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¿Cuánto tarda en degradarse el plástico?

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  • La degradación química del plástico es la separación de las moléculas que forman el material
  • Los tiempos de degradación dependen de las condiciones del medio
  • Aunque tenemos la idea de que los bioplásticos se degradan más fácilmente, esto ocurre solo en ciertas condiciones que no tienen porqué darse en el medioambiente

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Quizás hayas oído que una botella de plástico tarda 500 años en degradarse o una bolsa de plástico lo hace en 55 años. Pero no es tan fácil calcular el período en que un material plástico se descompone en los productos químicos que lo forman. “Las infografías que dicen que cierto objeto de plástico tarda cientos de años en degradarse no están basadas en evidencia científica. Nadie sabe muy bien de dónde salieron esos números más allá de estimaciones pero no han sido basadas en un experimento o testadas en el medio ambiente”, explica a Maldita.es la investigadora especializada en microplásticos Alicia Mateos Cárdenas.

“Los estudios sobre la degradación de los plásticos suelen omitir información clave, como la temperatura a la que estaban expuestos, la carga de microbios y el tamaño de la muestra, que son esenciales para interpretar correctamente los resultados”, concluye un análisis científico del año 2020 de la literatura científica al respecto.

La degradación química del plástico consiste en que “las moléculas ordenadas que forman el plástico se van separando”, explicó en la Maldita Twitchería Belén González Laya, investigadora sobre contaminación marina en la Universidad del País Vasco y maldita que nos ha prestado sus superpoderes: “Todos los plásticos son polímeros, es decir, están formados por muchas moléculas más pequeñas unidas y a muy largo plazo son degradables. Puede ocurrir por oxidación de esa estructura, por la propia luz solar o por una bacteria, aunque a día de hoy no hay ninguna bacteria que conozcamos que sea capaz de romper estas moléculas. El problema es que ocurre a una velocidad muy lenta, que puede ascender a 100 años en el caso del polietileno”.

La degradación física, que es su rotura en fragmentos más pequeños aunque químicamente no varíe, puede ser visible en años. “La generación de microplásticos a partir de plásticos más grandes es muy común”, añadió González Laya.

En cambio, la investigadora especializada en microplásticos Alicia Mateos Cárdenas explica a Maldita.es que los plásticos no se degradan químicamente salvo que sean bioplásticos (plásticos de fuentes renovables naturales o plásticos biodegradables que pueden provenir de fuentes fósiles o no renovables) y sólo en ciertas condiciones: “el plástico no se degrada en el medio, sino que se fragmenta en micro y nano plásticos. Los estudios de degradación sólo se han hecho con bioplásticos, los cuales en realidad no se suelen biodegradar en el medio ambiente sino bajo condiciones específicas”.

Esta investigadora es autora de un estudio en el que enterró durante un año 16 bolsas de té de cuatro polímeros distintos, incluyendo bioplásticos que el fabricante etiquetó como “biodegradables” pero que se mantuvieron intactos durante ese año bajo tierra, mientras que las de celulosa (que no es un plástico) desaparecieron pasados los tres meses. La marca “se refiere a que es biodegradable bajo condiciones adecuadas, pero esto no está explícitamente explicado y el consumidor medio cree que un plástico sea biodegradable significa que desaparece mágicamente en el medioambiente” y no es así, señala la experta, quien denuncia la práctica como greenwashing.

Bárbara Galisteo, ingeniera industrial química, investigadora de materiales y maldita que también nos ha prestado sus superpoderes, señala que “las bolsas compostables (bioplástico) pueden considerarse plástico, pero están hechas con un polímero que se degrada fácilmente en condiciones de compostaje (temperatura y humedad altas). En el mar, en la montaña, en un desierto... los tiempos de degradación serán diferentes por las diferentes condiciones”.

Otro estudio de 2019 analizó bolsas de plástico consideradas biodegradables, oxobiodegradables (plásticos con aditivos para acelerar la velocidad de descomposición), compostables y convencionales de plástico durante tres años en varias condiciones: al aire libre, enterradas en el suelo y sumergidas en agua de mar, así como en condiciones controladas de laboratorio. La bolsa compostable desapareció por completo al cabo de tres meses en el mar, pero ese mismo tipo de bolsa seguía presente en el suelo después de 27 meses, aunque ya no podía sostener peso sin desgarrarse. 

Tras nueve meses de exposición al aire libre, todas las bolsas sin importar su material se habían desintegrado en fragmentos. La conclusión de los autores es que “no está claro que las bolsas oxobiodegradables o biodegradables proporcionen índices de deterioro suficientemente avanzados como para resultar ventajosas en el contexto de la reducción de la basura marina, en comparación con las bolsas convencionales”, es decir, de plástico no biodegradable o compostable.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes la maldita Bárbara Galisteo, ingeniera industrial química.

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