¿Por qué arde el norte en invierno? El caso de Cantabria y el uso del fuego en la ganadería y la agricultura

Publicado el
Actualizado el
Share:
En corto:
Entre el 1 de enero y el 25 de marzo de 2026, Cantabria ha registrado 483 incendios forestales, de los cuales más de la mitad ocurrieron en marzo, según la Consejería de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca y Alimentación. Aunque en el resto de España los incendios se asocian al verano, en la cornisa cantábrica el invierno es la temporada crítica debido a prácticas profundamente arraigadas, como el uso del fuego para regenerar pastos para el ganado, según los expertos consultados por Maldita.es
Las opiniones y puntos de vista expresados solo comprometen a su(s) autor(es) y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea. Ni la Unión Europea ni la autoridad otorgante pueden ser considerados responsables de ellos.

¿Qué ha pasado en Cantabria?

Desde que comenzó 2026 hasta el 25 de marzo, los incendios han afectado a una superficie aproximada de 6.000 hectáreas en Cantabria, en 483 focos diferentes, según declaraciones de María Jesús Susinos, la consejera de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca y Alimentación. Leticia San Emeterio, ecóloga de pastos e investigadora en la Universidad de Navarra, explica a Maldita.es que un incendio forestal es, técnicamente, cualquier fuego que se produzca sin autorización, independientemente de su tamaño e intencionalidad. 

Cantabria es la comunidad con mayor superficie quemada de España en lo que va de año, tanto por quemas prescritas autorizadas como por incendios. El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) utiliza imágenes satelitales en tiempo real para calcular la extensión de tierra quemada (a partir de una hectárea), sin distinguir si se trata de un incendio o de una quema prescrita con permiso. Según estos datos, Cantabria encabeza la lista de territorios tanto por área quemada como por número de focos (con autorización o no) en los tres primeros meses de 2026, con un total de 10.598 hectáreas en total. Por detrás de Cantabria, Asturias (5.180 hectáreas) y Navarra (1.373 hectáreas) son las otras dos comunidades más afectadas en el primer trimestre de 2026.

Históricamente, los incendios en Cantabria han ocurrido antes que en el resto de España, debido principalmente a la actividad humana y al calendario agrícola. Según el Grupo de Investigación del Medio Natural de la Universidad de Cantabria, la mayor concentración de focos ocurre al final del invierno y comienzo de la primavera. Al analizar la superficie calcinada en los últimos cinco años, se observa que febrero, marzo y abril son los meses críticos, en contraste con el conjunto del territorio nacional donde se concentra tradicionalmente entre junio y septiembre.

¿Y por qué ahora?

La presencia del fuego en el norte peninsular durante estos meses no es casual; está directamente vinculada a las prácticas agroganaderas, según los expertos consultados.

Según explica a Maldita.es Iván Rodríguez, agente forestal de la Comunidad de Madrid, y maldito que nos ha prestado sus superpoderes para este artículo, existe una ‘cultura del fuego’ muy arraigada en la cornisa cantábrica, Zamora, León y Galicia que se ve alimentada por la Política Agraria Común (PAC). “Las ayudas de Europa se pagan por hectárea de pasto; el requisito es que esté libre de matorral o arbolado. Si estos aparecen, se penaliza al ganadero descontándole dinero de la ayuda", señala Rodríguez.

“El uso del fuego está autorizado en la época en la que en España en general el riesgo de incendios es bajo, desde noviembre hasta enero”, explica la ecóloga de pastos. Aun así, durante esta temporada no se puede quemar todos los días. ara que estas quemas sean seguras, deben realizarse dentro de una “ventana de prescripción”: con combustible seco, poco viento, temperaturas inferiores a 30 grados y humedad controlada, según explica Leticia San Emeterio. El problema surge cuando se quema fuera de esta ventana o sin permiso.

Todas estas prácticas se regulan a nivel autonómico y deben realizarse bajo autorización expresa para evitar riesgos. “Las quemas se solicitan y autorizan a los Agentes Forestales, quienes visitan y autorizan in situ en los periodos en los que el riesgo de incendios es bajo”, explica Iván Rodríguez.

Más del 80% de los incendios en Cantabria son intencionados, de los que el 71,7% tiene como objetivo la regeneración de pastos y un 4,9% la eliminación de matorral, según una investigación de la doctora en Análisis Geográfico Regional Victoria Carracedo Martín. Que un incendio se registre como intencionado no significa necesariamente que el autor buscara “destruir el monte”, sino que inició el fuego con un fin concreto (como tareas agrícolas o ganaderas) pero sin contar con la autorización necesaria sin importar su tamaño o finalidad. “La definición legal de incendios es todo fuego que no tiene autorización”, indica Carracedo

Este patrón no es exclusivo de Cantabria, ya que las prácticas agrarias constituyen una causa significativa de incendios en todo el país. Según un análisis de Civio sobre los partes de incendios en España (1968-2017) disponibles en la base de datos del MITECO, la motivación de más de la mitad de los siniestros intencionados en todo el país es desconocida. Sin embargo, en los casos con causa identificada, las quemas agrícolas son las responsables del mayor número de incendios. Entre los fuegos de los que sí que se conoce la motivación, las quemas agrícolas son las responsables del mayor número de incendios. Si lo que se analiza es la superficie total calcinada, las prácticas ganaderas aparecen como la causa más frecuente (tras las de origen desconocido), acumulando un total de 430.716 hectáreas quemadas en ese periodo.

¿Hay otros motivos por los que se usa el fuego en el campo?

Además de las funciones más prácticas como son la quema de rastrojos o restos de poda, el fuego es una herramienta de gestión forestal y forma parte de la tradición agroganadera.

“El fuego se utiliza principalmente para la mejora de pastos y para mantener un paisaje abierto”, explica Leticia San Emeterio. Las quemas se emplean tanto para fines ganaderos como de gestión forestal, y se basan en la idea de la reducción de biomasa. “Los ecosistemas acumulan biomasa de manera natural y necesitan perturbaciones que la eliminen; ya sea herbívoros que se la coman o que haya fuego”, añade la investigadora.

En el caso del aprovechamiento ganadero, las quemas para la regeneración de pastos son parte de la tradición rural. El Principado de Asturias, por ejemplo, recoge el valor tradicional de estas prácticas señalando que “el fuego, aplicado con conocimiento y experiencia acumulada durante generaciones, constituía un recurso sencillo, eficaz y de bajo coste para garantizar la continuidad de los pastos y sostener un modelo de ganadería extensiva”.

En la actualidad, estas técnicas se siguen utilizando para evitar la matorralización de los pastizales y permitir el acceso del ganado. San Emeterio señala que la combinación del pastoreo y las quemas es fundamental para el mantenimiento de los espacios abiertos: “Si el pastoreo se abandona, como está pasando ahora, se va acumulando cada vez más biomasa; si tú pretendes mantener estos espacios abiertos solo con el fuego, es cuando empiezas a tener problemas”.

Otro de los objetivos de las quemas prescritas es combatir el fuego con fuego. “Son una forma de actualizar al siglo XXI una práctica tradicional que constituye una de las formas más efectivas de eliminar combustible”, explica Víctor Resco de Dios, catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global. Cuando la vegetación se seca, actúa como combustible que alimenta los incendios forestales, según explica el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). En esta misma línea, San Emeterio explica que las quemas son útiles para la creación de paisajes mosaico, que ayudan a mejorar la resiliencia ante los incendios fraccionando el territorio.

Además de la reducción del combustible y la fragmentación del terreno para evitar la propagación, la investigadora señala que el mantenimiento de las zonas abiertas también facilita la intervención de los bomberos, ya que estos necesitan zonas seguras o de "anclaje" y de apoyo para la extinción.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Iván Rodríguez, agente forestal de la Comunidad de Madrid.

Gracias a vuestros superpoderes, conocimientos y experiencia podemos luchar más y mejor contra la mentira. La comunidad de Maldita.es sois imprescindibles para parar la desinformación. Ayúdanos en esta batalla: mándanos los bulos que te lleguen a nuestro servicio de Whatsapp, préstanos tus superpoderes, difunde nuestros desmentidos y hazte Embajador.