No todas las sustancias que mencionan en el vídeo que circula figuran en el etiquetado de estas frutas. El contenido afirma que los limones de Mercadona “tienen E-903 y E-904 que son imazalil, tiabendazol y pirimetanil”, además de E-202, mientras que en la etiqueta se indica que están “tratados con tiabendazol, fludioxonil y ceras E-903”.

Los fungicidas que sí utilizan en los limones de Mercadona: tiabendazol y fludioxonil
El tiabendazol y el fludioxonil son fungicidas que se aplican a cítricos y otras frutas, normalmente tras la cosecha, para que no se pudran por hongos durante el almacenamiento y el transporte. Ambos se concentran sobre todo en la superficie de los frutos, precisamente la parte que, en el caso de los limones, es habitual retirar. Albert Monferrer, biotecnólogo alimentario y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, recuerda que, en el caso concreto de los limones, “solo ingeriríamos estas sustancias si nos comiéramos la piel” y bastaría con lavarlos para retirar la mayor parte de ellas. En cualquier caso, incluso comiendo la cáscara, en las cantidades en las que se utiliza, estas no supondrían riesgos para la salud.
Como también ocurre con el resto de aditivos alimentarios autorizados en la UE, la legislación europea evalúa su seguridad periódicamente en base a las dosis habituales de utilización y solo permite su uso en aquellas cantidades que están por debajo de lo que se considera seguro. Las autoridades fijan una ingesta diaria admisible (IDA) diferente para cada uno de ellos, lo que supone la cantidad de X sustancia que una persona puede tomar cada día durante toda su vida sin que esto suponga un riesgo apreciable para su salud. “La UE regula muy bien los tratamientos fitosanitarios que se pueden aplicar y los tratamientos postcosecha, controlan los residuos máximos permitidos y dan un margen de seguridad amplio”, añade Monferrer.
Por qué estas sustancias no suponen problemas de salud en la cantidad en la que se usan
En el caso del fludioxonil, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), establece una IDA de 0,37 mg por kilo de peso corporal al día. Para el tiabendazol, de 0,1 mg por kilo de peso corporal al día. Para una persona adulta de 70 kilos, esto equivaldría a comer diariamente 26 mg y 7 mg como máximo seguro de consumo de cada sustancia, respectivamente (lo que supondría comer 2,6 kilos diarios de limones con piel en relación al fludioxonil y/o un kilo diario en caso del tiabendazol). Además, superar esa cifra no supondría un daño inmediato, ya que la IDA se calcula para una exposición diaria durante toda la vida. Estas cantidades son prácticamente inalcanzables en una dieta normal, teniendo en cuenta el límite máximo de estos residuos (LMR) que permite la Unión Europea en los cítricos (10 y 7 mg por kilo de limones).
En cuanto a los riesgos documentados de la exposición a estas sustancias en dosis altas, la principal preocupación es su papel como disruptores endocrinos, lo que supondría que pudiesen alterar el funcionamiento de las hormonas. En 2022, la EFSA concluyó que el tiabendazol puede afectar al tiroides, a partir de alteraciones observadas en esta glándula en animales de laboratorio. En 2024 llegó a una conclusión similar sobre el fludioxonil, en su caso por su efecto sobre las hormonas sexuales: en ratas retrasó la maduración sexual, eso sí: se utilizaron dosis unas 470 veces superiores a su IDA. Se trata de efectos que no se han observado con las cantidades que llegan a través de la alimentación. Ambas sustancias están autorizadas en la UE, dentro de los límites que ya hemos explicado: el tiabendazol hasta el 31 de marzo de 2032 y el fludioxonil hasta el 30 de septiembre de 2027.
Las ceras E-903: se utilizan para proteger los limones y no suponen riesgos para la salud
El E-903 es un tipo de cera que se utiliza en pequeñas cantidades para cubrir frutas y que no supone riesgos para la salud. “Las ceras, cualquiera de ellas, son ingredientes inertes que protegen al fruto de contaminaciones de hongos, retrasan su resecamiento y dan brillo. Aparecen de forma natural en frutas como las manzanas”, cuenta Monferrer. Como ya explicamos en Maldita.es, además de la presencia natural de esta sustancia en algunos frutos, es común que la industria los añada también a posteriori para conseguir precisamente esa protección. Al mismo tiempo mejora su aspecto ante los consumidores.
En concreto, la E-903 es cera de carnaúba, “una cera natural que se extrae de las hojas de una palmera”, cuenta el experto.

Al igual que con los fungicidas, los aditivos alimentarios también son evaluados por las autoridades europeas para controlar las dosis seguras para el consumo. La cantidad máxima permitida de E-903 es de 200 mg/kg y solo en la superficie del fruto, y la EFSA determinó en 2012 que no existe preocupación por la seguridad de su consumo. Estos mecanismos de control van en línea con uno de los objetivos principales de la Política Agraria Común de la UE, que busca proteger la seguridad alimentaria de sus ciudadanos.
Lo que no aparece en la etiqueta: E-904, E-202, imazalil y pirimetanil
El vídeo afirma erróneamente que los aditivos E-903 y E-904 se corresponden, además de con tiabendazol, con dos fungicidas (imazalil y pirimetanil). Esto no es así: el E-904 es otro tipo de cera, en este caso goma laca, de la que ya te hemos hablado. Se utiliza con la misma función que el E-903: dar brillo y proteger la superficie de la fruta. Se obtiene de una resina que segrega un insecto, la cochinilla de la laca. La EFSA la evaluó en 2024, fijó una IDA de 4 mg por kilo de peso al día y concluyó que no supone riesgos para la salud.
Por último, también señalan sin fundamento (no aparece en la etiqueta) la presencia de E-202 (sorbato potásico), un conservante. Su uso está autorizado en la aplicación en superficie de las frutas con un máximo de 20 mg por kilo. En Maldita.es hemos revisado los dictámenes de la EFSA sobre esta sustancia y no hemos encontrado evidencia científica que relacione su uso con la proliferación de cálculos renales.