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Maldita Ciencia
13/06/2019

Ni adelgaza, ni rejuvenece ni es la única responsable de la "barriga cervecera": bulos comunes sobre la cerveza

Que sí, que a (casi) todos nos gusta mucho la cerveza y más si es fresquita en verano. Pero no deberíamos engañarnos dándole propiedades saludables si queremos beberla porque, de momento, no hay evidencias de que las tenga. Lo que sí tiene evidencias es el riesgo que conlleva la ingesta de alcohol que tiene esta bebida: daños cardiovasculares, para el hígado, riesgo de cáncer...

Por eso, si te gusta la cerveza y disfrutas bebiéndola, adelante, es tu elección, pero mejor que lo hagas conociendo sus riesgos y no escudándote en los muchísimos bulos que existen sobre ella.

No, la cerveza no adelgaza

Con este recibimos la inestimable ayuda de los chicos de Yo, Doctor, que con una sencilla viñeta nos explicaban por qué no es cierto que la cerveza adelgace.

Este bulo, replicado hasta la saciedad, se basa en un estudio que observaba un solo componente de la cerveza y solo se ha probado en ratones hasta la fecha. Eso quiere decir que hay que ser muy cauto antes de aplicar los mismos resultados en humanos, y que no es lo mismo un componente suelto que la cerveza en su conjunto.

El alcohol está considerado un factor que favorece el aumento de peso, pero es que además la cerveza contiene una concentración de hidratos de carbono mayor que otras bebidas alcohólicas, de forma que es especialmente problemática para las personas con sobrepeso o que quieran adelgazar.

No, no hay evidencias de que una cerveza diaria al salir del trabajo alargue la vida y rejuvenezca

Circula por internet un bulo repetido miles de veces según el cual un estudio científico habría demostrado que beber una cerveza (según algunos textos podrían ser una o dos) tras salir del trabajo prolonga la vida y rejuvenece. No es cierto: está basado en un trabajo científico que no dice nada de eso.

Lo que sí dice el estudio

La base de esto es un estudio real presentado en encuentro anual de 2015 de la Sociedad Americana de Genética Humana y realizado por científicos de la Universidad de Iowa, pero ese estudio no dice lo que esos artículos aseguran.

Lo que estos científicos trataron de averiguar si era posible determinar el efecto que tiene el consumo de alcohol y de tabaco sobre el envejecimiento observando directamente los daños que esas sustancias causan en el ADN.

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Dentro de sus resultados observaron que si bien el consumo de tabaco se relaciona con daños en el ADN asociados al envejecimiento en todos los casos y cantidades, en el caso del alcohol los daños se ven claramente en el caso del consumo bajo o alto, pero no en el consumo moderado, que correspondería con una o dos bebidas al día. Que ese consumo sea después del trabajo no se menciona en ningún sitio de este estudio o su presentación.

Lo que el estudio no dice

Esto es lo que se ha convertido en el titular "Dos cervezas al día rejuvenece y alarga la vida", pero es una conclusión científicamente incorrecta por varios motivos.

Para empezar, este estudio halla una correlación, no una causalidadYa hemos explicado varias veces lo que esto significa: que dos factores ocurran juntos (consumo moderado de alcohol y menor daño del ADN asociado con el envejecimiento) no quiere decir que uno cause el otro. Hacen falta otro tipo de experimentos y estudios que analicen cómo afecta un factor al otro.

Por otro lado, los propios autores piden en sus conclusiones que estas se tomen con mucha cautela hasta que se pueda explicar esa correlación y proponen una posible hipótesis sobre por qué el bajo consumo de alcohol se asocia con daño genético y el moderado no: "los abstemios a menudo lo son por trastornos médicos crónicos o problemas previos con sustancias, lo cual podría ser en parte el motivo de esos efectos sobre el envejecimiento que vemos en los niveles más bajos del consumo de alcohol". Es decir, que el efecto no sería tanto de consumir muy poco o nada de alcohol sino de un tercer factor que provoque ambas cosas.

Algo similar proponen los autores respecto al efecto protector del consumo moderado de alcohol, esas dos cervezas diarias: "pueden ser principalmente un efecto secundario de hábitos saludables que se dan en personas que beben de forma moderada".

No, la cerveza no tiene más efecto analgésico que el paracetamol

De nuevo, ¡dentro los chicos de Yo, Doctor!

La propia naturaleza de este bulo es absurda porque no se trata de encontrar el analgésico más fuerte o potente, sino el más adecuado para cada paciente y su dolor. Por eso a veces se utiliza paracetamol, que es analgésico y antipirético (controla la fiebre) y otras veces otros como el ibuprofeno, que además es antiinflamatorio.

En caso de que el paracetamol no sea el adecuado o no sea suficiente, el médico puede recetar otros medicamentos para el dolor que estarán más controlados y, sobre todo, tendrán menos efectos secundarios, que la cerveza.

No, la "barriga cervecera" no sale (solo) por culpa de la cerveza

Atribuir el exceso de grasa abdominal directa y exclusivamente a esta bebida es un mito: el balance calórico (la diferencia entre las calorías ingeridas y las usadas); la actividad física y características como la edad y el sexo también influyen, para bien o para mal, en esa "barriga cervecera". Es decir, la cerveza no incide específicamente en el diámetro del abdomen: el efecto del exceso de calorías al que contribuye será el mismo que las procedentes de cualquier otra comida o bebida.

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"La respuesta es no, no existe la barriga cervecera", explica el dietista-nutricionista Daniel Ursúa a Maldita Ciencia. "El alcohol aporta calorías vacías y esta relacionado con otros hábitos poco saludables como el sedentarismo o el consumo de ultraprocesados, por lo que no es raro que un consumo habitual de alcohol se relacione con un mayor sobrepeso", añade. Y una señal de ese sobrepeso, es el exceso de barriga por el que nos habéis preguntado.

Pero el ganar o perder peso no está directamente relacionado con un solo alimento o bebida, sino con el balance energético al completo, entre otros factores: si las calorías que consumimos (las que gastamos) son más de las que ingerimos (las que comemos), el balance será negativo y podría ayudar a la disminución de peso. Si, al contrario, ingerimos más de las que consumimos, el balance será positivo, aumentando la posibilidad de subir de peso.

El alcohol, como el que tiene la cerveza y muchas otras bebidas, influye en este proceso porque tiene una gran densidad calórica (unos 7 kcal/g), así que incrementa fácil y rápidamente la cantidad de calorías tomadas.

Es decir, beber cerveza sí puede influir en el aumento de peso, pero eso no quiere decir que la grasa vaya a acumularse en una zona localizada (la barriga, en este caso), sino que sus efectos serán perceptibles en el cuerpo en general. El dónde se acumula el exceso de calorías depende, entre otras cosas, del sexo: mientras que las mujeres suelen acumular más grasa en las caderas, los hombres normalmente lo hacen en la zona abdominal.

Ursúa incide en que puede darse este consumo (de cerveza) y que no conlleve sobrepeso. "Esto no quiere decir que, al no haber sobrepeso, sea un consumo seguro. No hay consumo seguro de alcohol", concluye.

No, no hay evidencias de que la cerveza favorezca la lactancia

Es un mito antiguo e intercultural: la idea de que los bebés lactantes pueden disponer de más leche si sus madres beben cerveza con moderación. Pero a día de hoy pocos estudios de calidad al respecto y las evidencias disponibles, aunque son en parte contradictorias, se decantan más bien por lo contrario, porque el consumo de cerveza (con alcohol) puede retrasar y dificultar la lactancia, más que favorecerla.

Como decimos, hay estudios con conclusiones contradictorias. Por ejemplo, este publicado en 2000 sugería que un polisacárido presente en la cerveza es capaz de aumentar la secreción de prolactina que a su vez potencia la lactogénesis (la producción de leche) en humanos y en animales, lo cual significaría que la cerveza sería, efectivamente, beneficiosa para la lactancia.

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Pero en ese estudio no se tiene en cuenta el efecto del alcohol, algo que sí hace esta revisión de estudios publicada en 2013. En ella se cuenta como además de ser perjudicial por todo lo que ya hemos dicho anteriormente, el alcohol de la cerveza inhibe la producción de oxitocina, una hormona que interviene en la bajada de la leche necesaria para comenzar la lactancia. Esto querría decir que, sobre todo al comienzo de la lactancia, que suelen ser los días más difíciles, el consumo de cerveza la retrasaría y dificultaría aun más.

Hay que tener en cuenta en cualquier caso que los niveles de alcohol en sangre de la madre repercuten sobre los mismos niveles en la leche, motivo por el cual en caso de decidir consumir cerveza o cualquier otra bebida durante el periodo de lactancia, nunca debería ser en momentos y cantidades que puedan afectar a la composición de la leche en el momento de amamantar al bebé. Puedes leer más información y consejos en este artículo de la farmacéutica Marían García sobre alcohol y lactancia.

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