Maldita Ciencia
01/11/2019

Teñirse el pelo durante el embarazo, lavar el arroz después de cocinarlo y vitamina C para el resfriado: el 63º consultorio llega a Maldita Ciencia

¡Buenos días un viernes más, malditas y malditos! Para no faltar a esta pequeña tradición semanal, hoy os traemos las respuestas a cuatro de las preguntas que nos habéis planteado a lo largo de los últimos días. Como ya sabéis, podéis enviarnos todas vuestras dudas y consultas a nuestro correo electrónico ([email protected]), WhatsApp (655 195 538), Twitter y Facebook. ¡Al lío!

¿Es recomendable aclarar el arroz después de cocerlo?

Muchos de vosotros lo hacéis y nos habéis preguntado si dar un agua al arroz después de cocerlo es realmente un punto a favor para nuestra salud o si no tiene incidencia directa en ella. Aclarar este alimento una vez cocinado nos permitirá deshacernos de parte del almidón que contiene, lo que hará que los granos queden más sueltos y no presenten una consistencia pastosa y pegajosa. Es decir, no hará que este sea más o menos saludable: puedes elegir si hacerlo en función de cómo te guste más.

En el tracto digestivo, la glucosa generada a partir del almidón servirá a nuestras células para producir la energía que requieren las funciones metabólicas. Sin embargo, un exceso de calorías procedentes de esta sustancia y que nuestras células no necesitan inmediatamente, se acumulará formando una despensa de glucógeno y grasa a las que las células puedan acceder en otro momento, cuando la requieran.

A largo plazo, y unido a una actividad física escasa o un estilo de vida sedentario, esto podría suponer ciertos problemas de salud, como obesidad o diabetes tipo 2, según este estudio, publicado en la revista científica PNAS. Sin embargo, esto no es algo exclusivo del consumo (de más) de almidón: ocurrirá lo mismo con el exceso calórico procedente de cualquier otro tipo de alimento.

En conclusión, puedes aclarar o no el arroz en función de tus gustos, pero no repercutirá positiva o negativamente en tu salud (mientras mantengas un estilo de vida saludable).

Ahora bien, si hablamos de aclararlo antes de cocinarlo (dejarlo en remojo unas ocho horas antes de cocerlo), sí podría beneficiarnos (aunque mínimamente) ya que nos desharíamos de parte del arsénico del cereal, una sustancia química considerada carcinogénica.

Por eso, como contamos aquí en Maldita Ciencia, en la Unión Europea se controlan los niveles de arsénico en el arroz (y en otros alimentos) para mantenerlos por debajo de los niveles que se pueden considerar seguros. Esto está regulado en el el Reglamento 2015/1006. Además, en países como Suecia y Reino Unido hay reglamentos y recomendaciones adicionales, como no dar bebidas o tortitas de arroz a menores de seis años y, en general, como nos contó Gemma del Caño, especialista en seguridad de la industria alimentaria, se recomienda no comer arroz más de cuatro veces a la semana. Gracias a estos controles sabemos que el arroz que consumimos en España es seguro y mantiene los niveles de arsénico controlados.

Teñirse el pelo durante el embarazo, ¿es peligroso para el futuro bebé?

Nos han llegado algunos mensajes en los que nos preguntabais si es cierto que teñirse el pelo durante el embarazo puede repercutir en el desarrollo y la salud del futuro bebé. Os contamos lo que hemos descubierto al respecto.

Es cierto que existen estudios que sugieren una posible relación negativa entre estos productos y la salud del bebé, como alteraciones en su peso al nacer o un mayor riesgo de sufrir leucemia durante los dos primeros años de vida. Sin embargo, las investigaciones se han realizado en ratones, utilizando una cantidad de producto mucho mayor que la que se utiliza para teñir el pelo y de manera continua, no como los tratamientos de color de este tipo que usa una mujer. Además, la proporción del producto que llega a la piel es muy pequeña (y menor aún la que logra absorberse) por lo que, en caso de que parte de este llegara a la placenta, la cantidad sería mínima.

“Hay que tener en cuenta que los estudios en relación a este tema son del tipo casos y controles, que sirven para generar hipótesis, pero no las confirman”, explica a Maldita Ciencia Ángela Hermosa, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología. Es decir, que para demostrar sus supuestas conclusiones sería necesario llevar a cabo un ensayo clínico. “Para ello, tiene que aprobarlo un comité ético y, a día de hoy, no se considera ético realizar ensayos clínicos en mujeres embarazadas, de ahí la falta de información”, aclara la experta.

Entonces, teniendo en cuenta todas estas variables, ¿podemos concluir que teñirse durante el embarazo o los meses previos a este puede ser perjudicial para el futuro bebé? La respuesta la da Rita Vassena, ginecóloga en Eugin, a Maldita Ciencia: “En principio, no. No hay estudios sustanciales que demuestren que utilizar estos productos pueda ser perjudicial para la fertilidad de la madre ni para la salud de su hijo”. Hermosa, por otro lado, recuerda que los tintes que se emplean en la actualidad tienen una escasa tasa de absorción cutánea y, en dosis tan bajas, carecen de efectos tóxicos. “Por tanto, y en principio, parece que su uso durante el embarazo y los meses previos es seguro”, añade.

El miedo a que estas tinciones puedan ser dañinas procede de observaciones o investigaciones de hace décadas. Estas sugieren que, al suministrar algunos de sus compuestos en altas concentraciones a ratas y ratones, podrían alterar su fertilidad. “Pero las dosis utilizadas en estos estudios son mucho más altas que las presentes en productos para el cabello”, aclara Vassena. “Además, en el laboratorio estos se suministran de manera continuada cosa que, evidentemente, no pasa con las personas (nadie se tiñe el pelo todos los días)”, añade.

Si miramos diferentes investigaciones, este estudio, llevado a cabo en más de 1300 mujeres, concluye no haber encontrado relación alguna entre el uso de estos productos y el cáncer cerebral en niños. Este otro, en ratas, no hallado diferencias en la fertilidad o en la salud de las futuras camadas hasta la segunda generación y tras el suministro de esa sustancia a las hembras durante todo el embarazo.

Ahora bien, esta otra investigación sugiere una asociación entre el uso de tintes y productos de alisado del cabello durante el embarazo y un aumento de enfermedad en niños menores de dos años. Por otro lado, este concluye que hay un mayor riesgo de alteraciones en el peso al nacer y este que aumenta el riesgo de padecer leucemia en la infancia (en una edad menor a los dos años).

“Por eso, y en general, la posición de los médicos es recomendar un uso prudente: seguir usando los productos sin miedo, ya que su toxicidad está lejos de comprobarse, pero minimizando la posibilidad de absorción, por si acaso”, aclara Vassena. Para ello, la experta recomienda usar guantes durante su aplicación, hacerlo en lugares bien ventilados, aclararlos correctamente después de haberlos utilizado y no dejar el producto actuar sobre la piel más de lo necesario, “sin pasarse”.

Puesto que los órganos vitales del futuro bebé se desarrollan durante el primer trimestre del embarazo y ante la falta de estudios clínicos, a día de hoy, lo más adecuado según Hermosa es evitar teñirse durante estos tres primeros meses y, de hacerlo, prestar atención al tinte utilizado. “Existen alternativas, como los tintes vegetales semipermanentes, por ejemplo”, plantea.

Antes de acabar, Vassena recuerda que no por tener el pelo largo se absorberá más producto. “Solo lo absorberá la piel de la cabeza, no el pelo: una mujer de melena larga no se expone más que una con el pelo corto. Además, aquellas que lleven mechas pueden continuar dándoselas sin miedo: en este caso el producto no entra si quiera en contacto con el cuero cabelludo”, concluye.

¿La vitamina C cura los resfriados?

Con la llegada del otoño vuelve a aparecer un visitante no deseado: el molesto resfriado. En este artículo ya os explicábamos algunos bulos que circulan sobre resfriados y gripes (y por qué no debes tomar antibiótico para curarte de un catarro). Pero hay uno por el que nos estáis preguntando que no estaba en esa lista y es el famoso mito de que beber vitamina C cura los catarros.

En primer lugar hay que recordar que los resfriados los causan los virus, en concreto, más de 200, que son los culpables de los síntomas que todos hemos sufrido: congestión nasal, estornudos, dolor de garganta, tos, dolor de cabeza o fiebre. Como explican en la página web de la organización sanitaria Cochrane, los síntomas varían de persona a persona y de resfriado a resfriado. Y repetimos: los virus no se curan con antibióticos (que son para tratar infecciones por bacterias).

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En cuanto a la vitamina C, los expertos de esta organización recalcan que “es necesario realizar más ensayos para establecer la posible función terapéutica de la vitamina C, es decir, de su administración inmediatamente después de la aparición de los síntomas”.

¿De dónde viene el mito? La vitamina C se aisló en los años 30 y es en la década de 1970, cuando el premio Nobel Linus Pauling concluyó que, tras varios ensayos controlados con placebo, la vitamina C podía prevenir y aliviar el resfriado común. A partir de ese momento, la vitamina C y todos los productos relacionados con ella empezaron a venderse y usarse como método preventivo y terapéutico para curar los catarros.

Para comprobarlo, tras más de dos docenas de nuevos ensayos, en 2013, dos investigadores de Finlandia y Australia elaboraron, para la Biblioteca Cochrane, una revisión sistemática de los ensayos publicados al respecto. Si hablamos de estudios con una ingesta de al menos 0,2 gramos diarios de vitamina C, según 29 comparaciones de ensayos que incluyeron a 11.306 participantes, la ingestión regular de vitamina C no tiene efectos sobre la incidencia del resfriado común en la población estándar.

No obstante, la administración regular de suplementos tuvo un efecto moderado pero consistente para reducir la duración de los síntomas del resfriado común, según 31 comparaciones de estudios con 9.745 episodios de resfriado común. En adultos, la duración de los resfriados se redujo en un 8% y en los niños en un 14%. Además, la gravedad de los episodios también se redujo con la administración regular de vitamina C.

Por otra parte, en cinco ensayos con 598 participantes expuestos a períodos cortos de estrés físico extremo (incluidos corredores de maratón y esquiadores), la vitamina C redujo a la mitad el riesgo de resfriado común. 

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Sin embargo, los ensayos que se han hecho con dosis altas de vitamina C administradas al empezar los síntomas no mostraron efectos consistentes ni en la duración ni la gravedad de los síntomas del resfriado. “Se han realizado pocos ensayos terapéuticos y ninguno ha examinado a niños, aunque el efecto de la vitamina C profiláctica ha sido mayor en los niños”, puntualizan estos expertos. 

Tras la revisión de todos los estudios publicados, los científicos concluyeron que, en vista del fracaso de la administración de suplementos de vitamina C para reducir la incidencia de los resfriados en la población general, la administración habitual de suplementos de vitamina C no está justificada.

Sin embargo, matizaron que la vitamina C puede ser útil en personas expuestas a períodos breves de ejercicio físico intenso. “Ante el efecto consistente de la vitamina C sobre la duración y la gravedad de los resfriados en los estudios de administración regular de suplementos, y debido a su bajo costo y seguridad, puede que valga la pena que los pacientes con resfriado común prueben individualmente si la vitamina C terapéutica tiene efectos beneficiosos para ellos”, plantean.

¿Es preferible mantener encendidas las bombillas o apagarlas si las vamos a volver a encender al poco tiempo?

Es la pregunta del millón: ¿consume más luz apagar y encender una bombilla en poco rato que mantenerla encendida? La respuesta corta es no. Vamos a ver qué pasa con distintos tipos de bombillas. Las bombillas incandescentes se han ido sustituyendo, primero por las CFL o fluorescentes compactas, las de bajo consumo y, desde hace unos años, estas están siendo sustituidas por bombillas LED, que también son de bajo consumo. 

Como explica a Maldita Ciencia Rubén Lijo, ingeniero eléctrico y divulgador, “en el caso de las bombillas LED, su alta eficiencia, su durabilidad y su principio de funcionamiento hacen que sea más rentable apagarlas siempre que no estemos en la habitación”.

Joaquín Giráldez, ingeniero cofundador de Ingebau, lo explica así: “El único motivo por el que pueda ser más rentable mantener una máquina funcionando es que tenga un sobrecoste el arranque. Este sobrecoste puede ser por picos de consumo en el arranque o por desgaste que implique menos horas de funcionamiento. Ninguno de los casos ocurre con los LEDs. Los antiguos fluorescentes podrían tener cierto desgaste del cebador (el “cacharro” para el arranque) pero su coste es tan ínfimo que no afecta”.

Foto de Mark jurrens.

En el caso de las fluorescentes compactas (CFL) la energía extra necesaria para encenderla es equivalente al consumo de unos 5 segundos. Sin embargo, en este caso hay que tener en cuenta otro factor. Estas bombillas tienen un número máximo de encendidos y apagados, por lo que tendremos que reemplazarlas antes cuanto más las apaguemos. Teniendo en cuenta esto, algunos fabricantes recomiendan mantenerlas encendidas si vas a volver a usarlas en menos de 15 minutos

Lijo indica que “en el caso de las fluorescentes compactas, es recomendable dejarla encendida solo si el tiempo en que se va a volver a la habitación iluminada es corto”. El ingeniero remite a datos del CIEMAT y la UPM, que han hecho el ejercicio de calcular exactamente ese tiempo en función de qué queramos reducir. Si queremos reducir la emisión de gases de efecto invernadero, se debe dejarla encendida si se piensa volver a la habitación en menos de 5 minutos. En cambio, si queremos reducir la emisión de mercurio, se debe apagar la luz al salir a no ser que prevea volver antes de 43 minutos. Por último, si lo que queremos es ahorrar, se debe apagar la luz a no ser que se pretenda volver antes de 7 minutos.

En el caso de las bombillas tradicionales se recomienda apagarlas siempre. La razón es que son muy poco eficientes, solo convierten el 10% de la energìa en luz. El resto se desperdicia en forma de calor. El uso de estas bombillas está desaconsejado. Joseba Peli de Grande, de ElectroAhorro2000, explica a Maldita Ciencia que "otro inconveniente de la bombilla tradicional, la estándar de filamento, es que según fabricantes de primer orden, su vida media es de poco más de 2500 horas”. Y añade que “por comparación, la duración de la tecnología LED es una enorme ventaja, ya que la duración de una bombilla de este tipo, en función de su calidad y  fabricante, oscila entre las 15.000 y las 100.000 horas”.

Y antes de que te vayas...

Nos repetimos hasta la saciedad (lo sabemos), pero queremos recordaros una vez más que, para consultas personales, casos específicos y diagnósticos particulares, lo mejor es acudir a un profesional médico que estudie el caso y os recomiende el tratamiento más adecuado. ¡Pasad muy buen fin de semana!

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