La relación entre crisis climática y salud mental es uno de los campos en los que la investigación está invirtiendo esfuerzos y recursos. Se busca conocer cómo incide el calentamiento global —y todo lo que implica— en el ánimo de la población, en su salud y en el riesgo de desarrollar problemas psicológicos. Dentro de estas investigaciones, se presta especial interés a cómo los fenómenos meteorológicos extremos, por ejemplo, las olas de calor, empeoran el bienestar mental.
Como siempre ocurre en el método científico, todo comienza planteando una hipótesis; en este caso, la hipótesis del calor: las altas temperaturas pueden aumentar los comportamientos agresivos.
Craig Anderson, profesor de Psicología de la Universidad Estatal de Iowa (Estados Unidos), es uno de los principales investigadores de esta hipótesis y propuso abordarla ‘triangulando’ distintos tipos de estudio. “Aunque siempre se pueden ofrecer explicaciones alternativas (por ejemplo, en verano estamos más tiempo en contacto con otras personas, lo que aumenta las probabilidades de que exista un ‘roce’), ninguna es lo suficientemente robusta para demostrar los efectos del calor en la violencia”, defendió Anderson en este estudio publicado en 2001 en Current Directions in Pshychological Science.
La triangulación propuesta por Anderson se apoya en:
Estudios de campo que buscan relacionar las tasas de criminalidad violenta, la localización geográfica y los periodos de temperatura cálida-fría. Estos estudios encuentran una correlación entre calor incómodo o anormal y agresividad, pero insisten en que no es lo mismo que causalidad y que pueden encontrarse multitud de explicaciones que afectan a esta hipótesis. Correlación no es causalidad.
Estudios de laboratorio donde se pueden controlar las variables para estudiar la hipótesis mediante experimentos. Aquí, Anderson resume que en todos los casos existe un aumento de la agresividad de los participantes de estos estudios. Uno de 2019, publicado en National Bureau of Economic Research, encontró que los participantes en habitaciones más calurosas eran mucho menos colaborativos y tenían más predisposición a destruir lo logrado en puzles y pruebas del experimento.
Estudios de laboratorio que exploran variables relacionadas con la agresividad y que se ven afectadas por el calor, como el aumento de la frecuencia cardíaca, la aprobación de actitudes y creencias hostiles o el descenso de la sensación de comodidad. El estudio publicado en 1996 en Personality and Social Psychology Bulletin señaló que las temperaturas incómodas (tanto calor como frío) afectan al grado de hostilidad de los participantes y su nivel de incomodidad, mientras que observar fotografías de armas (un estímulo usado en psicología para activar pensamientos agresivos) no tuvo el mismo efecto.
El ejemplo del béisbol
Algunos de los trabajos más citados emplean el béisbol. Se centran en una acción que se considera agresiva, que puede ser intencionada o no y que genera bastante hostilidad en el encuentro: el hit by pitch, cuando se lanza la bola directamente al cuerpo del bateador.
Un primer estudio publicado en 1991 encontró que en los partidos jugados en los días más calurosos se producía el mayor número de hit by the pitch, tomando como referencia 826 partidos de tres temporadas. Otro trabajo publicado en 2011 analizó unos 57.000 partidos de la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos y encontró que no solo ese comportamiento aumentaba con el calor, sino también las ocasiones en que se usaba como represalia a un hit by pitch anterior, lo que caldeaba aún más el ambiente de los partidos.
Otro estudio publicado en 2017 analizó unos 39.000 partidos, pero teniendo en cuenta otros factores, como el estado de la competición o variables sociales, y concluyó que, en efecto, las altas temperaturas repercutían en este comportamiento agresivo, pero también que dependía del momento de la temporada en el que se encontrase el equipo.
Otras formas de estudiar el calor y la agresividad: hospitales psiquiátricos y violencia de género
Fuera del deporte, una investigación publicada en BJPsych Open en 2021 analizó durante 12 años los incidentes agresivos en seis hospitales psiquiátricos de Alemania. Los resultados mostraron que estos incidentes fueron significativamente más frecuentes en los días que se igualaron o superaron los 30 ºC y que el aumento era lineal: cuanto más calor, más problemas. Eso sí, los resultados no son extrapolables a la población general, ya que los pacientes de los hospitales psiquiátricos tienen un perfil de comportamiento muy concreto y los edificios no disponían de aire acondicionado.
Otras investigaciones se centran en la violencia de género. Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2025 analizó más de 150.500 llamadas por violencia de género a la policía de Nueva Orleans (EEUU) entre 2011 y 2021 y encontró que en los episodios de calor había un aumento significativo de estas llamadas, especialmente cuando las olas de calor duraban cinco o más días consecutivos. Los autores señalan que los datos proceden de una sola ciudad estadounidense, por lo que no pueden extrapolarse a otros contextos.
En la misma línea, un estudio publicado en SAGE Open en 2025 analizó datos de más de 230.000 mujeres de 46 países (principalmente de África, Asia y América Latina) encuestadas entre 2000 y 2022 y encontró que cada día adicional de calor extremo se traduce en incrementos de hasta el 1,22% en el abuso físico severo y del 1,26% en el abuso sexual contra mujeres. Eso sí, los investigadores señalan que la desigualdad económica, el consumo de alcohol o las normas culturales también influyen en estos resultados.