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Sí, el calor nos enfada: la relación entre altas temperaturas y agresividad

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Literatura científica

Crédito de la imagen destacada: Fosco Lucarelli.

La relación entre crisis climática y salud mental es uno de los campos en los que la investigación está invirtiendo más esfuerzos y recursos. Con ello, se busca conocer cómo incide el calentamiento global —y todo lo que implica— en el ánimo de la población, en su salud y en el riesgo de desarrollar problemas psicológicos. Dentro de estas investigaciones, se presta especial interés a cómo los fenómenos meteorológicos extremos temporales y de larga duración, como una ola de calor, empeoran nuestro bienestar mental.

Ahora, llevándolo a un terreno mucho más concreto, ¿has notado alguna vez cómo cambia tu estado de ánimo cuando tienes demasiado calor? ¿Detectas más agresividad —propia o de otros— en días de altas temperaturas o en olas de calor? La evidencia científica confirma estas percepciones: existe una estrecha relación entre estar más enfadados, agresivos y cabreados cuando hace calor. Además, esta correlación se ha investigado desde diferentes perspectivas científicas y metodologías de estudio: desde experimentos en laboratorio, datos de criminalidad o incluso estadísticas deportivas asociadas a la agresividad. Os contamos en profundidad.

Hipótesis del calor: ‘triangulando’ la evidencia

A pesar de que podamos percibir un cambio de actitud cuando suben los mercurios, demostrar científicamente que esta relación existe ha sido un desafío. Como siempre ocurre en el método científico, todo comienza planteando una hipótesis, en este caso, la hipótesis del calor: las altas temperaturas pueden aumentar los comportamientos agresivas.

Craig Anderson, profesor de Psicología de la Universidad Estatal de Iowa (Estados Unidos) es uno de los investigadores que más ha explorado esta propuesta, así como la forma en la que se intenta demostrarla. Uno de sus trabajos, publicado en 2001 en Current Directions in Pshychological Science, recopila diferentes ejemplos de cómo se ha investigado esta hipótesis, y lo hace ‘triangulando’ distintos tipos de estudio.

“Aunque siempre se pueden ofrecer explicaciones alternativas a esta relación (por ejemplo, en verano estamos más tiempo en contacto con otras personas, lo que aumenta las probabilidades de que exista un ‘roce’), ninguna es lo suficientemente robusta para demostrar los efectos del calor en la violencia”, defiende Anderson en este estudio.

En primer lugar, menciona los estudios de campo, que buscan relacionar las tasas de criminalidad violenta, la localización geográfica y los periodos de temperatura cálida-fría. Estos estudios encuentran una correlación entre calor incómodo o anormal y agresividad, pero insisten en que no es lo mismo que causalidad y que pueden encontrarse multitud de explicaciones que afectan a esta hipótesis. Como explicamos en Maldita.es hasta la saciedad: correlación no es causalidad.

En segundo lugar, cita a los estudios de laboratorio, donde se pueden controlar las variables para estudiar esta hipótesis: habitaciones más cálidas o frías, elección sobre participantes más o menos propensos a la agresión o acerca de qué se puede hacer para ‘provocar’ situaciones de conflicto, etc. Aquí, Anderson resume que en todos los casos existe un aumento de la agresividad de los participantes de estos trabajos.

Sobre esto, un estudio bastante más reciente (de 2019) publicado en National Bureau of Economic Research encontró que los participantes en habitaciones más calurosas eran mucho menos colaborativos y tenían más predisposición a destruir lo logrado en diferentes puzles y pruebas del experimento.

En tercer lugar, recopila estudios de laboratorio que exploran específicamente variables que tienen relación con la agresividad y que se ven afectadas con el calor, como puede ser el aumento de la frecuencia cardíaca, la aprobación de actitudes y creencias hostiles o el descenso de la sensación de comodidad.

Un ejemplo de este tipo de estudio es el publicado en 1996 en Personality and Social Psychology Bulletin, donde se veía que las temperaturas incómodas (tanto de calor como de frío) afectan al grado de hostilidad que sentían los participantes y su nivel de incomodidad. Como comparativa, los sujetos observaron fotografías de armas porque se intentaba también influir en estas variables, pero no lo hicieron.

Otras formas de estudiar la relación entre altas temperaturas y agresividad

Los investigadores se las han ingeniado para estudiar esta correlación entre calor y estar más cabreados. Algunos de los trabajos más citados emplean el béisbol, concretamente una acción que se considera agresiva, que puede ser intencionada o no y que genera bastante hostilidad en el encuentro: un hit by pitch, cuando el lanzador dirige la bola del juego directamente al cuerpo del bateador.

El ‘hit by pitch’ (cuando se lanza la bola al cuerpo del bateador) es una acción que en el béisbol se considera agresiva y genera bastante hostilidad en el partido y que se ha estudiado su relación con las altas temperaturas.

Un primer estudio publicado en 1991 encontró que los partidos que se jugaban en los días más calurosos eran en los que se producían más de estas acciones agresivas, tomando como referencia 826 partidos de tres temporadas diferentes. Otro trabajo publicado en 2011 analizó datos de 57.293 partidos de la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos y encontró que no solo aumenta este comportamiento con las altas temperaturas, sino que también se incrementan las ocasiones en las que esta acción se hace como represalia a un hit by pitch anterior, lo que caldeaba aún más el ambiente de los partidos.

Un último estudio publicado en 2017 también analizó datos de 38.870 partidos de la MLB pero teniendo en cuenta otros factores, como el estado de la competición o variables sociales. Así, concluyeron que, en efecto, las altas temperaturas repercutían en este comportamiento agresivo ocurría, pero también que dependía del momento de la temporada en el que se encontrase el equipo.

Dejando el béisbol a un lado, otra investigación reciente, publicada en BJPsych Open en 2021 explora la relación entre temperatura y número de incidentes agresivos e intervenciones ‘a la fuerza’ (como la contención mecánica y el aislamiento) en seis hospitales psiquiátricos de Alemania.

Durante los 12 años en los que se recopilaron los datos de estos hospitales (de 2007 a 2019), el número de incidentes agresivos fue significativamente mayor en los días que igualaron o superaron los 30ºC de temperatura, aunque no vieron esta misma relación entre temperatura e intervenciones psiquiátricas físicas. Los autores destacan que este aumento de incidentes agresivos es lineal: cuanto más calor hacía, más problemas ocurrían en estos centros.

Los resultados del estudio no se pueden extrapolar a la población general. Por un lado, los pacientes de los hospitales psiquiátricos tienen un perfil de comportamiento muy concreto: cerca del 17% tiene algún acto violento durante su estancia. Por otro, a pesar de que los autores consideran que estos centros contaban con unos estándares “buenos y modernos”, no disponían de aire acondicionado, por lo que eran edificios peor adaptados al calor.

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