Maldita Ciencia
19/11/2019

No, tomar vinagre no destruye los glóbulos rojos de la sangre

Dice la sabiduría popular que, "una buena ensalada, bien salada y aceitada y poco avinagrada". ¿Por qué? ¿Es acaso el vinagre perjudicial? En este caso la respuesta es sencilla: en una ensalada, mucho vinagre podría eclipsar el resto de sabores. Ahora bien, aunque no sea este el caso, sí que nos habéis preguntado por este ingrediente en relación a nuestra salud. En concreto, si el vinagre que ingerimos puede destruir los glóbulos rojos.

Vayamos por partes: es cierto que en un tubo de ensayo y en contacto con la sangre, la acidez del vinagre podría acabar con los glóbulos rojos, ya que su pH no es fisiológico, es decir, no es compatible con el de nuestro cuerpo (mientras que el pH de la sangre fluctúa entre 7,35 y 7,45; el del vinagre lo hace entre 2,4 y 3,4; mucho más ácido).

Sin embargo, esto es muy diferente a lo que ocurriría dentro del organismo. ¿Por qué? Porque al ingerirlo, el vinagre irrumpe en nuestro sistema digestivo, pero no en el sistema circulatorio, donde se encuentran los glóbulos rojos. ¿O tú dejas de comer magdalenas por si te absorben la sangre?

"La relación entre el vinagre y la disminución de glóbulos rojos solo sucede con el contacto directo, que no es lo que ocurre cuando lo ingerimos. No absorbemos el vinagre (ni ningún otro alimento) como tal", confirma a Maldita Ciencia Lidia Folgar, dietista-nutricionista. "Este tiene un proceso digestivo previo que lo hace descomponerse en nutrientes y micronutrientes por separado para poder absorberse. ¿O acaso pensamos que, si tomamos aceite de oliva, nuestra sangre se volverá grasienta?", bromea.

De hecho, y según explica Folgar en este artículo, nuestro estómago, segrega ácido clorhídrico, un ácido bastante más fuerte que el ácido acético del vinagre.

Folgar también desmiente que el vinagre sea capaz de licuar la sangre (que nos lo habéis preguntado), dado que nos encontraríamos ante el mismo caso que ya hemos comentado: el vinagre no está en contacto directo con los glóbulos rojos de nuestro sistema circulatorio.

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