Circulan artículos por la red que dicen que un supuesto estudio científico habría demostrado que el consumo de alcohol ayuda a prevenir la demencia en las mujeres. El estudio científico al que hace mención es real, pero sus conclusiones se han malinterpretado para llegar a ese titular.

Como decimos, el estudio es real, se publicó en 2018 en la revista British Medical Jounal. Se trata de un análisis que se hizo a 9.087 trabajadores públicos británicos dentro del estudio Whitehall II, que buscaba analizar los componentes sociales, biológicos y de comportamiento que influyen en la salud de las personas.

Una de las cosas que se analizó de estos sujetos es la relación entre su consumo de alcohol y el riesgo de desarrollar demencia. En los 23 años de seguimiento que se hicieron a los participantes se registraron 397 casos de demencia.

Al relacionarlos con el consumo de alcohol se determinó que cuando éste es moderado (considerando moderado entre 1 y 14 dosis de alcohol a la semana) el riesgo de desarrollar la demencia era más bajo, mientras que aumentaba en las personas que practicaban la abstinencia (ninguna dosis) o que mostraban un consumo alto de alcohol (más de 14 dosis semanales).

Esto podría llevarnos a pensar que beber alcohol con moderación tiene un efecto protector sobre el riesgo de demencia, y esa es la conclusión a la que han ido los autores de los posts que circulan por la red. Esta conclusión es errónea.

via GIPHY

En ningún sitio del estudio dicen eso sus autores, y tampoco dicen o insinúan que “el alcohol ayude a prevenir la demencia” ni a mujeres ni a hombres. Al contrario, dejan claro desde el principio que las evidencias que han encontrado están lejos de ser concluyentes y que el posible mecanismo de acción que relaciona el consumo moderado con menor riesgo de demencia no está claro.

El motivo es que este es un estudio poblacional, en el que se analiza a lo largo del tiempo cómo algunos factores de comportamiento se correlacionan con algunos fenómenos de salud. Pero como ya explicamos aquí, correlación no implica causalidad, es decir, que dos fenómenos ocurran al mismo tiempo no quiere decir que uno esté causado por el otro. Por tanto no se puede asegurar tampoco que se dé el fenómeno inverso.

Es decir, que por este estudio no podemos saber si es la falta de alcohol lo que aumenta el riesgo de demencia en los abstemios, o si ese efecto se debe a otro factor desconocido, y tampoco podemos saber si es el consumo moderado lo que protege a los demás sujetos. Estos estudios son un buen punto de partida para analizar este tipo de cuestiones, pero no sirven para sacar conclusiones sobre cambios necesarios en nuestro estilo de vida.

De hecho, los autores sí que aclararon en la nota de prensa emitida por la College University de Londres, uno de los centros que lideró la investigación, que “estos resultados no deberían motivar a que la gente que no bebe empiece a hacerlo, debido a los efectos negativos sí demostrados del consumo de alcohol sobre la mortalidad y el riesgo de padecer desórdenes neuropisquiátricos, cirrosis hepática, cáncer, etc.”.