hasta el viernes que viene!

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes los malditos Matilde Zornoza para la consulta sobre el síndrome del bebé sacudido y Sevi González para la consulta sobre el alcohol y el aumento de peso.

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