¡Feliz viernes, malditas y malditos! Y como cada semana, con el viernes llega nuestro consultorio científico. Por si alguno de nuestros lectores ha llegado a este consultorio hoy por primera vez, os recordamos que podéis enviarnos todo aquello que os extrañe y no sepáis si es cierto o no por Twitter, Facebook, WhatsApp (655 198 538) y correo electrónico ([email protected]).

¿Se ha “comprobado” que la marihuana produce el suicidio de las células cancerígenas?

Varios de vosotros nos habéis hecho llegar un enlace a una supuesta noticia en la que se asegura que está “comprobado” que la marihuana lleva al suicidio a las células cancerosas. En ese post se puede ver un vídeo sobre la bioquímica española Cristina Sánchez que habría descubierto las propiedades anticáncer del THC según se dice en la introducción.

Hemos contactado la investigadora, que actualmente es Vicedecana de Investigación de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid. En el enlace en el que la utilizan como fuente se puede ver un vídeo en el que ella explica el estado de las investigaciones sobre el uso de cannabinoides como tratamiento de tumores y cómo los resultados están siendo prometedores.

Pero sus palabras se han sacado de contexto en el titular. “Este vídeo es bastante antiguo, de 2012, y lo han utilizado para mandar un mensaje sensacionalista que no es preciso“. Lo que se sabe a día de hoy es que los cannabinoides, compuestos que se encuentran en el cannabis, pueden provocar la muerte de las células tumorales cuando se encuentran en una placa de cultivo en el laboratorio o en cánceres en animales, pero “de ahí a decir que el cannabis cura el cáncer hay un mundo”, asegura Sánchez. “Todavía no se han hecho estudios controlados en humanos, así que no sabemos si lo que vemos en los ratones ocurre también en pacientes reales”.

¿La nata de Mercadona tiene aditivos tóxicos?

Un post de Facebook ha empezado a circular alertando de que la nata para cocinar que se vende en Mercadona contiene “porquerías” y que hay alternativas “libres de tóxicos”. Es importante tener claro que no, este producto no contiene aditivos que sean tóxicos.

En ese post se enumeran algunos de esos supuestos ingredientes perjudiciales: mono y diglicéridos, celulosa, almidón modificado… Es comprensible que al leer una lista de este tipo nos inquietemos pensando que estamos ingiriendo sustancias químicas artificiales que puedan repercutir en nuestra salud. Pero se trata de un miedo injustificado provocado precisamente por contenidos de este tipo que nos hacen pensar que químico es equivalente a peligroso.

Vamos por partes. Para empezar, ni “químico” o “artificial” son equivalentes a “peligroso” o “insano”, ni “natural” significa “sano” o “saludable”. Hay sustancias naturales muy dañinas (el arsénico, por ejemplo) y sustancias artificiales indistinguibles de su versión natural (la insulina). En cuanto a “químico”, ese adjetivo solo describe una forma de analizar y describir un producto, desde la perspectiva de su composición química. De esa forma, todo es químico.

En el caso de los aditivos alimentarios, hay que tener siempre claro que si se encuentran en el mercado y se utilizan en los alimentos es porque han pasado los controles de seguridad suficientes y por tanto su uso se considera seguro.

En algunos casos, la legislación (en el caso Europeo procedente de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria o EFSA) impone una cantidad máxima para algunos aditivos. Esa cantidad se calcula a partir del nivel mínimo en el que se considera según las evidencias disponibles que puede causar algún problema para la salud. La cantidad máxima siempre está muy por debajo de ese nivel mínimo en el que puede causar algún problema.

Por ese motivo, no es cierto que la nata de Mercadona (ni ningún otro producto que esté a la venta en ningún otro supermercado en España o en Europa) contenga aditivos tóxicos. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que un producto seguro no es lo mismo que un producto saludable. Obviamente, hay muchos productos a la venta que no son saludables, aunque sean seguros. Pero a la hora de considerar si un alimento es seguro o no, los aditivos no son el principal problema: los azúcares añadidos, las harinas procesadas o el contenido en sal tienen un impacto mucho mayor sobre nuestra salud. Un buen ejemplo es el caso del famoso turrón de lacasitos de Mercadona, del que ya hablamos aquí.

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Hay algunos detalles concretos de este post que creemos importante aclarar un poco más. Por un lado, se menciona la celulosa y se dice que “no es digerible por el ser humano”. Esto es cierto (sufre algunos cambios durante su paso por el tracto digestivo pero no es procesada ni absorbida por el cuerpo), pero no es algo perjudicial. La celulosa es un tipo de fibra alimentaria y cumple determinadas funciones fisiológicas que contribuyen a la correcta digestión de los alimentos precisamente porque recorre el intestino sin descomponerse en otras sustancias.

Tampoco es cierto que, como se dice en ese post, el almidón modificado suela ser transgénico. “Es obligatorio por ley poner que está modificado, pero no es transgénico. La modificación consiste casi siempre en un tratamiento térmico (a base de calor) para estabilizar el almidón y así homogeneizar sus propiedades”, nos explica Gemma del Caño, investigadora en I+D+i de la industria alimentaria.

¿Es cierto que los envases de la leche deben mostrar su origen desde ahora?

Nos habéis hecho llegar algunos mensajes y memes que se están difundiendo mucho en WhatsApp en los que se asegura que “a partir de esta semana es obligatorio indicar el país de origen de la leche en el etiquetado”.

Es cierto si por “esta semana” se refiere a la semana del 22 de enero, fecha en la que efectivamente comenzó a circular ese mensaje. Ese día entró en vigor el Real Decreto 1181/2018, de 21 de septiembre, relativo a la indicación del origen de la leche utilizada como ingrediente en el etiquetado de la leche y los productos lácteos.

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En ese real decreto se establece que, a partir de que entre en vigor, la leche y los productos lácteos que se elaboren en España y que se vendan en el territorio español deben incluir el país de ordeño de la leche y el país de transformación del producto. Si ambos procesos ocurren en el mismo país se puede indicar simplemente como “origen de la leche”.

¿Si meto un vaso de agua en el microondas puede explotar?

Nos habéis preguntado si es verdad que meter solamente un vaso de agua en el microondas puede hacerlo explotar. Al parecer, es una duda muy extendida por la red, si bien no está claro qué es exactamente lo que tememos que vaya a explotar, si el microondas o el propio vaso de agua. Vamos por partes.

Empecemos por el vaso de agua que explota. En realidad, no explotaría como tal, pero sí puede darse la siguiente situación: después de calentar un vaso de agua en el microondas, por ejemplo para hacerte una infusión, puedes encontrarte con que cuando la bolsita toca la superficie del líquido caliente se forma un repentino alboroto de burbujas, un hervor potente de la nada. Si el agua no estaba hirviendo cuando la has sacado del aparato, ¿por qué rompe a hacerlo de repente?

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Como explica Juan Revenga, biólogo y dietista-nutricionista, en este artículo, dentro de un vaso de agua a temperatura ambiente existen pequeñas burbujas de aire aunque a veces no seamos capaces de apreciarlas a simple vista. Estas burbujitas “se agarran” a cualquier irregularidad del recipiente y se mantienen ahí hasta que, han crecido lo suficiente como para ascender a la superficie.

“Estas burbujas crecen por acción de la temperatura del agua, que incrementa la presión sobre las brujas internas”, explica a Maldita Ciencia Alberto Nájera, profesor del área de Radiología y Medicina Física en la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuando ponemos una olla al fuego, estas burbujas son las que vemos borbotear cuando el agua hierve al alcanzar los 100 grados.

En el caso que nos ocupa, el agua que hemos sacado del microondas a más de 100 grados y sin embargo no borbotea, ¿por qué? Porque son casos en los que el vaso es muy liso (por ejemplo, de cristal) o el agua es muy pura. Esto provoca que no haya burbujas previas. Sin burbujas no hay germen de la ebullición, necesario para que ésta ocurra, y por tanto el agua puede alcanzar una temperatura mayor sin llegar a hervir. A esto se le llama agua sobrecalentada.

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Pero cuando introducimos algo en ese agua, una cuchara o una bolsita de infusión, estamos introduciendo también aire, burbujas que crecen y ascienden a la superficie rápidamente, expandiéndose violentamente en menos de un segundo, pudiendo producir una explosión repentina. Como el aire se ha calentado de golpe, y no progresivamente, la burbuja también saldrá de repente, con más fuerza, salpicando el agua hirviendo.

Por eso, aunque este fenómeno no es muy común, ten cuidado si calientas en el microonda agua destilada, ya hervida o utilizando un recipiente muy liso para que no te ocurra esto y no te quemes.

Sobre la posible explosión del propio microondas al meter un vaso de agua, no existen evidencias de que esto pueda pasar ni ningún mecanismo que lo explique. Nájera matiza que lo que sí podría ocurrir es que se rompa el material del que está formado el recipiente que contiene el agua. “Si es de cristal puede resquebrajarse, como pasa a veces cuando lo sometes a un cambio de temperatura brusco o excesivo“, concreta Nájera.

Y por último…

Por si para alguno de vosotros este es el primer Consultorio de Maldita Ciencia, repetimos una vez más que hay algunas dudas que no debéis consultar con nosotros: las que se refieren a vuestras enfermedades, diagnósticos y tratamientos. Ese tipo de preguntas es mejor que se las planteéis a un profesional médico que conozca vuestro caso concreto. Ni nosotros ni ninguna otra página web deberían sustituir a esos profesionales.

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Tampoco estamos preparados ni tenemos los recursos para sustituir a ningún profesor. Si tenéis dudas mientras estudiáis, o queréis recomendaciones de libros y otros materiales, sus respuestas y sugerencias siempre serán más adecuadas que las nuestras.