Con esta información y tras la negativa de farmacéuticas y centros de investigación a desarrollar y administrar un posible tratamiento, el dueño contactó con Thordarson, quien, junto a otros expertos, diseñó la vacuna personalizada experimental que terminó administrándose a la perra y reduciendo el tamaño de parte de los tumores, según explica en National Geographic el biotecnólogo especializado en biomedicina y enfermedades raras, Daniel Pellicer.
“Este es un proyecto de investigación y esperamos publicarlo para que otros aprendan”, señala en X (antes Twitter) Thordarson. En cualquier caso, se trata de una investigación muy pequeña que todavía no ha superado ensayos clínicos, no ha sido revisada por la comunidad científica y no tiene evidencia sólida de eficacia general, por lo que no puede extrapolarse al resto de animales, ni siquiera de perros. Thordarson subraya, además, la importancia de destacar que “la regulación de la investigación y el tratamiento veterinarios es bastante diferente a la de la salud humana”. Es decir, que esta tecnología de vacuna haya reducido temporalmente los tumores de una perra es un caso anecdótico que no implica los mismos resultados en humanos, aunque abre posibles líneas de investigación.