Maldita Ciencia
19/06/2020

El vídeo lleno de afirmaciones falsas que relaciona la pandemia de COVID-19 con la vacuna de la gripe

Nos habéis hecho llegar un vídeo donde una mujer (que en un primer momento no se identifica) vincula el virus que causa la COVID-19 con la campaña de vacunación masiva de gripe. Quien habla en él es Sandra Félix, médica experta en estética facial, quien ha reconocido la autoría del mismo en su cuenta personal de Twitter.

Pero no, no hay ninguna evidencia que relacione el SARS-CoV-2 con la vacuna contra la gripe. A continuación os explicamos lo que sabemos.

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Claves:

  • No hay evidencias que relacionen la COVID-19 con la vacuna de la gripe.
  • Sigue habiendo casos graves de COVID-19, pero hemos aprendido a manejarlos mejor.
  • No hay evidencias de que el coronavirus tenga inserciones de ADN de otros virus como el del VIH causante del sida.
  • No hay evidencias de que el virus pueda quedar latente durante meses ni que la transmisión de persona a persona (la única que se conoce) lo debilite.
  • Sí hay cada vez más evidencias sólidas de que las personas asintomáticas pueden contagiar el virus.

No hay evidencia que relacione el coronavirus con la vacuna de la gripe

Por empezar, aclaramos que no existe ninguna evidencia que el virus causante de la COVID-19 esté relacionado con la gripe, ni mucho menos que haya sido inyectado a la población con la campaña de vacunación de la gripe. Aunque la mujer que habla en el vídeo afirme que “el 5% de la vacuna de la gripe estaba contaminada con COVID”, no existe ninguna prueba de ello y no queda claro de dónde saca esta conclusión. Es más: ya explicamos que el único estudio que relacionaba el virus de la gripe con el coronavirus era de muy baja calidad, mientras aquí explicamos la diferencia entre los dos virus.

Pepe Alcamí, virólogo e inmunólogo del Instituto de Salud Carlos III, confirma que es imposible que la vacuna contra la gripe de este año estuviera contaminada. “En todas las vacunas se hace lo que se denomina ‘búsqueda de virus adventicios’, precisamente para estar seguro de que no están contaminadas por otros virus”, aclara. “Al crecerse el virus de la gripe en cultivos inicialmente antes de inactivarlo, hay que estar seguros de que no se ha contaminado en el proceso. Por eso existe detección de material genético de otros virus, para excluir la contaminación”.

Además, añade la maldita Loreto Carmona, reumatóloga y epidemióloga, directora científica del Instituto de Salud Musculoesquelética (InMusc) de Madrid, que nos ha prestado sus superpoderes, “la vacuna antigripal no se produce en base a virus activos, por lo que no puede contagiarte. Simplemente muestra a nuestro organismo partes del genoma de virus inactivas para que nuestras células B desarrollen anticuerpos”. Y recuerda: “Que estés desarrollando anticuerpos frente a un virus no te debilita. De hecho se pueden poner, y se ponen, muchas vacunas juntas. Por ejemplo, cuando viajas a lugares con infecciones endémicas. Todos los estudios han demostrado que lo que más efecto ha tenido en frenar la expansión de la epidemia ha sido el confinamiento. Uno detrás de otro.”

Los casos más graves siguen existiendo, pero hemos aprendido a tratarlos mejor

Una de las primeras afirmaciones que hace la persona en el vídeo es que en el mes de marzo el virus era muy agresivo y que en mayo/junio es un virus que solo causa síntomas más débiles, aunque el virus en sí no haya cambiado. A partir de esta afirmación, esta mujer deduce que la razón es que el virus ha sido “inyectado de forma masiva” a la población a través de la vacuna de la gripe. Pero no hay evidencia de que sea así y este hecho tiene otros motivos.

Sí es cierto que en los países en estadios más avanzado de la pandemia y que han conseguido controlarla gracias a las medidas de confinamiento, se dan ahora, en general, más casos leves de COVID-19, como confirmó el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, en una rueda de prensa del 8 de junio.

Sin embargo, “los casos graves siguen existiendo, y van a UCI y mueren”, como nos confirma Carmona. “Lo que pasa es que también hemos aprendido a tratarlos. De hecho, en cada país se va viendo menor letalidad a medida que pasa el tiempo. Hay más detección y seguimiento, con lo cual se diluye la letalidad entre el número de casos diagnosticados. Eso no significa que haya menos graves, es que se pueden detectar mejor los no graves. Cuestión de denominadores: detectando más casos, la ratio entre casos graves y casos detectados disminuye”.

También Alcamí explica esta aparente disminución de los casos más graves con la superación de la fase más aguda de la pandemia, un llamado “sesgo de selección”: “Cuando la epidemia era un horror, la gente con síntomas leves no iba a los hospitales, tampoco se diagnosticaba porque no se hacían test de PCR suficientes. Es decir, que hace tres meses los pacientes que iban al hospital tenían síntomas moderados/severos y de ellos, sabemos que un 30% requieren apoyo respiratorio sin intubación y un 10% intubación. Ahora se detectan casos leves por PCR y la gente va al hospital con menos síntomas. De 100 personas con síntomas leves, sólo 10 necesitarán ese apoyo respiratorio”.

Los primeros casos de virus se detectaron el 31 de diciembre

Según el vídeo, “ya teníamos el virus aquí en octubre y noviembre”, los meses en los que se empieza la campaña de vacunación antigripal. Esto no es cierto, los primeros casos detectados de coronavirus son del día 31 diciembre 2019, fecha en la que China los comunica a la OMS.

Además, es normal que la campaña de vacunación antigripal se desarrolle en invierno, dice Carmona: “Los virus respiratorios son en general mucho más activos y contagiosos en épocas de frío y húmedas. Y esto coincide con el momento de vacunación de la gripe. En cambio, no hay ninguna evidencia de que la vacuna de la gripe en sí produzca ningún efecto secundario a gran escala, como apunta el vídeo”.

El virus de la COVID-19 no tiene inserciones de otros virus

La mujer que habla en el vídeo también afirma que el virus causante de la COVID-19 “tiene inserciones de otros virus como VIH, herpes y SARS”. Ya que es un coronavirus, el virus SARS-CoV-2 se parece al virus que causó la SARS, pero no tiene nada que ver con los virus del VIH y del herpes.

“Las posibles inserciones de otros virus en el coronavirus es un tema viejo y recurrente”, recuerda Alcamí. “Allá por el mes de febrero, unos autores pre-publicaron un intento de artículo en que decían que habían encontrado secuencias del VIH en las secuencias publicadas del genoma de coronavirus. Lo que se veía era homologías de muy pocas letras, es decir que no codificaban ninguna proteína del VIH. Esto es como si entre dos libros que no tienen nada que ver buscas una serie de 14 letras que sean las mismas, ‘hay que tener en cuenta’ por ejemplo, y concluyes que el autor de un libro ha copiado al otro. Los comentarios al artículo fueron feroces: si te pones, encuentras secuencias del VIH definidas por 8 letras iguales en tus genes, o en el del tomate. Los autores retiraron el pre-artículo que no fue nunca publicado a pesar del ruido que hizo”.

El virus no se queda latente meses, ni la transmisión de persona a persona (la única posible) hace que sea más débil

Según la mujer que habla en el vídeo, la COVID-19 ha tenido más incidencia en ancianos, personal sanitario y algunos deportistas porque estos habrían sido sometidos a vacunación de la gripe. A partir de esto, de la supuesta falsa relación entre virus del herpes y virus SARS-CoV-2, deduce que éste último se haya podido quedar latente en el organismo durante mucho tiempo (al igual que hace el herpes), antes de desencadenarse de repente en una situación de estrés del sistema inmune.

Según ella, esta sería la razón por la que al principio era tan agresivo: había mucho virus que se habría ido acumulando. En la trasmisión de persona a persona que habría ocurrido a partir de entonces, que ella define “natural”, el virus en cambio, siempre según el vídeo, sería mucho más débil.

Ninguna de estas afirmaciones es correcta: ni la vacuna de la gripe está relacionada con el coronavirus, ni el virus se queda latente durante meses, ni la trasmisión de persona a persona hace que el virus sea menos agresivo: al contrario, todos los contagios a partir del primer brote han sido causado por contacto de persona a persona.

Es más. Según Alcamí, “no hay comparación menos afortunada que con el virus del herpes. El herpes es un virus DNA, el coronavirus es un virus RNA; el herpes infecta esencialmente células nerviosas donde se queda latente, el SARS-CoV-2 células epiteliales donde replica hasta que las mata. Los virus RNA con la excepción de los retrovirus -que hacen una copia de ADN- no pueden establecer latencia”, concluye. El virus podría atenuarse, pero para eso ha de incorporar mutaciones significativas que no hemos observado”.

No es verdad que los asintomáticos no pueden transmitir el virus: es justo lo contrario

Otra motivación que utiliza el vídeo para relacionar la COVID-19 con la gripe es que supuestamente las personas asintomáticas o con síntomas leves no contagian, y por lo tanto no habría otra manera para explicar las personas mayores contagiadas en las residencias si no por la vacuna de la gripe.

Esta afirmación también es rotundamente falsa, como ya os contamos aquí y aquí, mientras que aquí desmentimos una cadena de whatsapp que también decía que los asintomáticos no contagian: las personas asintomáticas sí pueden transmitir el coronavirus, hay cada vez más estudios y evidencias que lo confirman, como éste que afirma que justamente este tipo de contagio es el “talón de Aquiles” de la estrategia de contenimiento del virus.

La vacuna sí será una herramienta potente, eficaz y segura para frenar al coronavirus

También se pone en duda que una vez se encuentre una vacuna para protegernos de la COVID-19, esta sea eficaz: “cómo nos va a salvar una vacuna? ¡Si hay que mirar una por una las vacunaciones para saber cuáles son válidas!”, dice.

No hace falta mirarlas una por una: hay un largo mecanismo de control de la vacuna que sirve precisamente para garantir que sean válidas, eficaces y que no causen daños. Aquí explicamos todas las fases de rigurosa investigación por la que tiene que pasar una vacuna antes de ser aprobada, mientras aquí explicamos todas las componentes de la vacuna y por qué no deben asustarnos. Aquí os contamos qué sabemos sobre todas las vacunas que se están estudiando contra la COVID-19.

La vacuna antigripal sí protege un porcentaje importante de personas cada año

Tampoco es cierto que “la vacuna de la gripe no protege” y que “no hay menor incidencia de la gripe”. Como se explica en este artículo elaborado con datos oficiales por la Asociación Española de Pediatría, la vacuna antigripal el año pasado habría prevenido el 11% de hospitalizaciones, el 40% de los ingresos en la UCI y el 38% de las muertes.

“La vacuna de la gripe tiene una efectividad baja, porque se hace en base a cepas que a lo mejor no son las que al final llegan a un determinado país y se trata de virus que mutan mucho. No obstante, consigue reducir el 50% de los contagios. Normalmente no se vacuna más del 20% de la población, sólo la más expuesta o con peor pronóstico si se infecta”, apostilla Carmona.

La curva de contagio no tiene ningún “curso natural”, depende de las medidas tomadas

Otra de las afirmaciones del vídeo es que la curva de contagios no cayó, sino que “hizo su curso natural en un mes y medio o dos”, que según ella sería el periodo de vacunación de la gripe.

Esta afirmación tampoco es cierta. Basta con comparar las curvas de contagios de los distintos países del mundo para ver que la curva se aplana más o menos rápidamente según las medidas de contención que haya tomado cada país.

Ya hemos desmentido que el virus se haya producido en un laboratorio chino o que el dióxido de cloro funcione para curarlo

Tampoco hay evidencias que el virus haya sido producido en un laboratorio chino, como explicamos aquí, ni que el el dióxido de cloro haya funcionado en muchos pacientes (es más, puede ser muy peligroso, como explicamos aquí), ni que no haya virus en las superficies (aquí os contamos todos los estudios sobre la permanencia del virus en las superficies), ni tampoco que deberíamos ir cogiendo esta enfermedad para inmunizarnos (aquí explicamos lo peligros que es hacerlo).

Finalmente, aquí explicamos el peligro para la salud global que genera la desconfianza hacia las vacunas.

Para la redacción de este artículo, nos ha prestado sus superpoderes Loreto Carmona, directora científica del Instituto de Salud Musculoesquelética (InMusc) de Madrid.

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Os estamos contando todos los bulos por los que nos estáis preguntando respecto a la COVID-19 en este recopilatorio. Además, tenemos un especial sobre este tema donde también puedes consultar consejos de prevención y preguntas y respuestas sobre el brote del nuevo coronavirus.

Fact-checkers de 30 países nos hemos unido para luchar contra la ola de desinformación que ha traído consigo el nuevo coronavirus iniciado en China, puedes leer más sobre los desmentidos en este artículo y en este otro del IFCN.

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