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En el Día de la Tierra, qué es la sobrecapacidad de sus recursos y cómo se ha adelantado con los años

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Cada año, la organización sin ánimo de lucro Global Footprint Network (GFN) estima el día de la sobrecapacidad de la Tierra (Earth overshoot day en inglés). Según la organización, esta fecha representa el momento en el que la demanda de recursos y servicios ecológicos de la humanidad en un año excede lo que la Tierra puede regenerar en ese año.

En 2021, esta fecha llegó el 29 de julio, es decir, la humanidad consumió en 210 días lo que la Tierra puede regenerar en un año y hubo 155 días de exceso, según la organización. Esto significa que la población mundial necesitó 1,7 planetas para que los recursos que consume en un año pudieran recuperarse.

Además, esta fecha se ha ido adelantando con los años. En 1970, el día de la sobrecapacidad terrestre tuvo lugar el 30 de diciembre, por lo que sólo hubo un día de exceso en el consumo de recursos con respecto a lo que el planeta es capaz de regenerar. La fecha de la sobrecapacidad se ha adelantado 209 días desde entonces. Esto implica que la población mundial se mantuvo dentro de lo que un solo planeta puede ofrecer.

En los últimos 51 años, sólo ha habido 11 años donde esta fecha llegó más tarde que el año anterior, mientras que en otros 40 la población mundial ha sobrepasado antes la capacidad de regeneración terrestre con su demanda de recursos. Siempre según los cálculos actualizados de GFN, de forma que los datos entre los diferentes años sean comparables.

El año en que más mejora se produjo fue 2020 por la “caída inicial en el uso de recursos en la primera mitad del año debido a los bloqueos inducidos por la pandemia”, destaca la página web de GFN. 2020 fue también el año en que el cambio fue mayor: hubo una diferencia de 27 días de adelanto del consumo excesivo de recursos con respecto a 2019.

Cómo calcula Global Footprint Network el día de la sobrecapacidad de la Tierra

Para calcular la fecha de la sobrecapacidad de la Tierra, Global Footprint Network tiene en cuenta dos conceptos principales. El primero es la biocapacidad de la Tierra, es decir, la cantidad de recursos que el planeta puede generar ese año. Para ello se tienen en cuenta cinco tipos de áreas de tierra y agua: tierras de cultivo, tierras de pastoreo, tierras forestales, zonas de pesca y tierras edificadas. Las tierras forestales tienen dos usos distintos y competitivos: los productos forestales y la captura de CO2.

El segundo concepto necesario para ese cálculo es la huella ecológica, es decir, cuánta superficie de estas áreas productivas necesita la población (o un país o una actividad) para “producir todos los recursos que consume y para absorber los desechos que genera”. GFN divide el primer indicador entre el segundo y después multiplica por 365 para calcular cuántos días transcurren sin que la población mundial sobrepase la capacidad planetaria para regenerar los recursos, explican en su página web.

Para mantener la coherencia en los datos, cada año se recalculan las métricas de la huella ecológica de todos los años anteriores para que compartan la misma contabilidad, y también se repite el cáculo del día de la sobrecapacidad de la Tierra, explica la organización.

Qué críticas se han hecho a su método de cálculo y la respuesta de Global Footprint Network

En 2013, dos ambientólogos, un biólogo y tres miembros del think tank ecomodernista Breakthrough Institute publicaron un artículo de perspectiva (más opinativo que uno de investigación) en la revista PLOS Biology analizando el concepto de huella ecológica con el ejemplo de GFN. En el artículo, revisado por la bióloga Georgina M. Mace, los autores señalaban que cualquier métrica global que intente resumir un fenómeno complejo “seguramente implicará simplificaciones” que son “inevitables y deben compensarse con los beneficios”, pero que al menos en ese momento, sus mediciones tenían fallos metodológicos.

Una de las críticas iba dirigida al cálculo de la huella ecológica por países porque comparaba el consumo de un país con sus propios recursos. Por tanto, “más que indicar sostenibilidad en el uso de recursos" era "una medida de autosuficiencia”. Por otro lado, apuntaron a que GFN simplificaba demasiado el cálculo sobre el carbono que los bosques pueden absorber, lo que restaba rigor, pues es uno de los elementos principales de su metodología.

En 2018, Robert B. Richardson, profesor de Desarrollo Sostenible en la Universidad Estatal de Michigan (EEUU), publicó un artículo en The Conversation donde recogía las críticas de aquel artículo, especialmente de los fallos para calcular la huella ecológica por países. Además, analizaba el cálculo de la capacidad de los distintos tipos de tierras para producir recursos: “No refleja las consecuencias ambientales del uso humano de estas tierras, como la erosión del suelo, la escorrentía de nutrientes o el uso excesivo de agua. Mide sólo la superficie terrestre”. En conjunto, estos fallos podían incluso “subestimar” la huella ecológica.

La organización contestó al artículo de 2013 en la misma revista recalcando que medir la huella ecológica por país era relevante para hacer políticas: “No se gana nada con no conocer el balance de biocapacidad de un país”. Sobre el potencial de las tierras para producir recursos, argumentó que en ese momento “para hacer ajustes confiables se requerirían conjuntos de datos globalmente consistentes que no existen”.

Además, la organización alegó que los datos sobre emisiones de carbono son más fiables y los de su captura por la masa forestal sí contaban con “estimaciones aceptables” en el IPCC (Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático) o la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). Por estos motivos, GFN argumentó que escogían estos dos indicadores como principal método de cálculo.

En 2019, dos de los directivos de GFN respondieron a Richardson en un artículo en GreenBiz. Coincidieron en que sí, “lo más probable” es que la huella ecológica “subestime" el exceso en el consumo de recursos porque se basa en datos de Naciones Unidas, que posiblemente no incluyen el impacto de la deforestación, por ejemplo, en la productividad futura. Pero también señaló algunos “malentendidos”: “Si se exportan productos forestales en Indonesia, la huella de estos productos aparecería en el país del consumidor”. En la web de GFN hay más información en este ámbito.

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