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Maldita Ciencia
09/08/2019

Zumos con pulpa, crujido de cuello y propiedades del baobab: llega el Consultorio LI de Maldita Ciencia

¡Feliz viernes, queridas malditas y malditos! Nos alegra saber que una semana más seguís contando con nosotros para resolver algunas de vuestras dudas científicas a pesar del descanso vacacional. Recordad que podéis seguir enviándolas a través de nuestro e-mail ([email protected]), WhatsApp (655 198 538), Twitter y Facebook.

¿Es mejor el zumo de naranja si le añades la pulpa?

Estos días hemos publicado un artículo explicando por qué no tiene el mismo efecto sobre tu cuerpo comerte una naranja que beberte el zumo de esa misma naranja, aunque sea natural y casero. La clave está en la forma que tienen los azúcares de la fruta al entrar en tu cuerpo: al comer la naranja entera entran en compañía de otros nutrientes importantes, como la fibra, mientras que en el zumo, los azúcares están libres. La OMS recomienda reducir la ingesta de azúcares libres al 10 o incluso el 5% de las calorías diarias.

Ante este argumento, muchos nos habéis hecho la siguiente pregunta lógica: ¿es mejor entonces beberse el zumo con la pulpa de la naranja? ¿Conseguiríamos de esta forma acompañar los azúcares con (al menos una parte de) los nutrientes de la naranja?

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Podríamos pensar que añadiendo al zumo parte de la pulpa volvemos a acompañar los azúcares con la fibra, y que eso es suficiente para hacerlo más saludable. La fibra es un nutriente importante para la salud porque es en parte responsable de la sensación de saciedad, que nos ayuda a regular cuánto comemos. Un zumo con pulpa recupera, al menos, parte de la fibra de la fruta.

Pero no parece que eso produzca una gran diferencia respecto al zumo sin pulpa en lo que a la saciedad y el efecto de la fibra se refiere. Según este estudio, en el que comparaban el efecto de diferentes formas de consumo de fruta (entera, en zumo, en zumo con pulpa y en puré de fruta), en este caso de manzanas, comerse una manzana entera aumenta la saciedad más que el puré de manzana o el zumo de manzana, y añadir fibra (la pulpa) al zumo no aumenta la saciedad.

La principal conclusión según sus autores, que comparte el dietista-nutricionista Julio Basulto, es que "la fruta sólida afecta a la saciedad más que cualquier forma de zumo o puré de fruta". Es decir, que un zumo con pulpa seguirá siendo menos recomendable que la fruta entera.

¿Es peligroso crujirse el cuello?

De nuevo, es una duda surgida a partir de otra resuelta anteriormente. En el consultorio de la semana pasada os contábamos que no hay evidencias de que crujirse los nudillos tenga efectos perjudiciales sobre estas articulaciones a largo plazo (siempre que no se haga con tanta fuerza como para provocarse una lesión). Podéis leer la explicación aquí.

De ahí, muchos nos preguntasteis: ¿y si la articulación que nos hacemos crujir es la que une las distintas vértebras del cuello? ¿Existe entonces algún peligro? Pues la respuesta es similar a la de crujirse los nudillos, pero con una diferencia básica importante: la gravedad del riesgo al que nos exponemos. Vamos por partes.

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En principio, hacer un movimiento determinado que haga chasquear nuestro cuello no tiene por qué tener mayores consecuencias, explicaba en este artículo para The New York Times Christopher Visco, director de Medicina Deportiva de la Universidad de Columbia. El sonido puede corresponderse a una burbuja de gas que explota o al chasquido de tendones y músculos que sostienen cuello y cabeza. Mucha gente lo hace por hábito o porque así siente liberarse al menos parte de la tensión que siente en esa zona.

Ahora bien, igual que ocurre con los dedos, hacer este movimiento en una mala dirección o con demasiada fuerza sí que puede hacernos daño casi siempre leve y momentáneo pero, en casos puntuales, con consecuencias más serias, ya que las vértebras contienen nuestra médula espinal.

Esa es la principal diferencia entre crujirse los nudillos o el cuello: la gravedad que pueden tener las consecuencias negativas de hacerlo mal. Si el riesgo es la combinación de la probabilidad de que ocurra algo malo y la gravedad de eso malo que podría ocurrir, el riesgo de crujirse el cuello es mayor que el de crujirse los nudillos por este motivo.

Alguna gente no se hace crujir el cuello a sí misma, sino que acude a un quiropráctico. La quiropraxia es una pseudoterapia basada en la manipulación de la columna vertebral para solucionar problemas de salud general. Su eficacia no ha sido demostrada pero sí se han registrado casos de graves efectos secundarios precisamente como resultado de la manipulación de las vértebras causando daño a la médula espinal.

¿De verdad la genética influye en el gusto por el cilantro?

Lo habéis leído por ahí y os suena un poco raro, así que nos habéis pedido que lo expliquemos: ¿cómo puede una hierba, el cilantro, despertar sentimientos de repulsión tan potentes en parte de la gente, que asegura que le sabe, concretamente, a jabón? ¿Y es verdad que se trata de una cuestión regulada por la genética?

Parece que sí, al menos en parte, aunque no se puede descartar el componente cultural.

El cilantro (Coriandrum sativum según su denominación científica) es una hierba cuyo origen concreto se desconoce aunque parece provenir del norte de África y el sur de Europa. Es un condimiento muy habitual de cocinas como la centroamericana, pero desde hace unos años se ha extendido por el mundo y cada vez se utiliza en más regiones y recetas. Para los que lo disfrutan, el cilantro aporta a los platos un sabor fresco que recuerda al limón y al jengibre. Para los que no, el sabor a jabón es lo primero que viene a la mente al probarlo.

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Según algunas investigaciones, hay determinadas mutaciones genéticas relacionadas con el sentido del olfato y del gusto detrás de la división de la humanidad en ambos bandos enfrentados. Una de ellas gira en torno al gen OR6A2, que se encarga de regular un receptor altamente sensible a un tipo de compuestos químicos llamados aldehídos, que contribuyen al sabor del cilantro.

Otro estudio utilizó a parejas idénticas de gemelos para estudiar esta las diferencias en la percepción de determinados estímulos. Sus resultados mostraron que el 80% de las parejas de gemelos tenía la misma opinión sobre el cilantro, y que su percepción dependía de tres genes relacionados con el olfato y el gusto.

El caso es que las causas genéticas y las culturales se combinan y el disgusto por el cilantro se distribuye de forma desigual según la región del mundo en la que nos encontramos. Según una encuesta publicada en la revista Flavour, el 17% de los descendientes de europeos y el 14% de los descendientes de africanos detestan el cilantro, mientras que solo entre el 3 y el 7% de los asiáticos, latinoamericanos y originarios de Oriente Medio tienen ese problema, coincidiendo con las regiones donde el condimento es más común.

Para leer más sobre este tema desde el punto de vista culinario (sin olvidar el aspecto científico) te recomendamos este artículo de Ana Vega Biscayenne en El Comidista.

¿Qué sabemos sobre las supuestas cualidades saludables del baobab?

Como ocurrió antes con las bayas de goji y otros productos exóticos similares, últimamente la fruta del baobab, un enorme árbol de origen africano, se ha puesto de moda como "superalimento" por una serie de supuestos beneficios para la salud que aportan sus nutrientes.

La fruta del baobab, que se suele consumir en polvo como parte de ensaladas, batidos o sopas, es rica en varios nutrientes importantes: vitamina C, fibra, hierro o potasio entre otras.

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Eso hace que sea un buen componente en una dieta saludable. Se ha estudiado, en concreto, el efecto que tiene en dietas de adelgazamiento gracias al poder saciante de la fibra, que ayuda a controlar mejor el hambre y a comer menos, y los resultados han sido positivos, y su capacidad para mejorar el control de la glucemia (el mantenimiento de los niveles de glucosa en sangre).

Sin embargo, apunta Beatriz Robles, dietista-nutricionista, "los efectos han sido muy poco estudiados y la investigación se ha desarrollado fundamentalmente en animales o en grupos humanos pequeños", como por ejemplo este estudio relacionado con la saciedad que se llevó a cabo con 20 adultos sanos, o este otro sobre los niveles de glucosa que se realizó en ratones.

Para terminar, es importante tener claro que ningún alimento, por saludable que sea, tiene la capacidad de mejorar nuestra salud si nuestra alimentación al completo no lo es. En esto el concepto de superalimento es engañoso, ya que hace pensar que determinados alimentos tienen un mayor poder para mantenernos sanos, cuando lo importante es lo que comemos en su conjunto.

Para terminar...

Una semana más, queremos agradeceros todos esos mensajes, tuits y correos. ¡Nos encanta saber que contáis con nosotros para resolver preguntas varias! Daremos respuesta a todo aquello que esté en nuestra mano, pero recuerda: no somos especialistas médicos. Para diagnósticos y dudas sobre casos particulares, mejor acude a un profesional.

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