

Un meteorólogo de Capital Weather (en Washington D.C.) señaló el 12 de septiembre que había “entre un 30% y un 40% de probabilidades” de que una borrasca en el sureste de Italia evolucionase a un ‘medicán’ y que, con una confianza de “baja a media”, podía desarrollarse entre el 15 y el 17 de septiembre. El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF por sus siglas en inglés) considera “útiles” los pronósticos con un 60% de precisión y “muy precisos”, los que son a partir del 80%. Por otra parte, uno de los contenidos se difundió con una predicción con hasta 15 días de antelación. Tanto el ECMWF como el servicio meteorológico estadounidense señalan que las previsiones con tanta antelación solo aciertan alrededor del 50% de las veces.
El portavoz de la AEMET José Ángel Nuñez explica a Maldita.es que, a 15 de septiembre de 2026, “la previsión es que la zona más adversa” de la formación meteorológica que se ve en los modelos “tenga su ciclo de vida en el mar”, afectando entre el 15 y el 16 de septiembre “a zonas del oeste del Peloponeso y Creta, pero sin características de medicán”.
José Luis Sánchez, catedrático de Física Aplicada en la Universidad de León y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, señala que los ‘medicanes’ “son más probables en las zonas más orientales del Mediterráneo” y que “esto se debe a que el agua del mar está en una temperatura más elevada” y, al chocar el aire frío en altura con el agua más cálida, provoca fuertes tormentas, que liberan suficiente calor como para formar un centro cálido similar al de un huracán, detalla también la Organización Meteorológica Mundial.
En España, el ‘medicán’ Rolf (noviembre de 2011) afectó a las Baleares durante pocas horas. En el Mediterráneo, el más reciente fue el ‘medicán’ Jolina (marzo de 2026), que afectó a partes del norte de África, al sur de Italia y a Libia.

¿El cambio climático está trayendo más ‘medicanes’? Dos estudios reconocen que hay “incertidumbres”
“No está claro que el cambio climático vaya a incrementar el número de este tipo de ciclones”, señala Nuñez, pero apunta que sobre lo que sí existe mayor consenso es sobre que, debido a la mayor disponibilidad energética, con la temperatura del mar más elevada, “los medicanes podrían volverse más peligrosos con el tiempo, con una mayor duración y vientos y precipitaciones más intensos”.
Un estudio publicado en 2021, con siete modelos climáticos regionales del proyecto Med-CORDEX, señaló que “a final del siglo XXI habrá una disminución del número de ciclones” que cruzan el Mediterráneo central y que solo en algunas zonas muy concretas de esa área se preveía más lluvia e intensidad de viento asociada a los ciclones. En la misma línea, un estudio anterior, publicado en 2016, ya señalaba que había más probabilidad de tener menos ‘medicanes’ en el futuro, pero que los más fuertes serían más intensos. Ambos estudios reconocen que hay “incertidumbres” en los resultados según los modelos climáticos que se usen.
Ambos trabajos coinciden en que se espera que la temperatura de la atmósfera se vuelva más estable en vertical con el calentamiento global, lo que dificulta que se formen estos ciclones, pero que la temperatura del agua del mar será más elevada, aportándoles más energía. Con esto, cuando las condiciones sean favorables para la formación de un ciclón, el ‘medicán’ resultante podría llegar a ser más peligroso que los actuales.
Aun así, un estudio publicado en 2024, en el que participó la AEMET, señaló que “debido a su pequeño tamaño y a la investigación relativamente reciente de estos ciclones”, “no existe una categorización sólida que determine qué ciclones mediterráneos pueden considerarse medicanes”. Concluyó que “no todos los ciclones con un núcleo cálido profundo en el área del Mediterráneo son ciclones con características tropicales reales”. En este sentido, la Agencia Espacial Europea financia un proyecto para comprender y predecir el riesgo de ciclones de tipo tropical en el Mediterráneo.
En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito José Luis Sánchez, catedrático de Física Aplicada en la Universidad de León.
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