Nos habéis preguntado por el síndrome del trabajador quemado, el desgaste profesional ante el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pronunció hace unos días, reconociéndolo supuestamente como una enfermedad laboral según muchos medios y titulares.

Hay que aclarar que esto no es exactamente así: la OMS no ha reconocido el conjunto de síntomas como una enfermedad ni una condición médica, sino como un «fenómeno ocupacional» de gran prevalencia, como explica en su página web.

El síndrome del trabajador quemado se ha incluido en el capítulo «Factores que influyen en la salud o en el contacto con los servicios sanitarios» que trata las razones por las que la gente acude a estos últimos por motivos que, en realidad, no se consideran una enfermedad como tal.

De hecho, el mismo nombre lo indica: no es lo mismo un síndrome que una enfermedad. ¿En qué se diferencian? Mientras que el primero se trata tan solo de un conjunto de síntomas y no tiene por qué tener una causa conocida ni desarrollarse a la vez que alteraciones anatómicas, una enfermedad sí debe producir cambios reconocibles en el cuerpo o bien presentar una causa biológica conocida (o ambos elementos).

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Según refleja la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11, por sus siglas en inglés), «el síndrome del trabajador quemado es el resultado de un estrés continuo en el puesto de trabajo que no se gestiona con éxito y se caracteriza por la sensación de agotamiento, sentimientos negativos relacionados con el trabajo y reducida eficacia profesional». La clasificación incluye excepciones con las que puede confundirse este síndrome: ciertos trastornos de adaptación, trastornos específicamente asociados con el estrés, ansiedad o trastornos relacionados con el miedo o trastornos del ánimo.

«El síndrome del trabajador quemado se refiere específicamente a las posibles circunstancias relacionadas con el contexto laboral y no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida«, aclara la OMS