Nos habéis preguntado por este post de Facebook que culpa a las mamografías y a ciertas campañas de prevención y autodiagnóstico de ser el verdadero origen del cáncer de mama.

Esto no es cierto: no hay evidencia de que las mamografías o la autoexploración sean la causa ni aumenten de forma significativa el riesgo de cáncer de mama. No hemos encontrado ningún estudio que confirme esa idea y los expertos la consideran incorrecta y falsa.

Según explica a Maldita Ciencia José E. Gordillo, especialista en radiodiagnóstico en el Área Sanitaria Norte de Córdobani las mamografías ni la autoexploración degeneran el tejido mamario ni inducen cambios en él”, como asegura el post.

En la base de este bulo estaría la preocupación por la radiación que se utiliza para estas pruebas y sus efectos para la salud. Si bien la radiación tiene efectivamente un impacto sobre nuestro cuerpo, creemos que es útil en este caso poner ese efecto en perspectiva. Como referencia, según este informe sobre dosis de Radiación del Consejo de Seguridad Nuclear, el promedio de radiación natural, proveniente del suelo y la materia que nos rodea, que recibe una persona en España es de unos 0,6 mSv (unidad que mide la dosis de radiación absorbida por la materia viva) al año; la radiación media de los alimentos es de 0,2 a 0,8 mSv al año; de otras fuentes, como la televisión y los relojes luminosos, hasta 1 mSv al año.

“La radiación que emite una mamografía es muy baja, unos 0,4 mSv, con dos proyecciones para cada mama”, señala Gordillo. En España, la dosis promedio de radiación recibida en un año por motivos médicos en su conjunto representa 35% del total, según éste gráfico del Consejo de Seguridad Nuclear:

Hablando de mamografías en concreto, el objetivo de un estudio publicado en la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA, por sus siglas en inglés) fue precisamente estimar el riesgo de cáncer de mama inducido por la radiación de las mamografías, así como evaluar el número potencial de cánceres de mama, muertes por éste tipo de tumores y años de vida perdidos por esta causa.

El resultado mostró que el riesgo de cáncer causado por las pruebas de cribado mamográfico es muy pequeño en comparación con la reducción de mortalidad que se consigue gracias a estas pruebas diagnósticas y que éste no debería ser un impedimento para someterse a la prueba.

Técnicas y edades para el diagnóstico

La cadena también afirma que las ecografías mamarias son más efectivas que las mamografías, pero esto no es así: ambas pruebas son complementarias y no excluyentes y cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

En España, por un lado, funciona el Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama (cribado de cáncer de mama), en el que se realizan mamografías cada dos años a mujeres asintomáticas de entre 50 y 69 años, incluso a veces más jóvenes. Por otro, si ante una autoexploración y otra prueba se obtiene un resultado como un ‘bulto en la mama’, se sigue un protocolo en el que el tipo de prueba de imagen que debe realizarse dependerá de la edad de la paciente.

Gordillo aclara que, si el caso se diagnostica en una mujer menor de 35 años, se le realizará una ecografía mamaria (técnica que utiliza frecuencias altas de ultrasonido, imperceptibles al oído humano, para obtener información de nódulos y tumores).

Si, por el contrario, es mayor de 35, la prueba será una mamografía. ¿Por qué? “Se ha comprobado que el tejido glandular mamario es más sensible a la radiación de la mamografía en edades más tempranas“, explica Gordillo.

Además, “al aumentar la edad, el tejido glandular de la mama va disminuyendo y, con él, el número de falsos positivos en mamografía“, explica Gordillo. “Este es uno de los motivos por lo que es la primera técnica de imagen para pacientes mayores de 35 años“, añade.

Con respecto al otro método de diagnóstico citado en la cadena, la termografía (técnica que permite registrar gráficamente las temperatura de distintas zonas del cuerpo), no existen publicaciones científicas que apoyen su uso. “Sí se han demostrado sus limitaciones para tumores localizados en planos profundos u otros de muy pequeño tamaño”, declara Gordillo.

En resumen: no es cierto que mamografías y autoexploraciones sean el verdadero origen del cáncer de mama. Sí es cierto que la radiación de pruebas como las mamografías (o las radiografías) tiene efectos sobre nuestro cuerpo, pero es un porcentaje muy pequeño del total de la radiación que recibimos de forma habitual, y los estudios disponibles señalan que los beneficios de estos programas de cribado superan con creces sus riesgos.