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Qué relación existe entre la alimentación y el cáncer de mama

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Cada 19 de octubre se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, el tipo de cáncer más común según la Organización Mundial de la Salud (OMS) con más de 2,2 millones de casos en 2020 y alrededor de 685.000 muertes. 

Esta enfermedad suele presentarse como un nódulo o engrosamiento indoloro en el pecho (un bultito), de ahí la importancia de acudir al centro de salud en caso de detectar un hinchamiento anormal en la zona. Aunque ser mujer es el principal factor de riesgo de cáncer de mama, entre el 0,5% y el 1% de los casos afectan a hombres

Como ocurre con otros tipos de cáncer, los hábitos de vida desempeñan un importante papel en el riesgo de desarrollar cáncer de mama. “El cáncer, en general, es como una lotería y todo el mundo nace con boletos para ella. A lo largo de la vida, cada persona puede comprar más o romper parte de estos. Eso sí, hay dos condiciones: nunca alguien se va a quedar o va a poder deshacerse de todos”, explica a Maldita.es el dietista-nutricionista Juan Revenga. “Es decir, nunca va a haber certeza absoluta sobre que una persona vaya a desarrollar un cáncer, pero tampoco va a existir el riesgo cero, aunque se tenga una vida sanísima”, aclara. 

¿Y qué papel desempeña la alimentación? No puede tomarse como un factor aislado, sino en conjunto con un estilo de vida saludable que incluya controlar la exposición a elementos carcinogénicos y prestar atención al descanso, la actividad física y, también, la alimentación. 

Alimentación y cáncer de mama

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Estadounidense para la Investigación del Cáncer (WCRF e IACR, por sus siglás en inglés) publicaron en 2018 su tercer informe de expertos, donde explicaban lo que la ciencia sabe sobre la relación entre la alimentación, la actividad física y los procesos biológicos propios de esta enfermedad. 

En las conclusiones del informe, concretamente las relacionadas con el cáncer de mama, hace una clara distinción entre los niveles de evidencia y los grados de recomendación correspondientes. Sobre lo que sí hay certeza, entre otras conclusiones, es que la actividad física intensa y la lactancia disminuyen el riesgo y que el consumo de bebidas alcohólicas lo aumenta. 

A pesar de que, como hemos dicho, la alimentación dentro de los hábitos de vida en su conjunto puede desempeñar un papel en la prevención o riesgo de este tipo de cáncer, en lo que se refiere a alimentos concretos el WCRF y el IARC son claros al respecto: la evidencia es limitada para algunos y muy débil para otros.

Entre las recomendaciones alimentarias con evidencia limitada en la prevención del cáncer de mama general, incluye el consumo de vegetales sin almidón y los alimentos con carotenoides. En el caso del premenopáusico, añade los productos lácteos y las dietas ricas en calcio

Hay alimentos como los cereales, la fibra dietética, las frutas, la soja, la carne roja y procesada y la de corral, el pescado, los huevos y un largo etcétera que puedes consultar a continuación, sobre los que no existe una conclusión respecto a su relación con este tipo de cáncer.

Por su parte, la Sociedad Americana contra el Cáncer añade que ”los patrones de alimentación con un alto contenido de alimentos de origen vegetal y bajos en el consumo de productos de origen animal y de carbohidratos refinados reduce el riesgo”.

La importancia de un estilo de vida saludable: el todo suma más que las partes en la prevención del cáncer

Como explicaba Revenga en El Comidista, el informe hace especial hincapié en considerar todas las recomendaciones ‘anticáncer’ como un todo. Esto quiere decir que “adquieren verdadera utilidad cuando se aplican como un estilo de vida general, en el que el todo es más que la suma de las partes”, señala Revenga. 

“En las recomendaciones no hay nada al respecto de cánceres concretos que contradiga lo que se puede decir para el resto de tipos de cáncer”, señala Revenga. Esto quiere decir que las recomendaciones generales son válidas para todos los cánceres, aunque haya determinados elementos que puedan estar más o menos vinculados a algunos más concretos (tanto preventivos como factores de riesgo)

Es el caso del tabaquismo, que aumenta el riesgo de cáncer de pulmón y de próstata, y del consumo de alcohol, que hace lo propio con el de esófago y colon. “Hay condiciones que son evitables y otras no. Por ejemplo, ser mujer es un factor de riesgo para el cáncer de mama, un riesgo que no se puede evitar”, añade Revenga. 

De las 12 recomendaciones establecidas por el Código Europeo contra el Cáncer, 5 tienen relación con la alimentación: mantener un peso saludable, hacer ejercicio diario, comer saludablemente (cereales integrales, legumbres, frutas y verduras), limitando alimentos hipercalóricos ricos en azúcar y grasa y evitando las bebidas azucaradas y la carne procesada; limitar (y, mejor aún, evitar) el consumo de alcohol y, en mujeres, si es posible, amamantar al bebé. 

Puedes encontrar más información sobre la relación entre alimentación y los distintos tipos de cáncer en este artículo de la ACS.

¿Todos los alimentos tienen una relación positiva o negativa con el cáncer?

La pregunta de si todo lo que comemos ‘da cáncer’ puede parecer general pero hay investigaciones científicas que ya han tratado de darle respuesta. Es el caso de un estudio publicado en 2013 en la revista The American Journal of Clinical Nutrition. 

Para llevarlo a cabo, los investigadores seleccionaron 50 ingredientes habituales y característicos de las recetas de un popular libro de cocina anglosajón y analizaron si estos tenían cualquier relación con el cáncer (ya fuese reducir o aumentar su riesgo) en diferentes estudios publicados en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (Pubmed). A la par, valoraron la calidad de las publicaciones escogidas. 

Los resultados y conclusiones fueron bastante llamativos: de esos 50 ingredientes, 40, el 80%, sí tenían algún tipo de asociación con el cáncer. La mala noticia es que se encontraron publicaciones contradictorias: mientras que unas señalaban a un ingrediente como factor de riesgo, otras informaban sobre sus supuestas propiedades preventivas.

Como explica Revenga en este vídeo para la Federación Catalana Entidades contra el Cáncer (FECEC), aunque muchos estudios terminaban por hacer interpretaciones concluyentes, la gran mayoría se basaban en pruebas estadísticas débiles. Además, los estudios individuales (con menor nivel de evidencia y en los que se evaluaba un único ingrediente) solían ser más categóricos en sus conclusiones que los estudios de revisión y metaanálisis. 

“¿Qué conclusión sacamos? Que el cáncer llama mucho la atención, que en seguida buscamos en la alimentación, o bien el alivio y la prevención, o bien el riesgo, y que hacemos afirmaciones grandilocuentes para lo que realmente sabemos”, señalaba el dietista-nutricionista. 

Este contenido es apoyado por la iniciativa “Alimentando el cambio” de DANONE EDP en el que Maldita.es colabora elaborando contenidos independientes según su metodología.

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