
El sistema de pensiones de Suecia es un modelo mixto, donde el 18,5% de los ingresos computables de los trabajadores se destina a la pensión pública: un 16% se utiliza para pagar las pensiones actuales y el otro 2,5% se deposita en fondos de inversión destinados a financiar la futura pensión del propio trabajador, que puede elegir entre fondos gestionados por entidades públicas o privadas.