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Cómo las olas de calor disminuyen la producción de alimentos

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Con la crisis climática, las olas de calor cada vez son más frecuentes, intensas y duraderas. Y lo que es más grave: el aumento del calor extremo causa muertes. Pero no sólo eso; sus efectos negativos también se ven en los cultivos y en las cosechas lo que, a la larga, acaba repercutiendo en la salud global. Os contamos cómo afectan las olas de calor a la agricultura.

A más olas de calor, menos cosechas

En primer lugar, hay que recordar qué es una ola de calor. Se define, según la Agencia Española de Meteorología (AEMET), por su duración (un episodio de al menos tres días consecutivos), extensión (al menos el 10% de las estaciones) e intensidad (que registren temperaturas máximas entre el 5% de las más cálidas de los meses de julio y agosto en el periodo 1971-2000). 

Hay numerosas investigaciones sobre el impacto de las olas de calor en los cultivos. Si echamos la vista atrás, la producción de cereales se redujo en la Unión Europea un 7,3% por el impacto de las olas de calor entre 1961 y 2018, según un estudio publicado en la revista científica Environmental Research Letters. Los rendimientos de cultivos (la cantidad de cosecha por unidad de superficie de tierra cultivada) distintos a los cereales se redujeron un 3,1%. El impacto de las olas de calor en las cosechas casi se ha triplicado en 50 años. En cambio, los efectos de las olas de frío en los cultivos europeos fueron menores: un descenso de la productividad del 1,3 y 2,6% respectivamente. 

Por su parte, las sequías, que están relacionadas con las olas de calor, causaron una mayor pérdida en la productividad de los cultivos europeos que las propias olas: un 9% en cereales y 3,8% en el resto de cultivos, indica la misma publicación.

Precisamente fue la combinación de una sequía seguida por una ola de calor en Rusia que superó los 40 ºC y que duró más de un mes en 2010 la que causó una reducción de la productividad del trigo de cerca de un tercio. Más recientemente, la ola de calor de India y Pakistán en abril y mayo de 2022 ha provocado una reducción de la productividad de los cultivos de trigo del 10 al 35% en varios estados de India. La respuesta del Gobierno indio fue anular exportaciones de trigo en un contexto global de bloqueo de la salida de las cosechas de grano de Ucrania por la invasión rusa.

Volviendo a las sequías, el calentamiento global está provocando un aumento en sequías agrícolas, las que afectan a los cultivos, en algunas regiones como en Europa central, occidental y la cuenca mediterránea, explica el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) en su sexto informe. Según las previsiones de este panel de expertos, la pérdida de rendimientos de los cultivos en Europa se deberá a la combinación de calor, sequía y un clima extremo. África también tendrá una menor producción agrícola por el cambio climático, indica el IPCC.

Con un calentamiento global por encima de 1,5 ºC respecto al clima preindustrial, aumentará el riesgo de pérdidas simultáneas de cosechas de maíz en las principales regiones productoras de alimentos. Este riesgo será mayor a temperaturas aún más cálidas, señala el grupo de expertos climáticos. Además, el IPCC calcula que el aumento de los fenómenos climáticos extremos provocará más catástrofes agrícolas con las consiguientes pérdidas económicas y sociales.

Los efectos de las olas de calor en las plantas

Las plantas tienen un papel fundamental en cualquier cosecha y tampoco están a salvo de las olas de calor. El calor les afecta de diversas maneras: reduce la fotosíntesis (absorción de dióxido de carbono y expulsión de oxígeno) y el crecimiento de la propia planta, cuando no llega a matarla. “En la siembra pequeña que todavía no se ha consolidado bien sobre el terreno se puede producir una mortalidad grande de plantitas. Todavía las raíces no tienen una profundidad necesaria como para buscar agua más profunda y estas ondas de calor tienden a secar mucho la superficie del suelo, provocando entonces la mortalidad”, explicaba Fernando Santibáñez, profesor titular de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile en la web de su universidad.

Los más afectados, habitualmente, serán los agricultores que hayan sembrado más tarde. En los árboles frutales, las olas de calor suelen causar “un deterioro no solo en la cantidad de la cosecha, sino también en la calidad”. Las frutas se deshidratan y se marchitan aunque “suelen ser más resistentes a la deshidratación porque algunas tienen piel” o cera, como la manzana, que les protege de la deshidratación, contaba el director del Centro de Estudios de Postcosecha (CEPOC) de la misma Universidad de Chile, Víctor Escalona.

Las olas de calor también pueden alterar las etapas de floración, la aparición del fruto o la cosecha, pudiendo dañar la recolección por falta de mano de obra o resultar en frutos más pequeños, indicaba Escalona.

Adaptar las cosechas al nuevo clima

Frente a estos problemas, Santibáñez propone adaptarse a estas olas de calor más frecuentes e intensas: “Se necesita sembrar con mayor anticipación. Tenemos que ir adelantando más las siembras”. Así, es más probable que si llega una ola de calor a cultivos anuales como el trigo, el maíz o la patata les alcanzará “cuando ya la planta ha crecido lo suficiente para defenderse por sí sola”.

Otra forma de adaptación son sistemas de producción que mezclen árboles y hortalizas para que los primeros den sombra a los cultivos o cosechar más temprano para bajar la temperatura del fruto, destacan los dos profesores de la Universidad de Chile. El IPCC señala que la adaptación implica “producir más alimentos donde se necesitan, moderar la demanda, reducir el desperdicio y mejorar la gobernanza”.

Entre las posibles soluciones a los retos que supone el cambio climático para la agricultura están el uso de semillas locales, el abandono de los monocultivos y apostar por diversificación y prácticas de la agricultura ecológica.

Además, reducir el consumo de comida de origen animal también disminuye la necesidad de tierras agrícolas, al cambiar el destino de las cosechas de la ganadería a las personas. Apostar por un menor consumo de productos animales también reduce las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global, como indica el IPCC.

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