Maldita Ciencia
01/12/2020

Qué son las vacunas de ARN mensajero y por qué no van a alterar tu ADN

Durante los últimos meses, casi al mismo tiempo que comenzó la pandemia del SARS-CoV-2, nos hemos topado con distintas cadenas y bulos que alertan del supuesto riesgo de las llamadas vacunas de ARN mensajero ya que, según avisan estos contenidos, pueden modificar nuestro ADN. Esto no es cierto.

Las vacunas de ARN mensajero son un nuevo tipo de vacunas, de las que aún no hay ninguna en el mercado ni aprobada, que se estudian entre otras patologías como prevención ante la COVID-19 por una serie de ventajas que aportan respecto a otro tipo de vacunas que se han utilizado hasta ahora. Os explicamos en qué consisten y por qué es imposible que modifiquen nuestro ADN.

Las vacunas entrenan al sistema inmune para que reconozca las amenazas

Empecemos por el principio, el principio de la vacunación: esta estrategia de inmunización de la población ante enfermedades se basa, explicado brevemente, en entrenar al sistema inmune para que reconozca las amenazas, los patógenos que causan esas enfermedades, y así pueda defenderse de ellas.

Para ello, las vacunas introducen en el organismo una versión debilitada e inocua de esos patógenos, obtenida al aplicarles tratamientos térmicos o químicos. Puede ser el propio patógeno atenuado o desactivado o puede ser solo una parte de ese patógeno, una proteína. Es lo que se llama antígeno.

Al hacerlo, el sistema inmune lo reconoce y desarrolla los anticuerpos específicos necesarios para combatirlo y a partir de ese momento recordará cómo defenderse de él. Es lo que se llama inmunidad adquirida, que permite una respuesta rápida y eficiente de las defensas cuando aparece el patógeno activo.

En busca de nuevas vacunas: las vacunas de ARN mensajero

Las vacunas han mejorado de forma innegable la salud pública y la esperanza de vida de la población que tiene acceso a ellas. Pero su producción es compleja y a veces costosa, aparte de que hay enfermedades, como la COVID-19 ahora, o virus como el VIH* desde hace décadas, para los que aún no tenemos una vacuna. Por eso la investigación en este campo continúa y nuevas posibilidades siempre son bienvenidas.

Una de las líneas de investigación más reciente en este campo es el de las llamadas vacunas de ARN mensajero, en las que en vez de introducir en el organismo un patógeno atenuado o una parte de este, se introducen las instrucciones para que sea nuestro propio organismo el que produzca el antígeno (en este caso una proteína) que desencadene la reacción del sistema inmune. Se están investigando posibles vacunas de este tipo para la COVID-19 así como para enfermedades anteriores como la malaria, el VIH e incluso algunos tipos de cáncer.

El ADN, el ARN y la función que cumple cada uno

Demos un paso atrás por un momento para explicar qué es el ADN, qué es el ARN y qué función cumple cada uno.

En cada célula de cada organismo vivo hay una molécula de ADN que contiene la información genética de ese ser vivo. Está compuesta por una serie de cuatro bloques, y esa secuencia da instrucciones para fabricar proteínas. Para que este proceso se lleve a cabo hace falta un intermediario, el ARN, que lleve la información genética del ADN a la maquinaria celular responsable de sintetizar las proteínas.

"Por utilizar una analogía que se entienda, el ADN sería como un libro de recetas en una biblioteca: en él están las recetas almacenadas pero no se utilizan. Los pinches de cocina entonces hacen una copia de una receta concreta (aquí el ARN) y la llevan a la cocina (la maquinaria celular) donde el chef va añadiendo los ingredientes en el orden y cantidades que marca la receta y así hace la tarta (aquí, la proteína)", explican los autores de este artículo publicado en la web de la Universidad de Harvard.

Las vacunas de ARN mensajero se aprovechan de este sistema y en vez de introducir el antígeno, introducen una secuencia de ARN con las instrucciones para producir el antígeno. Una vez que esto ocurre, el resto del proceso de inmunización es igual que en cualquier otra vacuna: el sistema inmune desarrolla los anticuerpos específicos para combatir ese antígeno y a partir de ahí lo recordará por si vuelve a aparecer para poder neutralizarlo.

"El ARN mensajero es una molécula intermediaria entre el núcleo (donde está el ADN) y el citoplasma, fuera del núcleo de la célula, que es donde se fabrican las proteínas. Al utilizar ARN mensajero estas vacunas le están proporcionando a las células las instrucciones para que estas fabriquen proteína S del coronavirus. Nada más. Estas moléculas de ARN mensajero son extraordinariamente lábiles [frágiles], y desaparecen muy rápidamente tras ser usadas para producir proteína S", explica Lluís Montoliu, investigador científico del CSIC y del CIBER de Enfermedades Raras en el Centro Nacional de Biotecnología y presidente del Comité de Ética del CSIC.**

Las ventajas de las vacunas de ARN mensajero

Este tipo de vacunas se consideran prometedoras porque traen consigo varias ventajas que se recogen en este artículo publicado en la revista Nature y que la PGH Foundation de la Universidad de Cambridge resume en:

  • Son seguras: estas vacunas no se hacen con patógenos inactivados ni con partes de esos patógenos, así que no contienen componentes infecciosos.
  • Son eficaces: estudios clínicos preliminares indican que estas vacunas generan una respuesa inmune sólida y que son bien toleradas por individuos sanos, con pocos efectos secundarios.
  • Son más fáciles y baratas de producir: se pueden generar rápidamente en un laboratorio y el proceso es fácilmente escalable y modificable para adaptarse a las necesidades cambiantes de muchos brotes de enfermedades infecciosas.

Las vacunas de ARN mensajero son seguras y no alteran nuestro ADN

Como hemos dicho, las vacunas mensajero de ARN son seguras porque no contienen agentes infecciosos. Pero circulan muchos contenidos, como decíamos al principio, que les adjudican otro supuesto riesgo: el de que modifiquen nuestro ADN causando daños aún desconocidos. Sin embargo, eso no es posible: las vacunas de ARN mensajero no podrían de ninguna forma interferir en la secuencia de ADN de nuestras células.

El motivo es que, a diferencia del ADN que se encuentra en el núcleo de la célula, el ARN se encarga de llevar las instrucciones a la maquinaria celular que se encuentra fuera del núcleo y luego desaparece. "El ARN se administra, se usa y desaparece, se destruye y degrada por la propia célula, y ahí acaba su viaje. Son unas vacunas, las de ARN, que se consumen y desaparecen. Una vez usadas ya no están más ni pueden convertirse en ADN para modificarlo", explica Montoliu. Y para ello, como explican los autores de este artículo publicado en la revista Journal of Immunology Research, "el RNA no necesita entrar en el nucleo durante el proceso y por eso no hay riesgo de que se integre en el genoma".

"Por seguir con la analogía culinaria, modificar el ADN sería como añadir un ingrediente extraño en una receta que ya existe, lo cual podría suponer que el plato resultante sea distinto. Pero inyectar ARN sería como añadir de forma temporal una nueva receta en el libro de cocina sin tocar las que ya tiene el libro, y por tanto no habría cambios inesperados en las recetas previas", explica el mencionado artículo de la Universidad de Harvard.

Primera fecha de publicación: 7 de octubre de 2020.

*Actualización: hemos modificado esta frase para hacer mención al virus del VIH en vez de a la enfermedad del sida, porque es más correcto en este caso, ya que a día de hoy ya existen tratamientos que impiden que las personas infectadas por el VIH desarrollen el sida.

**Actualización: hemos actualizado este artículo para incluir las declaraciones de Lluís Montoliu, investigador y presidente del Comité de Ética del CSIC.

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