También nos habéis preguntado que si, como ocurre con el sol, la luz de la luna influye de alguna manera en el crecimiento de las plantas y, por extensión, las distintas fases lunares afectarían a la agricultura. La semana pasada ya os contamos que no hay evidencias de que las fases de la luna afecten a nuestro cuerpo y a sus fluidos. En el caso de las plantas, ocurre algo parecido.

Como explica el profesor Howard Griffiths, del departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), a The Naked Scientists –un programa de divulgación científica emitido por la BBC– la intensidad de la luz reflejada por la luna es demasiado débil para impulsar la fotosíntesis en la mayoría de las plantas terrestres.

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No obstante, hay algunas excepciones, como una especie de fitoplancton que podría utilizar esta luz lunar para su fotosíntesis, siempre que estuviera en los trópicos y que una columna de agua no absorbiera esta luz (que no suele ser lo más habitual). Otra investigación al norte de las islas Canarias descubrió que la biomasa del zooplancton tenía relación con la luz de la luna: la biomasa fue mayor durante el segundo cuarto del ciclo lunar y disminuyó tras la luna llena.

Otra cosa distinta es que a las plantas “les moleste” la luz lunar para sus ciclos vitales y por eso algunas pliegan sus hojas por la noche, como recuerda el profesor Griffiths. En ese caso entrarían en juego los ritmos circadianos, los relojes internos de los seres vivos que regulan sus metabolismos.

Pero eso no implica que la luz lunar haga crecer a las plantas, por tanto, en estos momentos no hay evidencias de que tenga influencia en los cultivos y por tanto parece indiferente optar por plantar un huerto en una fase u otra del ciclo lunar.

Lo que sí puede ocurrir en algunos casos es una curiosa versión del efecto placebo, plantea Sabrina Stierwalt, investigadora de la Universidad de Virginia (EEUU) en este artículo: las personas que cuidan de sus plantas o huertos hasta el punto de tener en cuenta las fases lunares a la hora de sembrar o cosechar pueden ver mejorías por estas prácticas que, de hecho, se deban a todos los cuidados añadidos que les aportan, y no al efecto de las fases o a la luz lunar en sí.