Desde susurros hasta ruidos comiendo, desenvolviendo un paquete o estrujando diferentes materiales delante de un micrófono. Este es el contenido que incluyen cientos de publicaciones y emisiones en directo en redes sociales y plataformas bajo la misma etiqueta: ASMR (las siglas en inglés de Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma). El resultado para muchos de los que detienen el scroll para consumir estos vídeos es un ligero hormigueo que comienza en el cuero cabelludo y que parece extenderse por el resto del cuerpo; como si alguien les acariciara o susurrara al oído sin que esto realmente pase. Un “placer” extraño. ¿Qué clase de ‘magia’ es esta?
Aunque se trata de una experiencia subjetiva y no universal, durante los últimos años ha ganado popularidad gracias a redes sociales y plataformas como YouTube o TikTok, donde miles de usuarios generan contenido audiovisual diseñado única y exclusivamente para desencadenar esta respuesta.
ASMR: ¿placer visual y sonoro?
El concepto ASMR hace referencia a una experiencia sensorial que muchas personas describen como una sensación placentera de hormigueo. “Este fenómeno suele desencadenarse a partir de ciertos estímulos visuales (movimientos lentos), auditivos (susurros o sonidos suaves), táctiles o incluso con ciertas formas de atención personal (como un masaje o una consulta ficticia)”, explica desde el Colegio de Psicólogos de Madrid (COP) la psicóloga Elena Daprá.
“En términos científicos, en el concepto Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, ‘sensorial‘ hace referencia a los sentidos involucrados en este fenómeno, sobre todo vista y audición; y ‘autónomo’ al responsable de esas sensaciones: el sistema nervioso autónomo. Es decir, se realiza de manera involuntaria”, aclara José Ángel Morales, profesor e investigador científico en neurociencia en la Universidad Complutense de Madrid. “Ocurre de manera espontánea, sin control consciente”, añade Daprá.
El concepto como tal, continúa la experta, no tiene un origen médico formal, sino que fue acuñado por la comunidad en línea en torno a 2010, cuando se intentó describir este fenómeno que muchas personas experimentaban sin saber muy bien por qué.
Lo (poco) que sabe la ciencia sobre el ASMR
Aún lejos de un consenso científico al respecto, sí existen estudios de menor escala que señalan que exponerse a contenidos ASMR podría reducir la ansiedad tanto en personas que experimentan ese hormigueo como en personas que no lo hacen.
Como explica Morales, aunque la investigación científica al respecto es muy reciente, es cierto que en la última década se ha empezado a investigar más, sobre todo para intentar esclarecer si este método tiene fines terapéuticos para reducir el estrés, la ansiedad o el insomnio. Por el momento, según aclara el experto, los resultados apuntan a que la estimulación sensorial con ASMR podría promover la liberación de endorfinas, sustancias naturales que produce nuestro cerebro y que provocan bienestar y calma.
Ahora bien, también hace especial hincapié en que se trata de un campo de reciente desarrollo. De ahí que haya científicos que consideren que aún faltan evidencias sólidas (es decir, más estudios) para confirmar este posible efecto terapéutico.
No todos los sonidos generan este “placer”
No todos los sonidos desencadenan ASMR. Ni siquiera los que sí lo hacen lo logran en todas las personas. Pero los que suelen generar este hormigueo comparten ciertas características: normalmente son sonidos suaves, de ritmo y volumen constantes, ni muy graves ni muy agudos y de naturaleza envolvente (parecen moverse de un lado a otro, creando una experiencia inmersiva).
«Además, suelen estar acompañados de estímulos visuales que simulan interacción personal», añade Daprá. «Esto imita la experiencia de recibir atención directa, lo que puede activar circuitos neuronales relacionados con el bienestar».
Como vemos, lo que ocurre es que el sistema nervioso no solo procesa estos ruidos de manera fisiológica, como sucede con cualquier otro estímulo auditivo, sino asociados a un componente emocional y psicológico. “De hecho, los sonidos que nos causan placer suelen ser los que asociamos con una emoción positiva, como la calma o la tranquilidad”, comenta Morales. Por ejemplo, las olas del mar que activan las áreas del cerebro asociadas con la relajación. Además, lo normal es que respondan a un patrón previsible, “algo que encanta a nuestro sistema nervioso”, recuerda el experto.
Esto no quiere decir que todo sonido que cumpla estas características vaya a resultar agradable a oídos de todos: no todas las personas reaccionan igual ante un mismo estímulo. Ocurre lo mismo que con olores o sabores. Para gustos (dicen), los colores.
“Me gusta especialmente este sonido, pero… ¿por qué?”
Tanto la neurociencia como la propia evolución explican el hecho de que haya sonidos que, de alguna forma, causen placer. Esto, según Daprá, puede explicarse desde varios puntos de vista.
Por un lado, y en relación a la evolución y la supervivencia, asociamos los sonidos tranquilos (susurros, crujidos, golpeteos leves) con entornos seguros y, por lo tanto, con situaciones positivas. “En términos evolutivos, estos sonidos pueden indicar la ausencia de depredadores o amenazas, creando una sensación de calma que el cerebro puede interpretar como placentera”, asegura.
Además, la fuente original de muchos de estos sonidos es la interacción humana cercana, como el susurro de una voz reconfortante o el tacto suave. “Esto podría estar relacionado con el cuidado maternal o social que en nuestra evolución fomentaba el vínculo y la supervivencia”, dice la psicóloga.
Pero el motivo de ese placer no solo se relaciona con el contexto al que nos retrotraen estos ruidos: nuestro cerebro también tiene parte de culpa. “Los estímulos que provocan ASMR parecen activar regiones del cerebro asociadas con el placer, como el sistema de recompensa. También se activan áreas relacionadas con la relajación y el procesamiento emocional (como la corteza prefrontal media)”, explica Daprá.
Además, al experimentar ASMR, el cerebro puede liberar oxitocina (la hormona del vínculo) y dopamina (la hormona del placer). Estos neurotransmisores están vinculados con la sensación de calma, bienestar y conexión social.
Aunque se ha observado que los sonidos asociados al ASMR pueden reducir la ansiedad, los efectos son variables y dependen de varios factores individuales (la respuesta fisiológica, la liberación de sustancias químicas asociadas con el placer, la relajación y el vínculo social…). “Por otro lado, escuchar sonidos ASMR puede ayudar a las personas a concentrarse en estímulos externos, en lugar de en sus pensamientos ansiosos. Esto actúa como una forma de distracción positiva”, manifiesta Daprá. “Quedan muchas preguntas abiertas sobre su alcance y variabilidad en diferentes individuos”, reconoce.
Por qué estos sonidos no son agradables para todos
Aunque un sonido con determinadas características genere ASMR en algunas personas, puede no gustar a todos. De hecho, hay a quienes puede resultar incluso insoportable o angustioso. En esto consiste el fenómeno de la misofonía, la aversión o intolerancia hacia ciertos sonidos. Como resultado, “en algunas personas, sonidos suaves como los susurros o los ruidos de la boca (llamados “triggers” en el ASMR), pueden desencadenar esta reacción negativa intensa”, detalla Daprá.
La respuesta también dependerá de la influencia de experiencias previas, de la cultura y de las asociaciones emocionales de cada uno. En definitiva: de nuestro contexto. “Por ejemplo, alguien que asocia los susurros con situaciones incómodas podría no disfrutar de este tipo de estímulos”, señala.
También depende del estado en el que nos encontremos al exponernos a ellos. “Si alguien está en un estado de estrés extremo o irritación, es posible que estos sonidos no sean efectivos, o incluso generen más incomodidad”, apunta la psicóloga.
Sonidos al comer, también susceptibles de generar ASMR
A nadie le sorprende leer que el sonido de las olas del mar transmite tranquilidad y bienestar. Pero ¿y si lo placentero es escuchar el ruido de alguien al masticar comidas de distintas texturas y consistencias? Aunque pueda llegar a extrañarnos, lo cierto es que estos últimos casos también son capaces de generar los hormigueos propios del ASMR.
“Los sonidos relacionados con la comida, como masticar hielos o productos crujientes o sorber líquidos, también pueden formar parte de los estímulos (o triggers) que desencadenan ASMR”, indica Daprá. Estos, más que ningún otro, suelen generar respuestas polarizadas: “Mientras algunas personas los encuentran profundamente relajantes o placenteros, otras los perciben como desagradables o incluso intolerables”.
En estos casos, como detalla Morales, existe una especial predisposición cultural, ya que en muchos lugares hacer ruido al comer “no está bien visto”. También depende de cómo sea el sonido: “No es lo mismo masticar a lo bruto, haciendo sonidos estridentes y más desagradables, que sonidos de masticación para ASMR. Estos últimos son rítmicos, más suaves, en un tono mucho más bajo e incluso sugerente. Lo más importante: el usuario sabe que se están haciendo en un contexto de relajación, no porque alguien se esté comiendo el bocata de jamón”, añade el experto.
De nuevo, estos sonidos pueden evocar recuerdos positivos relacionados con el placer de comer, la seguridad o la compañía de momentos compartidos, contribuyendo a que se perciban como agradables y relajantes. Como explica Daprá, si el contenido, además, incorpora elementos visuales (como a alguien comiendo con calma), la respuesta de relajación o bienestar puede ser incluso más intensa.
Este contenido fue publicado el 12 de febrero de 2025 en la web de Consumer.