Maldita Ciencia
23/01/2020

No, el tamaño físico del estómago en reposo no cambia en función de la cantidad de comida a la que le habitúes (este tipo de modificaciones solo se consiguen a través de cirugía)

Esta semana nos habéis planteado cómo influye en nuestro estómago la cantidad de comida que estemos acostumbrados a ingerir de una sentada. En concreto, si aumentar o disminuir las porciones durante un tiempo prolongado, habituándonos a estas, podría hacer más grande (si comemos más) o más pequeño (si comemos menos) nuestro estómago. ¿Por qué? Porque notáis que tenéis más o menos hambre. Pero no, aunque sí es posible cambiar el modo en el que tu estómago ajusta la sensación de hambre o saciedad, su tamaño en reposo no varía.

"Cuando comemos, nuestro estómago se llena de alimentos y comida. Si seguimos comiendo una vez está lleno, puede estirarse, como si se tratase de un globo, para hacer espacio a la comida adicional", puede leerse en este artículo del portal de noticias sanitarias Healthline. Esta situación puede dar lugar a molestias estomacales. "Aunque el estómago volverá a su tamaño habitual una vez se digiera la comida, se expandirá más fácilmente si comes excesivamente con frecuencia", añade el texto.

Por otro lado, según explica a Maldita Ciencia Domingo Carrera, médico especialista en nutrición del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED), si comemos grandes cantidades durante periodos prolongados vamos a hacer que la sensación de saciedad llegue más tarde. "Si, por el contrario, las reducimos, al principio sentiremos hambre pero luego desaparecerá: si bien el estómago no se reduce físicamente más del tamaño original cuando está vacío, la sensación de saciedad llegará antes", añade.

Hay que tener en cuenta que la sensación de hambre y de saciedad la regula una zona del cerebro, el hipotálamo. "Estos centros se activan y regulan por diferentes neurotransmisores que segregan el estómago, el duodeno y el propio cerebro. Cuando se activa uno, se inhibe el otro y viceversa", describe Carrera. "La presencia o ausencia de comida en el estómago estimulará la secreción de estos neurotransmisores", continúa.

Cuanto más comemos más acostumbramos a que el centro de saciedad se active con esa gran cantidad de comida; si no la ingerimos, sentiremos apetito. "Al comer repetidamente más cantidad de una vez, tardaremos más en saciarnos (por lo que para no sentir hambre tendremos que seguir comiendo esas grandes porciones)", matiza Carrera. Sin embargo, si reducimos paulatinamente la cantidad de comida, acostumbrando a nuestro estómago a porciones más pequeñas, a la larga conseguiremos saciarnos antes.

"Las modificaciones naturales del tamaño gástrico acompañan generalmente al tamaño del individuo, es decir, nuestro estómago aumenta de tamaño con la edad", señala a Maldita Ciencia Violeta Sastre, médica especialista en el aparato digestivo. "Las modificaciones de tamaño permanente se realizan mediante resecciones quirúrgicas gástricas (cirugía de obesidad), endoscopias bariátricas (especialidad médica compuesta por técnicas endoscópicas seguras y mínimamente invasivas que se realiza por la boca), entre otras", concluye la experta.

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