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Del pescado al agua del grifo o la sal: cómo los microplásticos llegan al cuerpo humano y qué daños pueden causar en nuestra salud

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Cada minuto se compran un millón de botellas de plástico y cada año se usan 500.000 millones de bolsas de este material, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los plásticos rara vez se biodegradan. Normalmente se fragmentan en microplásticos y nanoplásticos a través de diferentes procesos, según una revisión publicada en Environmental Toxicology and Pharmacology

Varios equipos de científicos han encontrado microplásticos en múltiples lugares: flotando en el aire o cayendo con la lluvia sobre montañas y ciudades, en la nieve y el hielo antártico y en océanos de todo el planeta. Pero, ¿podrían estas partículas acabar también en el cuerpo humano? Y en ese caso, ¿cómo afectarían a nuestra salud? Os lo explicamos.

Por qué el pescado, los mariscos o los moluscos pueden contener microplásticos

Los humanos pueden ingerir desde decenas hasta más de 100.000 partículas de microplásticos cada día, según recoge la revista Nature citando a Albert Koelmans, científico ambiental de la Universidad de Wageningen en los Países Bajos. El experto sostiene que la gente podría estar ingiriendo aproximadamente la masa de microplásticos del valor de una tarjeta de crédito al año. 

Varios estudios han hallado partículas de plástico en heces de personas. “Los plásticos que han podido llegar a nuestro cuerpo en forma de microplásticos proceden del agua que bebemos y los alimentos que comemos”, explica a Maldita.es Lorenzo Mingallón, técnico de calidad en industria alimentaria. 

Ocho millones de toneladas acaban en los océanos cada año, según la ONU. La presencia de microplásticos en el agua y en algunos alimentos se debe, según Mingallón, a la contaminación ambiental que “ya podemos encontrar en cualquier ecosistema en forma de millones de toneladas de plástico, en nuestros mares y en nuestros campos”. 

Otra revisión publicada en Marine Pollution Bulletin indica que varios organismos marinos (como las aves, los crustáceos o los peces) ingieren estas partículas. Entre los alimentos que consumimos en los que puede haber una gran cantidad de microplásticos, Mingallón menciona precisamente el pescado, mariscos y algunos moluscos. 

Un informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) indica que se han encontrado microplásticos también en otros productos de consumo, como el agua del grifo o la sal. Incluso se han detectado este tipo de partículas en la cerveza o la miel, según recoge el Parlamento Europeo.

¿Son los microplásticos tóxicos para nuestra salud?

Evaluar cómo estos plásticos afectan a la salud humana no es sencillo, ya que normalmente abarcan muchas formas, tamaños y composiciones químicas diferentes. Los autores del informe del Comité Científico de la AESAN aseguran que no hay datos suficientes para caracterizar la potencial toxicidad de estas partículas en humanos: “Los potenciales efectos de los microplásticos en la salud de los consumidores son aún desconocidos y precisan de más investigación”.

El Parlamento Europeo confirma que el efecto de estos plásticos en la salud humana es aún desconocido. Pero subraya que a menudo contienen aditivos y otras sustancias químicas posiblemente tóxicas que pueden ser perjudiciales para los animales y las personas.

Los únicos estudios disponibles se basan en experimentos de laboratorio que exponen células o tejidos humanos a microplásticos o se realizan con animales como ratones o ratas, según un artículo publicado en Nature

Por ejemplo, una investigación publicada en 2020 en Chemosphere indica que los ratones alimentados con grandes cantidades de polietileno (un tipo de microplástico) sufren inflamaciones en el intestino

Los potenciales efectos nocivos de los microplásticos en el cuerpo humano

Los investigadores tienen varias teorías sobre cómo las partículas de plástico pueden ser dañinas para el cuerpo humano, tal y como indica un artículo de Nature. Si son lo suficientemente pequeñas como para ingresar en las células o tejidos, pueden provocar irritaciones simplemente por el hecho de ser una presencia extraña. 

Por ejemplo, según recalca el autor del artículo, esto es lo que ocurre con otros materiales como el amianto o asbesto, que no son microplásticos. Las fibras largas y delgadas de este grupo de minerales pueden inflamar el tejido pulmonar y, si se tragan, provocar cáncer en el aparato digestivo.

Aún hacen falta más estudios para determinar si los componentes químicos de los microplásticos pueden tener efectos en la salud. Los fabricantes agregan a los plásticos compuestos como plastificantes, estabilizadores y pigmentos. “Muchas de estas sustancias son peligrosas. Por ejemplo, interfieren con los sistemas endocrinos (hormonales)”, indica el autor del artículo de Nature.

Pero si la ingestión de microplásticos aumenta significativamente nuestra exposición a estos químicos, depende de dos factores, según Nature: “De la rapidez con la que se mueven fuera de las partículas de plástico y de la rapidez con que las partículas viajan a través de nuestros cuerpos”. 

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Lorenzo Mingallón.

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