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Maldita Ciencia
24/07/2019

Mitos y bulos sobre piscinas: ni los ojos se ponen rojos (solo) por el cloro ni los niños son los únicos que se mean en en el agua

Allí donde no hay playa (vaya, vaya), buena es una piscina. Los veranos urbanos serían difíciles de soportar si no fuese por ellas, tan llenas de agua fresca como de bulos y viejos mitos. Aquí van algunos de los que ya hemos desmentido en Maldita Ciencia.

El corte de digestión no existe, son los padres

A muchos nos lo grabaron a fuego en el cerebro cuando éramos pequeños, tanto que todavía de mayores nos da reparo saltarnos la regla de esperar dos horas después de comer antes de volver a bañarnos para que no se nos corte la digestión. Bien, pues aquí hay una mezcla de bulo y verdad.

Es un bulo que por bañarte después de comer se te vaya a cortar la digestión y te vayas a ahogar. Primero, porque la digestión no siempre dura lo mismo, y los alimentos pueden estar en nuestro estómago hasta 4 o 5 horas, así que ese periodo impuesto de 2 horas de moratoria para los baños es algo arbitrario. Y segundo, porque aunque las digestiones sí pueden cortarse por un sobresalto, normalmente después, o bien se reanudan y no pasa nada, o bien se vomita(que es algo desagradable, pero no grave, y tampoco pasa nada).

En realidad, a lo que los padres se refieren con un "corte de digestión" es lo que se llama síncope de hidrocución y no está relacionado con haber comido antes, sino con un cambio brusco de la temperatura corporal: cuando nuestro cuerpo está a una temperatura alta y nos metemos de golpe en el agua fría. Puede ocurrir con el estómago lleno o vacío, después o antes de comer... De hecho también puede ocurrir sin meternos en el agua, si estamos muy acalorados y bebemos de golpe mucho líquido frío.

Eso no quiere decir que bañarse justo después de comer sea una gran idea. Normalmente son las horas de mayor intensidad solar y el riesgo de insolaciónes muy alto. Si aun así te lo piensas, las recomendaciones médicas son entrar en el agua poco a poco, mojándose primero las piernas, los brazos y la cabeza para atenuar el choque térmico.

Los ojos no se te ponen rojos por el cloro solamente

Salir del agua con los ojos enrojecidos o la piel irritada es un clásico piscinero, y lo primero que solemos hacer es culpar al cloro, un producto habitual entre los que se utilizan para mantener el agua de la piscina desinfectada y en buen estado. Pero parece que la culpa no es del cloro, o no solamente.

Según una investigación publicada en 2014, la causa es la combinación del cloro con otra sustancia, el ácido úrico, que da como resultado dos compuestos: el cloruro de cianógeno y la tricloramina. Ambas son sustancias conocidas por sus propiedades irritantes para los ojos, la piel y el sistema respiratorio. En las piscinas no se generan de forma suficiente como para afectar serimente a la salud de la mayoría de las personas, aunque sí para enrojecer los ojos o causar picores de garganta a niños o personas especialmene sensibles.

¿Y de dónde proviene ese ácido úrico? Pues según los autores del estudio, la única fuente posible es la orina humana. Según las muestras recogidas por los investigadores, hablaríamos de entre 30 y 80 mililitros de orina cada vez que a un nadador se le escapa porque no se puede aguantar o, como ellos mismos sugieren, orina en el agua disimuladamente de forma voluntaria.

Las piscinas infantiles no están más calientes porque los niños se orinen en ellas

Por muy desagradable que sea, seguro que has pensado alguna vez que los bebés y niños, que tienen un control menor (o nulo) sobre sus necesidades fisiológicas, provocan los grados de más en las piscinas infantiles al hacerse pis en el agua (algo que, ejem, los adultos jamás harían, ejem).

Pero no: es imposible que esa sea la causa ya que para que fuese así, sería necesaria una cantidad ingente de litros de orina que está fuera del alcance de los niños que caben en esas piscinas infantiles. En realidad, la temperatura es mayor debido a que, proporcionalmente, el área de las piscinas pequeñas reciben más radiación solar que las piscinas de los adultos.

Para explicar el porqué de que las piscinas destinadas a los más pequeños estén considerablemente más "calentitas" que en las que nos ponemos a remojo los adultos, Benito Fuentes, meteorólogo (y humorista) se curró este curioso hilo en Twitter.

En primer lugar y para explicar este fenómeno, Fuentes calcula el área y el volumen de la piscina infantil, es decir, la superficie y los litros de agua que el sol calentará durante el verano. Después, se centra en la posible diferencia de temperatura entre la piscina sin pises (más fresca) y con pises (más caliente), en este caso, unos 5ºC.

Teniendo en cuenta la supuesta temperatura de la orina (el dato que utiliza Fuentes es unos 36,4ºC), calcula los litros de pis que harían falta para elevar esos grados el estanque. El resultado es (teniendo en cuenta todos los cálculos anteriores), ni más ni menos, que 8.500 litros de orina.

Según tuiteaba Fuentes, aproximadamente el 60% del líquido de la piscina sería pipí y este rebosaría y se saldría. "Por no hablar de su agradable olor y sabor", pone en situación.

La conclusión es que la piscina infantil está más caliente que la grande porque la proporción entre la energía recibida por unidad de área y volumen de agua es mayor en la primera (al ser más pequeña). "Dicho de otra manera, la piscina pequeña dispone proporcionalmente de más energía para calentarse que la grande", explica Fuentes a Maldita Ciencia.

¿Queremos decir con esto que los peques no se hacen pis en la piscina? Claro que no: probablemente así sea, para qué engañarse. Consolémonos con que no lo hacen lo suficiente como para hacer menos refrescante un chapuzón.

No solo los niños orinan en las piscinas

¿Que solo los críos se hacen pis en la piscina, decís? De eso nada. Durante mucho tiempo ha circulado el bulo de que algunas piscinas tienen en sus aguas un compuesto que hace que la orina se tiña de azul o de rojo, avergonzando al meón. No hay pruebas de que realmente exista este producto, pero en 2017 un equipo de científicos de la Universidad de Alberta determinó cómo encontrar y medir la presencia de orina en las piscinas.

Lo que hicieron fue rastrear la presencia de acesulfamo potásico, o E-950, un edulcorante que se encuentra en muchos alimentos procesados y que nuestro cuerpo expulsa en la orina sin modificar.

Utilizando este chivato determinaron que, de media, en una piscina olímpica se vierten 225 litros de orina en tres semanas, si bien sus mediciones se hicieron en una muestra pequeña, 31 piscinas canadienses. Quizá los resultados no sean directamente extrapolables a todas las piscinas, pero nos sirven para hacernos a la idea de que no solo los niños se mean en la piscina.

Las piscinas de agua salada también tienen cloro

Aunque en España no son tan comunes, sí existen algunas piscinas que se llenan con agua salada en vez de con agua dulce con la idea de utilizar menos productos químicos para mantenerlas en buen estado y así reducir esa irritación que produce en algunas personas.

Pero eso no quiere decir que estas piscinas no tengan nada de cloro. En las piscinas de agua salada, se utilizan lo que se llama cloradores salinos, dispositivos que forman parte del sistema de flitrado que emplean electricidad para generar cloro a partir de la sal (que es, en definitiva, un compuesto formado por cloro y sodio).

De forma que si bien el cloro no se añade directamente al agua como en las piscinas convencionales, sí que hay cloro en el agua de las piscinas saladas. Lo que sí es cierto es que suele haber en menos cantidad, y por tanto puede ser menos molesto para las personas que padecen irritación de los ojos y mucosas.

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